OPINIÓN | Dimarts Mercat
Ponga un hospital y una seño en su vida
"Cabrearse por el proyecto de un hospital, para ver quien lo hace más bonito y más efectivo, es un cabreo que no conduce a nada. (...) Que haya listas de espera, que los pacientes se amontonen en los pasillos, que la sanidad sea un desastre y semejantes calificativos, no es de importancia vital"

Imagen del interior del hospital de Ontinyent, en una visita institucional. / Perales Iborra

Y luego se extrañan, y se tiran las manos a la cabeza, cuando algunos listillos (o sea todos) intentan apropiarse mediante jugarretas más o menos limpias de proyectos e iniciativas que ni fueron suyas ni las conocieron hasta ese momento. Pero de ahí, a montar un cirio Pascual con aquello de “me has quitado lo que más quería aunque nunca fuese mío” hay un buen trecho y una buena confrontación de saber quien manda, quien domina el cotarro, quien rige en las leyes provinciales y comarcales, y como se reparten el pastel de crema y nata, sabiendo que el cocinero es aquel chiquillo majete y simpático que tuvo una mala experiencia, experiencias como las que un día sí y otras también venimos respirando totalmente viciadas, por orden y señal de jueces fachotes llegados de las cloacas, que se entretienen jugando a repartir injusticias sin que nadie les llame al orden, aunque el desorden es tan evidente que se nos sonroja la cara al verlo y comentarlo.
Y luego se extrañan que desde la capital de la Vall d’Albaida se intenten apropiar de un proyecto (ojo, que es un proyecto y nada más) por el que los socialistas de la época Ximo Puig crearon, bendijeron y apostaron. Un maravilloso hospital que pensaron que era de ellos, y de propiedades privadas ya estamos un poco hartos. Muy bien, que chulo queda el plano encima de la mesa. Pues nada, salimos anunciando que todo será realidad gracias a nosotros, y de paso recogemos por el camino a 3 o 4 alcaldes insatisfechos y 8 concejales que no cumplieron las expectativas, y ya tenemos la ampliación del cupo para lanzar la caña de pescar. Si además contamos con la inestimable ayuda (que cada uno recoja y analice la palabra como mejor le venga) del despacho de la institución provincial, con placas en la puerta, poder institucional desconocido hasta ahora y tratamiento de muy ilustrísima, pues ya tenemos el puzle casi completo. Hay que ver como se amplia el poder con un solo voto, con una sola fuerza, que domina la gran potencia de la provincia.
Así son las cosas y ya saben por estas lides quien tiene que morder el polvo y quien presenta las credenciales de un poder que nunca pensaron tener, pero ahora que lo prueban mezclado con agua y hierbas al gusto de cada uno, se sorprenden de cómo los millones se convierten en fuerza y respeto. Cabrearse por el proyecto de un hospital, para ver quien lo hace más bonito y más efectivo, es un cabreo que no conduce a nada. Se trata simplemente de esperar y que corra el tiempo, para darse cuenta de que probablemente vengan otras esperas más desconocidas. Que haya listas de espera, que los pacientes se amontonen en los pasillos, que la sanidad sea un desastre y semejantes calificativos, no es de importancia vital, ya que eso entra dentro de los planes de la política de plazos.
Colegios, instalaciones sociales y culturales, carreteras…son ejemplos de proyectos que se alargan en el tiempo y no pasa nada, y ya que estamos en las esperas, doblamos el presupuesto. Así que no hay que enfadarse, que luego vendrá la seño y nos quitará lo prometido. Que eso lo saben bien por aquí, y seguro que también lo sabría el gran notario periodístico de la Vall, Josep Antoni Mollá, que desde que nos dejó andamos un poco perdidos. Un fuerte abrazo estés donde estés.
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