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Sin provincia ni juzgado de violencia de género

Xàtiva. Manifestación 25 N y protesta contra el traslado del juzgado de violencia de genero a Alzira PERALES IBORRA

El mito de la decadencia de Xàtiva cobra de nuevo vida en plena conmemoración del bicentenario de la capitalidad. No hay forma de que en la capital de la Costera arraiguen servicios jurídicos supracomarcales. Después de la creación de una Casa de la Dona reforzada con el Centre Rural, y sentar las bases para consolidar un tribunal de violencia de género, por decisiones de coyuntura política, éste se traslada por decreto a Alzira, que tiene menos preparación y experiencia para poder prestar tan delicado servicio. La creación de la provincia y el deslocalizado tribunal van a compartir una frustrada historia, de nacer para morir en un tiempo récord. Al que añadiremos, entre ambos, otra víctima más, como fue la revocación de la Audiencia de lo Criminal de los juzgados de Xàtiva, allá por finales del siglo XIX.

No sabemos si la respuesta a tan drástica decisión viene dada por otra triste noticia que se ha producido para seguir amargando la celebración de la provincia efímera. Xàtiva decrece como nunca. A falta de conocer el saldo migratorio, el crecimiento natural es negativo. Se cerró el 2021 con más muertes que nacimientos. Sin población, ni grupos de presión, la capacidad de lucha de la ciudad está muy mermada en estos tiempos globalizadores, donde el modelo de estado de bienestar viene a hacer aguas, sustituido por el de la rentabilidad económica. Reducción de costes, densidad demográfica y votos mandan más que el criterio de la solidaridad o de la vertebración del territorio para luchar contra el vaciado de las comarcas del interior. Sin población, ni setabenses de peso en las altas instancias, poco podemos hacer.

En diciembre de 1822, la Europa reaccionaria firmó en el Congreso de Viena la sentencia de muerte de la provincia de Xàtiva, cuyo destino iba unido a la deposición del general Riego. De nuevo, Francia se encargaría de alterar la vida política y de enviar un ejército para restablecer el trono y la tradición. Mientras tanto, Xàtiva viviría el sueño de ser cabeza de un inmenso territorio que abarcó desde Cofrentes hasta Dénia, y que tuvo bajo su dirección poblaciones como Alcoi, Gandia y Alzira, que hoy nos superan en población, crecimiento económico y servicios. Si se hubiera mantenido la capitalidad, hoy disfrutaríamos de tribunales de violencia de género y tendríamos un enorme palacio de justicia, como el que se proyecta en Santa Clara, aunque visto el panorama, creemos que le sobrará mucho espacio.

Cabe decir que no es la primera vez que Xàtiva sufre una amputación de servicios jurídicos por dictámenes políticos. Peor fue en 1883, cuando la ciudad decidió situar en el convento de Sant Agustí un palacio de justicia ampliado con la concesión de una Audiencia de lo Criminal que centralizase los partidos judiciales de Albaida, Alberic, Alzira, Aiora, Enguera y Gandia. Tras gran esfuerzo económico del Colegio de Abogados por acondicionar el desamortizado convento y situar su prisión en el Cuartel Nuevo, hoy desparecido, y que se alzaba en lo que hoy se conoce como el centro médico de especialidades de la plaza Españoleto, un Real Decreto suspendió al poco tiempo su funcionamiento, al suprimir todos los juzgados de lo penal que se situaban fuera de las capitales de provincia. El disfrute de la capitalidad fue tan efímero como el de tener tribunales de lo penal, como ahora, el de perder los de la violencia de género.

En el bicentenario que hoy celebramos, Xàtiva se esforzó muchísimo en preparar las infraestructuras necesarias para poder ser capital. Tras la corta visita del general Riego, convirtió la Casa de Alarcón en la residencia oficial de los gobernadores de la provincia, y la Casa de la Enseñanza se transformó en sede de la Diputación, lugar donde se reunirían sus diputados y se situarían las oficinas del gobierno civil, y acondicionarían sus cuarteles para acantonar tropas regulares y a la milicia encargada de defender la constitución.

El 17 de mayo comenzaría a funcionar políticamente la Diputación de Xàtiva, y sobre julio se realizarían las primeras reuniones de los diputados provinciales. Aunque la ciudad sería capital política que no religiosa. La Santa Sede se negó a firmar la bula para convertir la capital de la Costera en obispado. A pesar de todo, no todos los setabenses estuvieron contentos con la proclamación de Xàtiva como capital de provincia. Los altercados en la Plaça del Mercat fueron constantes entre los partidarios de una Xàtiva absolutista sin nueva división provincial, que deseaban el predominio de Fernando VII sobre la constitución, que no al revés. El clima de inestabilidad entre realistas y constitucionalistas fue en aumento y la provincia se enfrentó a una situación de guerra continua, que llevó al gobernador a utilizar un lenguaje claramente belicista para imponer la facción liberal, en el que decretaba la persecución de todo aquel que «ose separarse de la senda constitucional», bajo el ultimátum de «constitución o muerte».

De nuevo Xàtiva perdería la guerra, otra más. Dejó de ser provincia cuando las tropas realistas con apoyo del ejército francés entraron en Xàtiva, el 18 de junio. Una de sus primeras medidas fue reponer el ayuntamiento anterior al 1 de marzo de 1820, y después represión e incautación de todos los bienes de la Diputación. Suponemos que estos días, el bicentenario vendrá a conmemorar el principio de una historia feliz con trágico final. 1823 fue el año de la guerra y la lenta desaparición de la Diputación provincial. 1822, el del inicio del sueño que acabó en pesadilla.

Tras la provincia efímera, décadas más tarde, el Ministerio de Justicia le concedió a Xàtiva una Audiencia de lo Criminal, y tras un tiempo de funcionamiento, otra orden la revocó porque este servicio debía estar centralizado entorno a las capitales de provincia. Hoy, curiosamente, la historia se repite de nuevo. Casa de les Dones, Centre Rural, inicio de funcionamiento del juzgado, compra de Santa Clara, para como antaño se hizo con el ex convento de Sant Agustí, poder tener un palacio de justicia digno, y de repente una orden deslocaliza el tribunal de violencia de género. Lo que cuesta muchísimo de construir, se revoca de repente. Otra perdida más, que nos hace pensar si la eterna decadencia de Xàtiva es un mito o una realidad.

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