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Así fue la llegada del ferrocarril a Xàtiva: de la crisis a la modernización imparable

Isaïes Blesa cierra el ciclo de conferencias sobre vías de comunicación y territorio con un análisis del contexto histórico que permitió abrir el primer camino de hierro en territorio valenciano: la línea del Grao de Valencia Xàtiva

La actual estación de trenes de Xàtiva.

La actual estación de trenes de Xàtiva. / Perales Iborra

Salvador Catalá

Salvador Catalá

Xàtiva

La UNED de Xàtiva cerró el pasado miércoles el ciclo de conferencias sobre vías de comunicación y territorio con la ponencia del emérito profesor y Archivero de Xàtiva, Isaïes Blesa. Tras los caminos de los íberos, las calzadas romanas, y las mejoras en la vertebración del territorio por carretera durante el siglo XVIII, llegó el turno a la apertura de las líneas de ferrocarril a mediados del siglo XIX.

El ponente se centró en el análisis del contexto histórico que permitió abrir el primer camino de hierro en territorio valenciano, como fue la línea del Grao de Valencia Xàtiva, inaugurada en diciembre de 1854.

Isaïes Blesa apuntó que la llegada del ferrocarril a Xàtiva se realizó en un contexto de crisis. Sólo un mes antes de la obertura de la línea, la ciudad había puesto fin a una epidemia de cólera, y vivía en una situación de pérdida demográfica, con una industria escasa, exceso predominio agrícola, y un presupuesto municipal deficitario, donde el único punto favorable para abrir el tercer camino de hierro de la geografía nacional, era su privilegiada ubicación estratégica, siendo la capital de la Costera, el camino más fácil para llegar a Madrid, desde el puerto de Valencia.

Postuló el ponente que aquel interés por el ferrocarril respondía a la voluntad de una naciente burguesía, que imbuida del liberalismo, necesitaba de las desamortizaciones y del libre comercio, para seguir acabando con la estructuras del Antiguo Régimen, e impulsara ya la economía bajo el nuevo paradigma del capitalismo. Defendió el ponente que los nuevos prohombres defensores del nuevo sistema, no se agruparon en partidos políticos entendidos como hoy en día, sino en tendencias, una más moderada y otra más progresista, que buscaron apoyos sociales, pero siempre evitando revoluciones.

Así aquellos emprendedores burgueses lucharon por hacerse con las concesiones para trazar las líneas de ferrocarril en el contexto del triunfo político del progresismo, que por pronunciamiento militar, impuso en España, durante un corto período de tiempo, un Bienio Progresista, de 1854 a 1856, dedicado a ultimar las desamortizaciones, e impulsar las vías férreas, como motor de un nuevo orden, a través de una Ley General de Ferrocarriles.

Los capitalistas José Campo y Gaspar Dotres lucharon por hacerse con la construcción de la línea Grao de Valencia-Xàtiva. Ganó el primero, de tendencia más moderada, y financió la empresa a través de la Sociedad Valenciana de Fomento. Se inauguró el 21 de diciembre de 1854, con la publicación de un “álbum poético de la terminación del ferrocarril del Grao de Valencia a Játiva”, donde se escribieron numerosas composiciones líricas para glorificar a la empresa, al marqués de Campo, y la ciudad de Xàtiva.

Una nueva Xàtiva

Apuntó el ponente que la llegada del ferrocarril también tuvo voces discordantes, como los tartaneros de la ciudad y los que habían sufrido expropiaciones de tierras. Pero pronto, los contrarios se adaptaron a la nueva coyuntura, y el ferrocarril se convirtió en vertebrador del crecimiento urbano, y más cuando la primera estación se abandonó pronto, para dejar paso a la actual, que marcó la apertura de una nueva vía, la Bajada de la Estación, que, junto a la Alameda, se convirtieron en los dos ejes que marcaron el nacimiento de la nueva Xàtiva, de un núcleo urbano, que nunca contó con un proyecto de ensanche, y que tuvo como referencia de crecimiento aquellas avenidas, fuera del perímetro amurallado, lo que llevó al progresivo derrumbe de unos lienzos que ya no tuvieron sentido para una ciudad moderna.

Fruto de ello se adaptó también como nuevo sistema de iluminación urbano, el petróleo, el gas y la electricidad, que acompañaron a la Xàtiva en su camino hacia el progreso, al igual que la deslocalización del cementerio de Sant Feliu a su enclave actual. La modernización de Xàtiva ya fue imparable, a pesar del regreso de los moderados al poder en 1856.

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