Biblioteca de familias
Ernesto Sanz y la catástrofe ferroviaria de Ontinyent de 1922
El doctor Ernesto Sanz, médico en la línea de Alcoy, recibió la Cruz Civil de Beneficencia por su labor tras el accidente de tren en Ontinyent en 1922, donde atendió a numerosos heridos

La desgracia se produjo la noche del 22 de diciembre de 1922 / Levante-EMV
Salvador Català
La reciente catástrofe ferroviaria de Adamuz con sus 45 víctimas mortales, y decenas de heridos, nos hacen rememorar otros episodios recientes de accidentes de trenes donde se unen el infortunio, la fatalidad y las negligencias en el mantenimiento de los caminos de hierro, que llevan a evitables tragedias, donde lo único positivo de tanta desgracia, es la solidaridad desatada en la pequeña localidad cordobesa, donde todo un pueblo acudió a socorrer a los accidentados. Salvando las distancias históricas, y la magnitud de la tragedia, algo similar ocurrió en la estación de Ontinyent hace ya más de un siglo.
A principios del siglo XX, la revolución de los transportes impulsada por el desarrollo del ferrocarril y la aparición de los vehículos a motor, engrosaron las estadísticas ocasionadas por la mortalidad catastrófica, con la aparición de los accidentes en el desplazamiento de pasajeros, que llevó indirectamente a muchos médicos de familia, a convertirse también en médicos de urgencias, como le pasó al doctor Ernesto Sanz, que tuvo atender a muchos de los accidentados, no sabemos si en el Santo Hospital de Ontinyent, o en el de Xàtiva, dirigido entonces por el doctor Ochoa.
La desgracia se produjo la noche del 22 de diciembre de 1922. Un tren militar con cerca de 500 pasajeros entre oficiales y soldados viajaba hacia Alcoy. Venían de unas maniobras de varios días en Chiva. Al llegar a la estación de Ontinyent se comprobó que una de las máquinas no funcionaba correctamente. Se decidió partir el convoy militar en dos. Una mitad continuaría, al menos hasta llegar a la estación de Agres, y la otra se quedaría esperando.
La fatalidad o la negligencia provocaron que en el momento de arrancar la primera parte del convoy patinara sobre los raíles y golpeara la parte trasera. Se rompieron las cuñas de piedra que se habían puesto para inmovilizar el tren y éste inició un descenso vertiginoso hacia la estación de Ontinyent donde chocó contra una locomotora. La fotos de las consecuencias de la colisión fueron portada en la prensa nacional con el siguiente pie de página: “Restos del tren militar que conducía de Valencia á Alcoy á los batallones del Regimiento de Vizcaya, que habían estado efectuando ejercicios, y que desprendido de las locomotoras en una rápida pendiente se precipitó sobre otro tren de mercancías que se encontraba en la vía muerta de la estación de Onteniente, destrozándose casi todos los coches y ocasionando la muerte del teniente coronel Sr. Cañamaque, el oficial Sr. Villanueva, nueve soldados y heridas de gravedad a otros cuantos de los ocupantes”.
La catástrofe desató una ola de solidaridad en ayuda de los accidentados que tuvo su reconocimiento tiempo después. Por esta actuación de los vecinos y vecinas de la ciudad, dos años después, el rey Alfonso XIII otorgaría a Ontinyent el título de Muy Caritativa, y al médico setabense Ernesto Sanz, la Cruz Civil de Beneficencia. Una distinción civil que tenía por objeto recompensar actuaciones o servicios considerados extraordinarios realizados en el transcurso de calamidades públicas Fue creada el 17 de mayo de 1856, durante el reinado de Isabel II, siendo sustituida por la Orden Civil de la Solidaridad Social el 17 de abril de 1989.
