Tapizados Soler baja la persiana en Xàtiva después de seis décadas y media de actividad

La firma abrió sus puertas en la capital de la Costera en 1959 y el actual responsable se jubilará después del verano

Se suma a la lista de «empresas de toda la vida» que cierran por falta de relevo generacional, entre otros factores

Cierre por jubilación de Tapizados Soler de Xàtiva

Cierre por jubilación de Tapizados Soler de Xàtiva / Perales Iborra

Es un goteo constante. El comercio tradicional, las «empresas del toda la vida», se ven abocadas al cierre por muchos factores. La falta de un relevo en el seno familiar, las dificultades para sobrevivir mes tras mes y un cambio en los usos tradicionales de compra son algunas de las causas. Tapizados Soler, radicada en Xàtiva desde 1959, bajará la persiana después del verano si nadie se hace cargo del negocio. En el acceso principal, un cartel de «se traspasa» aventura el final. Quedan meses, pero la situación es clara. La decisión está tomada.

Tapizados Soler cierra en Xàtiva por la jubilación de su responsable

Agustí Perales Iborra

Vicent Ramón Soler es el actual dueño de la firma. Ayer atendió a Levante-EMV y explicó que representa a la segunda generación de la empresa familiar: «Mi padre abrió en 1959 en otro sitio y en los años 80 nos trasladamos al actual emplazamiento en la calle Abu Masaifa. He puesto en cartel de ‘se traspasa’ y, si nadie se interesa, cerraré a finales de verano». 

«De momento, nadie se ha hecho el ánimo. No tengo llamadas. El local es mío, tendré que ver qué hago. En la tienda tengo los muestrarios y en la parte de atrás el taller donde transformo los pedidos. Hoy por hoy estoy solo, pero en los buenos años hemos llegado a tener cinco personas contratadas», expuso.

Cuestionado por cómo ha cambiado el negocio con los años, Soler expuso que «todo tiene una evolución, las necesidades de la gente no son las mismas. Yo, por ejemplo tengo clientes de toda la vida y muchos son repetidores. Se da el caso de una persona que vienen a que le tapice un sillón y luego me pide un toldo, por ejemplo. Con el tiempo hemos ido diversificando nuestra cartera de servicios. De la tapicería solo es difícil vivir hoy en día», apuntó.

Los muestrarios pueblan la parte de la tienda, junto con una máquina de coser —que ya no usa— y algunos recuerdos, como una vieja factura que le llevó un taxista: «Pone 1970 y está en pesetas. Me hizo ilusión cuando me la dieron y la enmarqué». 

Xàtiva, pueblo de tapiceros

A su vez, el titular del negocio también explicó que «Xàtiva, en su momento, fue un pueblo de tapiceros. Yo lo sé por historias de mi padre. Habían fábricas de autobuses, por ejemplo, y había que transformar entero un vehículo de esas dimensiones. Son tiempos que yo no he conocido». 

También explicó que el trabajo que él ha realizado no se aprende de un día para otro: «Tiene un componente artesanal. La persona que viene con un mueble para renovarlo lo hace por su valor económico o sentimental. Hay gente que te trae ‘el sillón del abuelo’ o las sillas de la dote de sus padres, por ejemplo». «Esto no se aprende en un día, necesitas un proceso. Si trabajo en un sillón lo hago por primera vez, hay que adaptarse, todo conlleva un aprendizaje. No tengo plantillas, no es algo que se fabrique en serie», expuso. «Mis hijos tienen otros trabajos y mis clientes se han enterado y me está entrando mucha faena. Me estoy viendo obligado a decir que no a algunos encargos», apostilló.