Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

OPINIÓN

Bad Bunny y la quema de la rojigualda

"Por mucho que uno pueda considerar desacertada la acción, nada justifica el cruel linchamiento, las amenazas y el ensañamiento hacia sus protagonistas"

La bandera quemada en Chella.

La bandera quemada en Chella. / Levante-EMV

Sergio Gómez

Sergio Gómez

Xàtiva

En el vídeo aparecen un grupo de jóvenes disfrazadas de monja en un bar. En medio de un ambiente festivo y carnavalesco, prenden fuego a un banderín de mano con los colores y el escudo de la rojigualda, mientras cantan el himno regional. Podría tratarse de una jocosa escena sacada de una película de Berlanga o de una sátira fallera, pero no: las protagonistas de esta historia han sido denunciadas ante la Policía Nacional y la viralización de las imágenes ha desatado una cacería especialmente salvaje contra una de ellas, hija del alcalde socialista del pueblo donde se grabaron.

Sí, el “ultraje” a los símbolos nacionales es un delito que vulnera la Constitución y el desconocimiento de las leyes no exime de su cumplimiento. Pero por mucho que uno pueda considerar desacertada esta acción, nada justifica la crueldad y el ensañamiento público que hemos visto estos días. Lo mismo da que la chica haya mostrado su arrepentimiento. Quienes la han lanzado a la hoguera -muchos de ellos se dirán católicos- ya la han juzgado y condenado.

Los matones de colegio han salido de sus oscuras cuevas para insultar, vejar y amenazar a la susodicha, amparados por el aura de impunidad que ofrecen las redes sociales. Ella ha tenido que cerrar sus cuentas por el acoso recibido. Se han difundido sus datos personales. La fe en la humanidad se resquebraja repasando los vomitivos comentarios que le dedican. “Mira a ver si se mete el mechero en un pezón”. “Que tengan cuidado de no encontrarse conmigo”. “Al paredón”. Son algunas de las innumerables lindezas que escriben los ofendidos salvapatrias que, atrapados en su propia ceguera ideológica, se apresuran en deshumanizar al adversario tirando de testosterona. Ha hecho bien el PP local en condenar las amenazas.

El objetivo es político y en el camino todo vale. No es casualidad que determinadas cuentas de la órbita ultra hayan puesto deliberadamente el foco en la “hija de”. ¿Siguen siendo los padres responsables de las acciones de sus retoños cuando estos ya rozan la treintena? ¿Los padres conservadores no producen (muy a menudo) hijos progres y viceversa?

Si por algo ha emocionado tanto a medio mundo lo de Bad Bunny es por su capacidad para comunicar ante millones de personas un mensaje tan sencillo y aparentemente cursi y naif como necesario en los tiempos que corren. Allí donde vence el odio hacia el diferente, la crueldad y el sadismo social, Benito Antonio Martínez Ocasio ha reivindicado la empatía, el sentimiento de pertenencia y la igualdad. No es nada revolucionario. Son valores vinculados al humanismo clásico que, sin embargo, se ven arrinconados por quienes quieren destruirlo todo para construir una sociedad de muros, donde los símbolos y las fronteras importan más que las personas.

Tracking Pixel Contents