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LA CIUDAD DE LAS DAMAS

Alegría Fiscal

Alegría Fiscal

El tema fiscal nunca ha tenido gracia, pero ahora es una juerga. Y hay que disculpar la ligera falta de respeto nunca justificada pero algo explicada por la nefasta gestión que se está haciendo del tema de los impuestos, en una especie de subasta donde cada uno se busca la vida, es decir, los votos, como mejor considera. Lo malo es que tal disparidad en las decisiones tendrá en algunos casos consecuencias nefastas para la ciudadanía que ya está para poca broma.

No resulta muy apetecible estar de acuerdo con un personaje tan «ecléctico», por llamarlo de alguna manera, como Risto Mejide cuando defiende e incluso agradece, la subida de los impuestos. Pero hay realidades que se imponen por sí solas. Va una de reciente publicación: la estancia de una persona afectada por covid tiene un coste de 6000 euros aproximadamente. Si para su desgracia, la persona ha de ingresar en la UVI, el gasto se dispara hasta casi los 19.000 euros. Unas cantidades que si debieran ser abonadas por los afectados o sus familias impondrían un abandono sanitario digno de sociedades superadas hace siglos. Imaginar que en la puerta del Hospital Lluís Alcanyís en las horas más terroríficas de la pandemia se negara la asistencia a cualquiera que lo necesitara, no entra en la mollera de nadie, ni debe hacerlo. Porque la calidad de nuestro Estado del bienestar, de nuestro sistema sanitario es una joya irrenunciable, que existe y subsiste por el esfuerzo solidario que hacemos todos y todas por mantenerlo.

Así pasa con la educación que iguala las posibilidades de futuro más allá de los privilegios o los obstáculos de origen. O con la dependencia, un sistema empeñado en garantizar una atención de calidad a quienes son más vulnerables, que a día de hoy puede tener graves carencias y retrasos en su aplicación pero que supera y mucho la raquítica situación preexistente cuando las familias se hacían cargo en solitario de sus miembros con discapacidad, con enfermedades mentales o simplemente de avanzada edad, sin ayudas ni apoyo de ningún tipo. Así pasa con el transporte público, con los servicios públicos, con la banca pública…. ah, no, que eso no existe.

Desde esta premisa, bajar los impuestos es para la mayoría de la población pegarse un tiro en el pie o incluso en parte más sensible. Doloroso en sus consecuencias y torpe en su concepto, ya que ignorando olímpicamente las enormes diferencias económicas que hoy existen, perjudica a las mayorías y sólo beneficia a las minorías selectas y pudientes que pueden contratar sus seguros médicos o sus planes de jubilación.

El Ayuntamiento de Xàtiva ha decidido en 2023 congelar los impuestos y tasas, que en años anteriores se fueron incrementando igual a todo el mundo, fuera marqués o proletario. Suena bonito aunque resulta insuficiente cuando se descubre que, aunque parezca mentira, hacer que todos paguen lo mismo no tiene nada que ver con la igualdad. Al pagar la misma cantidad por la tasa de la basura, el impuesto de circulación o la matrícula del Conservatorio, no quedan igual de vacíos los bolsillos de familias ya que para algunas el esfuerzo es irrelevante mientras que a otras les complica sustancialmente el fin de mes.

También ha aprobado un recargo del 30% en el IBI para los grandes propietarios que tengan más de una docena de viviendas vacías, medida que quizás se queda algo corta ante las brutales desigualdades que hay que corregir.

La algarabía es grande para que cunda la confusión pero las opciones están claras si se trata de conseguir un país para la mayoría de asalariados y no para una élite privilegiada.

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