OPINIÓN | DIMARTS MERCAT

La marea educativa por una escuela plural

"Ya está bien de jugar con la educación y con la lengua que cada día se levanta un poco más reivindicativa por mucho que les pese a quienes la desconocen y la desprecian"

La huelga educativa en València, en imágenes

La huelga educativa en València, en imágenes / Daniel Tortajada

Vicent Soriano

Una vez más, desde la Plaza de referencia de Sant Agustí, una marea de gente del mundo de la educación se concentró en contra de la nueva ley que vuelve a dar un paso atrás en las libertades educativas tanto para profesores como para madres, padres, y alumnos. De nuevo un desprecio a la lengua: el president y consellers no saben lo que es eso porque ellos dominan como nadie el español. Un solo distrito que será segregador, y mil y una zancadillas, vuelven a levantar en pie de guerra a quienes han venido luchando (y siguen haciéndolo) por una escuela plural e inclusiva que a los responsables del nuevo gobierno les debe sonar a copla y a «vuelva usted mañana que hoy tenemos corrida de toros».

Esa marea de gente me arrastró con ellos hasta la Plaza de l’Ajuntament, esa que en algunos momentos fue bautizada como la plaza roja de Ribó, y ahora se les cae la baba al ver como miles de personas pasean cada día por ella, ocupando centenares de pisos turísticos ilegales. Si dejan cuatro años más al de Compromís, logra hacer pagar el IBI a la todopoderosa iglesia valenciana y hasta a la Geperudeta, que Dios la tenga en su gloria.

Que eso, que estuve metido de lleno en la reivindicación, horas antes de que el nuevo Consell anunciase la anulación de 5.000 plazas de docentes para el próximo curso. Más madera. En el mismo panorama donde se conoce que el conseller de educación, con un presunto currículum inmaculado, ni tiene doctorado ni está inmaculado. Vamos, que la cultura del esfuerzo ni la conoce, pero tiene la potestad de aprobar unas leyes en plan chulete matón de tres al cuarto. Me arrastraba la marea y, si quieres arroz Catalina, tengo dos tazas para ti. Entre toro y toro y cuando ya íbamos por el sexto de la tarde, otro chulete, en este caso inculto, desinformado e impresentable donde los haya, de esos que iban a Burgos a comprarse el coche hace años para así lucir el BU en la matricula como si se tratase de Burriana, prohíbe lo que desconoce. Es tan corto que censura para la biblioteca las películas «20.000 especies de abejas» añadiéndole «submarinas» al nombre, y luego hace lo propio con Barbie, que debe ponerle cachondo ese rosa chillón y las piernas de la protagonista y eso no es bueno para el personal que luego se envalentona y sacan banderas LGTBI y símbolos de libertad. Añade que quien quiera ver esas películas que vaya a Netflix, que cómo se nota que él estuvo abonado a la plataforma con el Playboy incluido. Nada, una promoción que pilló a finales de año para nuevos clientes.

Y la marea educativa sigue adelante por las mismas calles por donde corríamos delante de los grises huyendo de sus porras traicioneras. Los muy cobardes, se escondían en las bocacalles preparados para atacar al personal cuando llegasen.

Ahora no, ahora se impone la paciencia y el sentido común, junto a la reivindicación masiva de que ya está bien de jugar con la educación y con la lengua que cada día se levanta un poco más reivindicativa por mucho que les pese a quienes la desconocen y la desprecian. Desde «la escoleta del Trenet» donde acude Marc, que cuando le pregunto si yo puedo ir a su clase me dice «tu ja eres massa major», hasta el Rodríguez Fornos que acoge a Pau, o el Taquígrafo Martí de Ona y Eva. Hasta «cigroneta» todavía sin nombre y dentro de su madre dice que es hora de seguir alzando la voz para que nuestras raíces sigan intactas y hagan crecer un mundo más solidario y reivindicativo. No es momento de agachar la cabeza sino de levantarla, firmemente sabedores que queda camino que recorrer y cada día saldrán piedras que trataran de impedir cada paso, pero eso no sucederá. «Perquè tot està per fer, però tot és posible avui».

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