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La calzada ibérica que quedó sepultada con premura por las obras de un parking en Xàtiva

La arqueóloga Reyes Borredà lamenta que en 2008 no se pudiera estudiar a fondo el hallazgo de la plaza Sant Jaume en una ponencia para la Uned en la que desgranó las vías de comunicación abiertas en las comarcas centrales desde la Prehistoria hasta los romanos

Trabajos en la plaza Sant Jaume de Xàtiva tras el hallazgo de una calzada ibérica, en 2008.

Trabajos en la plaza Sant Jaume de Xàtiva tras el hallazgo de una calzada ibérica, en 2008. / Perales Iborra

Salvador Catalá

Salvador Catalá

Xàtiva

El pasado miércoles se inauguró en la Casa de la Cultura de Xàtiva el ciclo de conferencias organizado por la UNED, con la colaboración de l ayuntamiento de la ciudad, dedicado a analizar la influencia de las vías de comunicación en la transformación del territorio.

El ciclo se inició con la ponencia "Caminos de Tierra" a cargo de la arqueóloga Reyes Borredà, que analizó las vías de comunicación abiertas en las comarcas centrales desde la Prehistoria hasta la llegada de los romanos.

Fiel defensora de la arqueología del paisaje, Borredà argumentó la necesidad de caminos accesibles como elementos indispensables previos a la creación de núcleos habitados, por ser vías que ayudan a la movilidad, la reproducción social y el comercio, lugares de paso y temporal asentamiento, de accesible orografía, y bien cercanos a puntos de agua, siendo la Vall del Canyoles, con sus 55 kilómetros, un espacio ideal, plagado de yacimientos, que dan testimonio de la importancia de estas tierras a caballo entre el Macizo del Caroig y la Serra Grossa, como una ruta natural estratégica para el tránsito de los primeros homínidos, entre las estribaciones de los Sistemas Béticos e Ibérico.

La Cova Negra, enclavada en l’Estret de les Aigües, fue un gran ejemplo de ello durante los tiempos del Paleolítico Medio, un temporal asentamiento del homo de Neandertal, accesible, con abundante agua y caza, desde donde establecer un campamento para abastecerse de sílex, y permitir la reproducción de la especie, y ocupar nuevos territorios. Para el Paleolítico Superior, con la llegada al último estado evolutivo del proceso de hominización, el Sapiens ocupó la Cova de los Mosseguellos, en Vallada, donde se ha localizado una aguja, símbolo de la llegada del Neolítico, introducido por pueblos colonizadores procedentes del Mediterráneo Occidental, que comerciaban con cerámica cardial.

En opinión de la arqueóloga, fruto de este uso de caminos, y del comercio, llegó a la Costera la agricultura y ganadería propia del Neolítico, en un lento proceso de aculturización donde se abandonaron progresivamente las cuevas, utilizadas ahora como espacios de enterramiento y refugio, siendo ejemplos de ello la Cova Santa en la Font de la Figuera, o el Barranc de Fondo, en Novetlé. La Costera se erigió en un lugar de paso y de penetración de las nuevas corrientes neolíticas.

A juicio de Borredà, la Font de la Figuera se convirtió en punto de entrada y difusión del Neolítico, y allí se localizó un importante yacimiento de la Edad del Bronce, l’Altet del Palau. El trabajo de los metales se fue extendiendo por la comarca con poblados en Canals o l’Estret de les Aigües. Y, a partir, del Segundo Milenio, la accesibilidad de los caminos prehistóricos permitió la entrada de los fenicios, y con el comercio del hierro, aquel pueblo aportó un gran estímulo cultural a los poblados del Bronce, que adoptaron la viña, el olivo, el torno, la casa cuadrangular, y la incineración, lo que permitió el nacimiento de la civilización íbera, que creó ya las primeras ciudades importantes, preocupadas por la creación de caminos, como mejor forma de controlar el territorio, de la que fue claro ejemplo, el nacimiento de la antigua Saiti, como capital de la Contestania.

Los íberos, grandes vertebradores del territorio

Reyes Borredà argumentó que fueron los íberos los grandes vertebradores del territorio valenciano, los que construyeron grandes caminos, con el objetivo de facilitar el aprovisionamiento de ciudades, que facilitasen las relaciones comerciales, y estableciesen áreas de influencia más allá de sus murallas. Como gran ejemplo de aquellas vías de penetración, puso el yacimiento de Castellar de la Meca en Ayora, donde los caminos abren en canal la difícil orografía, y también recordó con pesar el descubrimiento de estas obras de ingeniería en el subsuelo setabense durante los trabajos para la construcción de un parking en el subsuelo de la plaza de Sant Jaume, y que nunca fueron preservados.

La premura por reanudar las obras impidió a Borredà estudiar el yacimiento con profundidad, y sólo pudo documentar 28 metros excavados en forma de trinchera, para facilitar el tránsito de carros, y que fue abandonado, según sus cálculos, hacia el siglo I a.c, gracias a los restos de materiales cerámicos encontrados. Una vía que no fue aprovechada por los romanos, que trazaron la vía Augusta por otro lado, a pesar de que casi siempre reaprovecharon y mejoraron las obras de ingeniería realizadas por los íberos, que, al contrario que los latinos, nunca empedraron sus vías de comunicación.

El ciclo de conferencias de la UNED-Xàtiva continuará a lo largo de las próximas semanas. El miércoles 21 de enero, intervendrá el geógrafo José Rafael Pérez, con la ponencia "Caminos de Piedra", mientras que, una semana más tarde, el emérito archivero de Xàtiva, Isaïes Blesa, disertará sobre los "Caminos de Hierro". Todas las ponencias tendrán lugar en la Casa de la Cultura.

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