Del mayúsculo reconocimiento al doctor Sanz, se haría eco la prensa local de Xàtiva, “con satisfacción hemos leído en la prensa valenciana, la concesión de la Cruz de Beneficiencia a nuestro particular amigo D.Ernesto Sanz Roselló, por sus servicios prestados como médico en la línea de Alcoy y puesto de Onteniente en el año 1922. Reciba hoy el Dr.Sanz nuestra enhorabuena más cumplida. Así es como se hace carrera y se hace patria. El Dr.Ernesto se desvive por el cumplimiento de su deber profesional, cuya conducta digna de todo encomio, merece nuestra efusiva felicitación”.

La desgracia se produjo la noche del 22 de diciembre de 1922 / Levante-EMV
Suponemos que aquella buena actuación, le llevó a prosperar profesionalmente y ser nombrado director del Hospital de la Seo de Xàtiva, para cubrir la vacante creada tras la muerte en 1923, del veterano galeno Antonio Ochoa Arau, a su vez sustituto de Francisco Blasco Soto. Llegado don Ernesto a Xàtiva como médico de familia, se convirtió casi sin quererlo, en cirujano de urgencias, de las catástrofes ferroviarias. Pongamos dos ejemplos, de la prensa de la época: “a las dos de la mañana de ayer ingresó en el hospital municipal, Vicente Serrano Molina, de 35 años, natural de Novelé, de oficio carretero, el cual al llegar al paso a nivel de la carretera de Alcira al puerto de la Olleria, en el sitio denominado de la Marca, fue arrollado por un tren de mercancías. Resultó con fractura de la pierna izquierda por el tercio inferior y la fractura del tercio medio del fémur del mismo lado. El médico Sanz Roselló procedió a la amputación de la pierna, pero la fuerte hemorragia y el lastimoso estado del paciente hizo ineficaces los avances de la ciencia falleciendo a las cinco de la tarde” .
Meses después, interviene con mayor éxito en otra operación de urgencias, que moviliza a todo el cuadro médico del doctor Sanz “…Ramón Terol Alonso, 59 años, peón de la Estación del Norte, encontrándose limpiando los cristales de un vagón, montado sobre una pequeña escalera, tuvo la desgracia de sufrir un pequeño vaído, cayendo en el suelo, colocando el brazo en el rail mientras que unos vagones en maniobra movieron el antedicho coche, destrozándole el brazo. Conducido al hospital fue atendido por el doctor Sanz, y los jóvenes doctores señores Ubeda y Ballester, ayudados por el practicante Sr Bellver con el parte siguiente. Destrucción total mano izquierda con amputación del tercer medio del antebrazo. El enfermo evoluciona en buen estado”. Al menos en esta ocasión, pudieron salvarle la vida al accidentado.
Pero aquellas catástrofes no fueron nada, ante la peor que le esperaba, al doctor Sanz y su equipo médico, la del bombardeo de la estación de Xàtiva durante la Guerra Civil, en la que Ernesto, volvió a tener contacto con la vecina Ontinyent, al verse obligado a derivar heridos al hospital de sangre allí improvisado, que tanto ayudó para dar cobertura sanitaria a las víctimas de aquella negligente e innecesaria operación bélica. Pasados los años, don Ernesto no ha recibido más que la represión y el olvido, por su labor de atención al accidentado. Sólo Salvador Úbeda, miembro de su equipo médico, ha tenido como premio a su trabajo, una calle dedicada en Xàtiva.
- Un ciberataque paraliza durante dos días al gigante valenciano de los zumos
- Las obras del AVE en València sacan una necrópolis islámica, una alquería y un parapeto de la Guerra del Francés
- Perfumerías Prieto notifica a sus clientes que cierra sus tiendas el 31 de marzo
- Los servicios sociales localizan a 15 personas en el asentamiento de chabolas de Mestalla
- Se entrega a la Guardia Civil el hombre que ha matado a tiros a su vecino en Catarroja
- Demandan al Ayuntamiento de València por permitir 'discotecas falleras' en un edificio residencial
- Una generación 'disfrutona' y un emprendedor de Albacete, detrás del éxito del tardeo en València
- La Guardia Civil busca a un hombre por matar a otro a tiros en Catarroja