Un salvavidas en la Costera para los migrantes sin techo de València

La asociación Avsa consigue la integración sociolaboral en el mundo rural de decenas de personas sin papeles y sin techo a quienes brinda refugio y apoyo formativo en una granja de Vallada y en diversas casas y centros de acogida de Xàtiva y Aielo

Lamine Driouss llegó a València en 2008 procedente de Senegal. Como carpintero, estaba convencido de que le sería fácil encontrar trabajo para ayudar a su familia a salir adelante, pero se topó con la cruda realidad. Lo siguiente fueron unos años "muy duros": experimentó el hambre, el frío de dormir en un cajero, las penurias de ganarse la vida como mantero, acosado por la policía, y la impotencia de ver morir a su madre a 3.000 kilómetros de distancia sin poder ayudarla con las medicinas. También hizo de peón en el campo y no le pagaron por no tener papeles.

Su vida comenzó a cambiar en 2016, cuando cogió un metro hasta Beneixida y acudió a pedir ayuda a un cura llamado Jesús Belda, que le dio ropa, comida y un refugio seguro en una granja de Vallada gestionada por la Asociación Valenciana de Solidaridad con África (Avsa) donde convivió con otros migrantes subsaharianos. Allí aprendió a cultivar la huerta al estilo valenciano, aprendió español e hizo sus primeros pinitos en el ámbito de la construcción. Llegaron ofertas de empleo algo más dignas, trabajó cuatro años "muy duros" en la industria de la 'vareta' de Aielo de Malferit y, diez años después de su llegada a España, consiguió regularizar su situación. Ahora tiene un empleo fijo en una fábrica de cartón donde por primera vez se siente a gusto y ha podido traer al pueblo a su mujer y a su hijo, que juega como portero en el Foios.

Lamine es uno de los 50 migrantes que han regularizado su situación y encontrado trabajo y un hogar estable en Aielo gracias a la ayuda de voluntarios de Avsa como Empar y Paco. El delegado de la entidad con sede en Xàtiva, Joan Bou, señala este dato como un ejemplo de integración en una comunidad a pequeña escala donde se ha logrado canalizar el fenómeno migratorio para contribuir a revitalizar la economía local, que precisa de mano de obra. "En València no tenía dinero para desplazarme, en un pueblo tienes más ayuda y no cuesta tanto la vida", resume Lamine.

La Asociación Valenciana de Solidaridad con África (AVSA) hunde sus raíces en el asentamiento de migrantes sin hogar situado debajo el puente de Campanar, donde el misionero de Vallada Jesús Belda comenzó a principios de siglo a desplegar una incansable labor humanitaria alojando en su parroquia de Burjassot a medio centenar de "sin papeles" diarios para los que la administración ofrecía como respuesta el desalojo y desmantelamiento de sus campamentos. Una realidad que ha vuelto a ponerse de manifiesto en los últimos días en València.

22 años más tarde, Avsa ha conseguido desplegar una red de refugios seguros en distintos pueblos de la Costera y la Vall d'Albaida que brinda apoyo y herramientas de formación para favorecer la autonomía y la integración sociolaboral a un nutrido grupo de personas -principalmente de origen subsahariano- que malvivían como gorrillas o manteros en las calles de València, muchos de ellos sin un techo donde dormir, a la espera de poder regularizar su estancia en España.

La asociación, con más de un centenar de socios y 80 voluntarios, dispone de viviendas y centros de acogida en Xàtiva, Aielo de Malferit, Benicalap y Vallada, donde también gestiona la Graja de l'Ombria, que funciona como espacio de integración y punto de encuentro con actividades de todo tipo y visitas de colegios e institutos. "Nunca voy a olvidar lo que Avsa hizo por mí, si no fuera por ellos no hubiera podido salir adelante", explica Lamine, que se ha hecho voluntario del colectivo para ayudar a otros que atraviesan un calvario similar al suyo y da charlas a alumnos de institutos para visibilizar la problemática y vacunar contra la xenofobia.

