OPINIÓN | Dimarts Mercat
No queremos quedar como tontos
"Al menos no hará falta colocar ninguna valla que saltar cuando la gente pasee por el Bellveret"

Bancos en el Bellveret de Xàtiva. / LEVANTE-EMV

Cuando el rencor deja paso a la indignación significa que hay algo que no funciona. Cuando te levantas a beber tres vasos de agua seguidos para calmar no solo la sed sino la rabia contenida de darte cuenta que te toman el pelo descaradamente ofreciéndote bocadillos de calamares a la romana, cuando en el fondo son a la marrana. Cuando escuchas con los oídos limpios e inmaculados aquello de que nos está gobernando un equipo de gente ilegítima, vuelves a entrar a la ducha para rematar la poca cera que te quedaba a la entrada. O sea, nos gobiernan ilegítimamente y al mismo tiempo se pacta un acuerdo para que la derecha y la extrema (o sea, los mismos que visten y calzan) acuerden entre trago y trago decidir qué tipejo será el que nos mande, después de que el miserable de Mazón haya salido por la puerta de atrás, pero, con los bolsillos llenos de pasta gansa de todos los valencianos, por delante y despreciando a las víctimas de la DANA.
¿Poca vergüenza? Sería muy benévolo diciéndolo de esta forma, pero es que se han agotado los calificativos para un president miserable que pasará el testigo a alguien de su calaña. Perdón, impondrán a alguien. ¿Por casualidad no será esa una acción ilegítima? ¿Los negacionistas de todo van a decidir? ¿Los derechistas enfermos de elecciones generales tienen miedo ahora a elecciones autonómicas? El PP se calificaba de partido de Estado. Vaya broma y ganas de fastidiarle a uno la tarde de chocolate con churros. Vaya jungla de sillones por repartir. El torero puede ser el juez sin parte de esta comedia donde los perdedores seremos los valencianos y valencianas.
Y es que siempre perdemos, se mire por donde se mire y nos engañan miserablemente sin ningún pudor. Miren ustedes por donde nuestro queridísimo Abad de la Colegiata, Arturo Climent Bonafé, que ahora muestra sus sotanas en la catedral de Valencia, inmatriculó los terrenos del Bellveret con premeditación y alevosía a nombre de la Iglesia, vamos, una jugarreta habitual de los servidores del Señor para seguir enriqueciendo su patrimonio. Climent Bonafé ya era conocido por sus andanzas particulares y personalistas. A un servidor le vetó cuando dirigía la revista LA CIUTAT y se atrevió a decir y publicar en su Aleluya que no se adquiriese la publicación, para obligar a cerrarla. Algo me suena con eso de obligar a cerrar y destruir, pero a nivel local. Hubo más historias que quedan guardaditas en el baúl de los recuerdos.
Ahora, el alcalde Roger Cerdà y el abad actual Víctor Camilo Bardisa se sientan a firmar un nuevo convenio por el cual los terrenos del Bellveret vuelven a ser de titularidad municipal. El alcalde ¿agradece? la predisposición del arzobispado con esta decisión de devolver lo que no era suyo. No sé yo si esta explicación puede contentar a todo el mundo, por cuanto devolver lo que no es de uno lo que hace es aliviar las conciencias de quien lo quitó. Al menos no hará falta colocar ninguna valla que saltar cuando la gente pasee por el Bellveret. Así que gracias de todas formas, porque ser agradecidos es de bien nacidos y aquí lo somos un montón; pero no queremos quedar como tontos, que para eso ya tenemos otros momentos y circunstancias. Que pena!!!
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