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OPINIÓN | Biblioteca de familias

La Cabalgata de Reyes Magos de 1925 en Xàtiva

"Hubo un tiempo que la fiesta era una iniciativa de la sociedad civil, subvencionada por aportaciones económicas de particulares, y el altruismo de cientos de voluntarios, donde no se delegaba en empresas privadas"

Cabalgata de Reyes Magos esperando su salida desde Sant Feliu.

Cabalgata de Reyes Magos esperando su salida desde Sant Feliu.

Salvador Catalá

Salvador Catalá

Xàtiva

Hubo un tiempo que la Cabalgata de los Reyes Magos era una iniciativa de la sociedad civil, subvencionada por aportaciones económicas de particulares, y el altruismo de cientos de voluntarios, donde no se delegaba en empresas privadas. Un tiempo en que la solidaridad hacía que se trabajase todos los años para recaudar fondos en pro de la Fiesta de los Reyes Magos, o de los Niños, como se la conocía, con el objeto de que los púberes más pobres, tuviesen la alegría de poder tener un regalo llegado desde el mismísimo Oriente. En aquel 1925, Sus Majestades bajaron desde el Castillo para repartir regalos, y no caramelos, a bordo de briosos corceles, y no sentados en carrozas.

Un siglo ya, de aquellas imaginativas cabalgatas que despertaban el fervor entre niños y mayores, ante la llegada de los tres Reyes Magos, y no dejaban al público congregado estupefacto, como en las actuales, y no por la recreación de la visita real a Belén, sino pensando más bien el público congregado, que más que dar la bienvenida a sus Majestades, se la estaba dando a un espectáculo de la Warner o de Marvel. Recordaremos hoy alguna de aquellas efímeras cabalgatas que alegraron tanto a los niños en las gélidas tardes y noches del seis de enero.

En 1925, los Reyes entraron a Xàtiva bajando por la carretera del castillo, y todo gracias a Bernardo Igual, propietario de la fortificación, cuya generosidad había permitido mejorar la accesibilidad al recinto amurallado con la construcción de una pista que permitiese llegar al casco urbano en tan solo seis minutos, a bordo de un auto. Pero los Monarcas de Oriente eran tradicionales, y no deseaban vehículos a motor, porque circularían a caballo. El arranque de la cabalgata fue amenizado con fuegos artificiales lanzados desde el Bellveret y la torre más alta del castillo, para avisar a la multitud de que despejase el camino de bajada, y aclamase a los reyes desde los márgenes de la recientemente estrenada vía.

Apoteósica fue la entrada al casco urbano por la plaça del Trinquet, con traca de bienvenida, y los acordes del Himno Nacional, interpretado por las dos bandas de música de Xàtiva: la Nova y la Vella, y es que la dictadura de Primo de Rivera, buscaba cualquier momento para reafirmar el espíritu nacional, o para hacer entender a los Reyes viajeros, que pisaban suelo español.

Flanqueados por heraldos portadores de estandartes, rodeados de cornetas y tambores, los Reyes aparecieron tras una carroza que portaba una enorme estrella de Belén, hoy desaparecida, y tras ella, los reyes de Oriente, con pajes de Irán, Arabia o Etiopía, nada de elfos, gnomos, duendes, y personajes de cuentos infantiles, o anacrónicas batucadas, que nada tienen que ver con la magia de Oriente. Primero desfilaba Melchor, el monarca persa, que contaba en Irán con lujosos palacios llenos de regalos. Luego Gaspar, rey árabe, nacido entre el incienso y la mirra, que portaba desde sus bazares de la Meca algún dromedario cargado de regalos. Y, por último, Baltasar, el rey etíope que, con sus esclavos negros venidos del Sudán, repartía cantidades ingentes de juguetes. Tras los Reyes, seguía la carroza del Árbol de Noé, cargada de farolillos y juguetes, cerrando el desfile los músicos del regimiento Otumba.

Se contó con ingente cantidad de voluntarios para formar parte del cortejo real, y se pidió la colaboración de los vecinos. Participarían decorando los balcones de las calles con motivos navideños, y si era posible, lanzando flores ante el paso de una comitiva, que se detuvo en la Plaça de l’Espanyoleto, donde se había levantado una tribuna con tres improvisados tronos, desde donde los Reyes saludarían al público congregado, tras hacer estallar una traca. Tras el pertinente saludo, emprendieron rumbo hacia la Beneficencia, con el objetivo de obsequiar con un aguinaldo a los asilados. El dinero repartido entre los más necesitados salía de la subasta de un cuadro de Tudela, y de la recaudación de alguna que otra función benéfica.

Bonos a canjear por juguetes

Tras el reparto caritativo, la comitiva deshizo camino, para volver después a la plaza del Españoleto, por las calles de plaça la Seu, Peris, Montcada y la Bassa. Ante la estatua de Ribera, tomaron asiento en sus tronos colocados sobre la efímera tribuna levantada para la ocasión, desde donde iniciaron el reparto de regalos. Previamente, habían sido distribuidos entre los niños de Xàtiva, 1500 bonos, repartidos por la Alcaldía, la Comisión Organizadora, la Conferencia de San Vicente de Paul, y el Sindicato de la Aguja, para intercambiarlo por su regalo.

De esta forma, en el momento de la nueva aparición de los Reyes, la Comisión organizadora había conseguido formar una ordenada y kilométrica cola que, rodeando la estatua de Ribera, cruzaba la plaça de la Merced, y se perdía por la Illeta de Sant Miquel. Centenares de niños esperarían pacientemente el momento para subir al entarimado real, y mostrar su bono al rey preferido, que se lo canjearía por un juguete. El acto se desarrolló en dos horas, de siete a nueve de la noche, y fue amenizado por las bandas de música, y se consiguió que los niños desfilaran disciplinadamente ante los reyes, subiendo por una escalera, y bajando por otra, evitando así imprevisibles aglomeraciones.

Aquella espectacular y original forma de celebrar la llegada de los Reyes Magos fue harto efímera, y murió apenas nacida. Unos tres años duró. Suponemos que la razón fue bien sencilla. Implicaba una logística, y apoyo de voluntarios, que no se podían convocar altruísticamente todos los años, ni la generosidad popular funcionó siempre para comprar cientos de juguetes. Un siglo después, al contrario que antaño, se pagará a empresas privadas, con el objeto de recuperar algo de aquella efímera vistosidad, acorde suponemos con la fiesta que se está celebrando. Esperemos que no sea un espectáculo infantil más, y sí una verdadera cabalgata de Reyes Magos Lo podremos comprobar muy pronto.

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