Joan Bou denuncia las trabas a las que se enfrentan los migrantes con necesidad de trabajar mientras en las zonas rurales y la España vaciada "hay escasez de habitantes y de mano de obra". "Los pequeños empresarios y los agricultores demandan trabajadores, pero el proceso para obtener los papeles es muy largo y complejo", incide. La asociación ha logrado regularizar la situación del 95% de las personas acogidas desde 2007, con permisos de un año que se van renovando. "Todos se han integrado, algunos consiguen traer a la familia y no hay problemas de convivencia. En nuestras casas conviven cristianos, musulmanes y evangélicos. Y funciona", expone Bou.

Los voluntarios también gestionan un cooperativa de trabajo asociado con bancales y una tienda en el mercado de Xàtiva que facilita la inserción de los migrantes mediante el aprendizaje de los cultivos tradicionales de la huerta valenciana. Los alimentos son destinados al comercio de proximidad. La experiencia ha despertado interés en otras comunidades como Galicia o Andalucía.

La labor de Avsa ha dado recientemente un salto cualitativo mediante la concertación de 16 plazas de acogida en tres de sus viviendas con la Conselleria de Servicios Sociales. Este nuevo régimen responde a las demandas del colectivo para simplificar trámites burocráticos, agilizar la gestión y planificar a más largo plazo la atención de los migrantes. "El concierto da estabilidad, dignifica la atención del fenómeno migratorio y permite que tengamos a más profesionales contratados. Antes el tiempo de acogida estaba limitado a seis meses; ahora hemos conseguido que puedan estar un año como normal general y prolongarlo hasta 18 meses", apunta el delegado de Avsa en Xàtiva.

"El planteamiento actual es asistencialista, cruel y muy poco eficiente", denuncia Joan Bou, delegado de Avsa en Xàtiva

Aun así, este señala que "hay flecos que hay que ajustar y cosas que mejorar", como la falta de celeridad en las transferencias de fondos. "El planteamiento actual es asistencialista, cruel y muy poco eficiente, porque supone desperdiciar recursos económicos y humanos. En muchos casos, los migrantes vuelven a la calle sin tener las herramientas básicas para que su inclusión sea posible, teniendo en cuenta que para la regularización se exigen tres años de empadronamiento y mucha documentación y la administración no cumple los plazos burocráticos", expone Bou.

El papel de Avsa va mucho más allá de dar un lugar donde dormir y atender las necesidades básicas de los migrantes. "Necesitan un proceso de acompañamiento. Son personas con problemas psicológicos por la vida que arrastran que necesitan dominar el lenguaje, conocer la cultura y las costumbres y una formación laboral", recalca el profesional, con una dilatada experiencia en el ámbito de la solidaridad.

Las personas cobijadas por la asociación reciben clases de lengua castellana y valenciana y aprenden algo de matemáticas o de historia, a través de un programa en colaboración con Escoles Solidàries. También desarrollan habilidades para trabajar la tierra de forma eficiente o sobre construcción. "Según el país de origen los perfiles son muy diferentes, pero las personas que atendemos vienen con un nivel académico muy bajo, no han estado escolarizados en muchos casos y muchos son analfabetos", subraya Bou.

La entidad solidaria ha conseguido la inserción del 95 % de las personas acogidas desde 2007

Avsa tiene una lista de espera de gente que acude pidiendo auxilio en base a una confianza recíproca, "no de vigilancia, sospecha y control". En ese sentido, el delegado de la entidad en Xàtiva echa en falta "mecanismos ágiles" para que las personas acogidas vengan derivadas por los servicios territoriales de la conselleria, que se nutren de las demandas de los servicios sociales municipales. Este mecanismo, sin embargo, apenas se pone en marcha y adolece de muchas deficiencias, la primera de ella "que el migrante sepa que tiene que ir al ayuntamiento y que los servicios municipales tengan capacidad para hacer un diagnóstico, resolverlo y enviarlo a la conselleria".

La falta de competencias digitales o el bajo nivel sociocultural y económico de los peticionarios supone un abismo a la hora de efectuar cualquier trámite con la administración, lo que les aboca a la exclusión. "Hay que tomar conciencia de estas disfunciones y ayudar a que los recursos se gestionen con la mayor eficiencia posible", reflexiona Bou.

Para el delegado de Avsa, el fenómeno migratorio debería afrontarse con otra mirada "por humanidad, demografía y economía" porque las situaciones de exclusión que se registran "son una bomba de relojería". "Cada vez vienen más migrantes jugándose la vida y si no se va a la raiz del problema solo va a ir a peor", ahonda.