Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Dimarts mercat

Allí donde las calles respiran libertad

"Es tiempo de regalos, pero también de reivindicaciones y homenajes, como se merecen ese entresijos de calles viejas y antiguas que piden a gritos salir del pozo del olvido"

Un hombre pasea al perro por una calle del casco antiguo de Xàtiva.

Un hombre pasea al perro por una calle del casco antiguo de Xàtiva. / Perales Iborra

Vicent Soriano

Vicent Soriano

Xàtiva

Hace algunos años publiqué en este mismo periódico una columna de opinión en la sección de «El convidat de hui» donde escribía sobre algunas características del casco antiguo de Xàtiva que ya no sé si habían marcado mi infancia y adolescencia, o tal vez habían quedado grabadas en mi mente para siempre y para señalar mi futuro. Ya sabemos que las cosas que quedan grabadas permanecen, ahí, en ese misterioso lugar que no conocemos pero que nos señala constantemente quienes somos y de donde venimos.

He recuperado gran parte de aquel artículo y me lo vuelvo a regalar en vísperas de navidades para gusto de compartir con todos aquellos que tengan la delicadeza de hacerlo. Es tiempo de regalos, pero también de reivindicaciones y homenajes, como se merecen ese entresijo de calles viejas y antiguas que piden a gritos salir del pozo del olvido. El regalo es para todos (me digo a mí mismo), aunque habrá grupos que volverán a olvidar que también existe vida más allá de la Albereda, guapa y cuidada hasta la saciedad, pero que no sirve para tener un núcleo histórico como se merece. En fin, lo volvemos a intentar.

Dijo una vez el exministro Josep Maria Maravall que «pasear por Xàtiva es revivir el mito del mundo». Tenía razón, pero yo cerraré un poco el círculo, sobre algunas calles del casco antiguo de Xàtiva, allí donde los guapos todavía utilizaban Varon Dandy para perfumarse, Gillette de las buenas para rasurar la barba —de esas que las dejas caer, te cortan el dedo y ni te enteras— disfrutaban del vino tinto en vena, y hacían fiesta con el cambio de sexo en la «folia» sin disimulo alguno. Y donde «Mujeres» (aquel labrador de la calle de Sant Josep que era capaz de decir mil palabras malsonantes en menos de un minuto y que tenía ese mote), daba un «buenas noches» al principio de la calle Ardiaca, para no tener que repetirlo en cada casa por la que pasaba y se encontraba con algunas parejas intentando hacer lo posible para tocar el pezón de una teta a su pareja o la bragueta del novio furtivo. No se revivió el mito del mundo pero hubo jamón. Y del bueno.

En esa parte del casco antiguo nunca ha existido un protocolo que ordene y mande las cosas a hacer. Allí las cosas se han hecho siempre por instinto de supervivencia, desde el paso de los caballos de Vicente Sanpedro, hasta el pavimentar en los años 60 vigilado por la noche por los vecinos, y pagando cada uno lo que le tocaba. No existían todavía las contribuciones especiales, pero tener de repente el agua corriente dentro de casa en los grifos, era el tesoro más grande del mundo. Además, agua sin restos de plomo. Porque allí los guapos eran tan chulos y presumidos que incluso estaban orgullosos de sus motes: Chona, Herbasser, Tarzana, Balaguera, Mort, Caliu, Chellana, Mariu, Guarda, Susa.... y nadie conocía al personaje si no los acompañaban con el mote. Ahora sí. Ahora todo estaba más claro. ¿Y por qué hablamos de jamón dulce y no de jabugo?. Simplemente, porque el jabugo se ha quedado en la Alameda, allí donde terminan las murallas que cierran la ciudad, mientras las calles a las que me refiero del casco antiguo, todavía esperan una respuesta de reafirmación de su identidad. Incluso no llegan ni cartas certificadas ni ordinarias en verano. Son los olvidados. Y, sin embargo, allí están los orígenes de nuestra vida, la verdadera libertad corriendo calle arriba, calle abajo. Ya va siendo hora de reconocer su papel fundamental en la Xàtiva actual. Aunque sea jamón dulce con perfume de Varon Dandy y trajes comprados a raya.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents