El fenómeno literario que rescata la figura de un escritor de Enguera fusilado
El pueblo ficticio donde se desarrolla la narración de 'La península de las casas vacías' dedica una calle a Manuel Ciges Aparicio: periodista, literato y gobernador civil de Ávila que dedicó su oficio a denunciar las injusticias y fue juzgado después de muerto

A la izquierda, David Uclés. A la derecha, Manuel Ciges Aparicio. / Pau Gracia/Levante-EMV

'La península de las casas vacías' (Siruela, 2024) es el mayor fenómeno literario reciente en España. Con más de 300.000 ejemplares vendidos y múltiples ediciones, esta novela de 700 páginas aborda la Guerra Civil española fusionando realismo mágico con acontecimientos y personajes históricos. Su autor, el ganador del Premio Nadal David Uclés, se ha situado en el centro del debate público por su negativa a participar en unas jornadas sobre la contienda fratricida organizadas por Arturo Pérez-Reverte bajo el título "La guerra que todos perdimos".
Más allá del controvertido enfoque del evento, de lo que no cabe duda es de que el golpe de Estado de los militares sublevados privó a España de numerosos intelectuales y literatos talentosos. La figura de uno de ellos, el enguerino Manuel Ciges Aparicio, se asoma entre las páginas del exitoso libro de Uclés, que rescata en parte su legado, poco conocido para las nuevas generaciones.
La referencia aparece en un momento de la narración en el que unos violentos milicianos con ganas de venganza han irrumpido en Jándula, el pueblo ficticio de Jaén inspirado en Quesada en el que se desarrolla la mayor parte de la acción. Un vecino indica a los recién llegados dónde pueden encontrar a Odisto, el personaje principal de la novela: su casa se encuentra en la calle Manuel Ciges Aparicio. Cuándo el miliciano pregunta a qué personaje corresponde este nombre, el vecino le contesta que fue escritor y gobernador civil de Ávila, amigo personal del presidente de la II República, Manuel Azaña, fusilado sin juicio previo por un grupo de falangistas en agosto de 1936 en las inmediaciones de un cementerio. "¿Y ya lo habéis honrado con una calle? Este pueblo es oro", contesta el visitante, teniendo en cuenta el poco tiempo transcurrido desde el suceso.

Manuel Ciges Aparicio. / Vida socialista
Manuel Ciges también tiene una calle y un premio de narrativa con su nombre en su pueblo de origen, Enguera, donde nació en 1873. También le dedica una vía Quesada, el pueblo jienense en el que se inspira Jándula. Periodista de raza y escritor fiel a sus convicciones, el compromiso político de Ciges (era militante de Izquierda Republicana) le llevó a denunciar las injusticias que sufría la gente humilde y a asumir el puesto de gobernador civil, primero en las Islas Baleres, después en Santander y más tarde en Ávila, donde le sorprendió la sublevación militar.
Juzgado después de muerto
Ciges estaba casado con Consuelo Martínez Ruiz, hermana del celébre Azorín. Tuvo cuatro hijos, entre ellos el actor Luis Ciges, especialmente conocido por sus papeles en las películas de Berlanga y fallecido en 2002. El escritor desplegó una extensa trayectoria en el ámbito del periodismo republicano: pasó por numerosas cabeceras de prensa que alternó con varios periodos de exilio en Francia por sus críticas al régimen de la Restauración. También fue condenado a cuatro años de cárcel tras ser acusado de traición por criticar la actuación del general Valeriano Weyler en la guerra de Cuba en un artículo que ni siquiera llegó a ver la luz. Coetáneo de los escritores de la generación del 98, sus libros destilaban un fuerte contenido social crítico con la realidad. En sus novelas quiso reflejar la España real y rural, empobrecida y miserable. En su juventud, combatió en el ejército, donde alcanzó el grado de general.
Tras ser fusilado, el régimen franquista siguió persiguiendo al escritor, puesto que el Juzgado número 3 del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo (TERMC) abrió diversos procedimientos relacionados con el republicano para investigar si este había sido masón. Los expedientes se prolongaron hasta dos décadas después de su asesinato, como reveló un estudio de Virgilio Tortosa, profesor de la Universidad de Alicante y autor de 'M. Ciges Aparicio y la masonería: juzgado después de asesinado' (Alfons el Magnànim, 2022).
Durante la larga dictadura, la figura del enguerino fue condenada al ostracismo. Sus restos permanecen hasta el día de hoy en alguna fosa común no identificada.
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