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Cárcel y destierro: la doble condena del escultor de Xàtiva José Aragonés

El autor rescata aspectos inéditos de la vida del artista setabense y reconstruye su juicio tras la Guerra Civil en el marco del XVII Memorial de Víctimas Bombardeo

El escultor José Aragonés Saborit.

El escultor José Aragonés Saborit. / S.C.

Salvador Catalá

Salvador Catalá

Xàtiva

Los historiadores estamos de enhorabuena. Por fin se han abierto los archivos militares para poder estudiar “los juicios sumarísimos” que el ejército de ocupación, como así se autodenominaba el bando franquista, aplicó tan pronto acabó la Guerra Civil. Ayer se presentó en el XVII Memorial de Víctimas Bombardeo el juicio que se le hizo al escultor local de Xàtiva José Aragonés Saborit, después de pasar por el campo de concentración de Portacoeli, la Modelo de València, y la prisión de Xàtiva

Hace unos años, y gracias al editorial Ulleye, se pudo recuperar la biografía de un joven artista que pensó que la República podía ser la mejor forma de hacer llegar la democracia a España, después de 8 años de dictadura, con el general Primo de Rivera. Leyeron todos los artículos de aquel amante de las Bellas Artes, con un fuerte talante Intelectual, que durante los años de la primera juventud, antes de llegar a los treinta, escribió en El Progreso, Izquierda, Revista Ecléctica, Unidad Antifascista, y reconstruimos su vida y la evolución de su pensamiento determinado por el duro contexto de los años treinta del siglo XX, en una sociedad que abrazaba las ideas totalitarias de extrema derecha e izquierda. Pero tuvimos el problema de dejar en blanco 15 años de su vida, desde los 33 hasta los 48, al desaparecer el joven escultor del mapa.

La ley de Memoria del 2022, y el gran trabajo de digitalización y divulgación llevado a cabo por el Ministerio de Defensa, ha permitido, por fin, después de 87 años, poder escribir esta página en blanco, y explicar por qué aquel filósofo de la cultura perdió la libertad durante un decenio y medio de su vida.

Defensa de la democracia social

Jose Aragonés nació en Xàtiva el 1907. Hijo de un camarero que fundó el café Español en la calle Pi, tuvo 14 hermanos, de los cuales sobrevivieron cuatro. Su juventud estuvo determinada por varios hechos que le hicieron defender la democracia social. El suicidio de una madre nacida para parir y criar. Por la escuela de Carchano, gracias al cual conoció los rudimentos del dibujo, que le permitieron ingresar en la Facultad de Bellas Artes de València. Por la muerte del compañero y artista Jaime Lajara, que no tenía dinero para tratarse la tuberculosis. Por hacer la mili en el Marruecos, donde conocerá al ejército africanista, y por su compañera de vida, Patrocinio Camús, que le acompañó en todas sus luchas, entre ellas hacer llegar a España la República, la cual les decepcionó profundamente, desde el momento en que hizo uso de la violencia para reprimir a los jornaleros con hambre de tierra.

José Aragonés con su pareja, Patrocinio.

José Aragonés con su pareja, Patrocinio. / S.C.

Demócrata y promotor de la cultura, Aragonés se convierte un artista antifascista, para hacer frente al ejército de ocupación. Aparca sus ideales pacifistas, se hace comunista, y acude a la Batalla del Ebro, para huir de una Xàtiva donde ni el Comité ni el Consejo han respetado la vida de muchos civiles simpatizantes de los fascistas sublevados contra la República. El objetivo prioritario es ganar la guerra. Pero Aragonés cae en el bando de los perdedores.

La incertidumbre del juicio

Del campo de concentración de prisioneros republicanos de Portacoeli pasa a la Modelo de València, y volvió a Xàtiva el mayo de 1940, donde tiene que esperar juicio. La Guardia Civil dispone una gran cantidad de pruebas que demuestran que Aragonés era un individuo “marxista”, incluso antes de la guerra. Llega a Xàtiva en el peor momento. Juicios rápidos, que acababan con fusilamiento en el paredón. Con tiro de gracia, y cuerpo lanzado a una fosa común. Aragonés sufría de un gran estrés, al pensar que el próximo fusilado sería él. El sufrimiento y la incertidumbre de un juicio que nunca llegaba, le superaba, dibujando como buen escultor. Haciendo retratos, entre otros, de la gente que lo ayudaba, de su hermano, Rafael, y del amigo Antonio Latorre, de los pocos que lo defendieron ante las delaciones de otros. Su arte era la única forma posible de demostrar el profundo agradecimiento que sentía.

Anuncio de una exposición de Aragonés.

Anuncio de una exposición de Aragonés en Zaragoza. / S.C.

Llegó el día del juicio y el fiscal presentó las pruebas acusatorias: escritos, cargos en guerra, y testigos. En el primer caso, se presentaron decenas de artículos de los diarios donde había colaborado, antes y después de la guerra, con las frases más ofensivas contra la iglesia y el ejército subrayadas: que si la Iglesia Católica era una “asociación internacional de farsantes poseedora de los tesoros más fabulosos de la tierra”, que si “los generales franquistas eran cerriles y analfabetos, entregaban su patria a los invasores extranjeros” o calificativos del Alzamiento Nacional como la “cobarde sublevación fascista del 18 de julio”.

En cuanto a los cargos ejercidos, se presentó documentación sobre su trabajo como secretario y propaganda del Comité Provincial de València de Socorro Rojo Internacional, de su participación en el Consejo de Jovino Fernández, como representante del Partido Comunista, y haber sido responsable del semanario “Unidad Antifascista: órgano del comité comunista comarcal de Xàtiva y defensor del frente Popular”.

De los testigos n contra podemos destacar el del alcalde de Xàtiva, que lo consideró “como elemento peligroso para la Santa Causa, indigno de todo aprecio y consideración pública”, o de otro escultor, amigo hasta aquel momento, que “lo considera un individuo peligrosísimo para el régimen”. De los testimonios a favor destaca el de Antonio Latorre, por ser un hombre de derechas, con muchos familiares asesinados por los “rojos”, que manifestó que "a pesar de la propaganda que hacía, no lo consideraba peligroso para la causa nacional, puesto que esta propaganda la haría si hiciera falta en favor de la Falange por ese intento de figurar”.

José Aragonés Saborit.

José Aragonés Saborit. / S.C.

La Fiscalía pidió para José Aragonés 20 años de prisión por un “delito de adhesión a la Rebelión”, y el abogado defensor, 6 años de prisión porque “sólo está probado que fue un excitador de la causa roja por circunstancias del momento…”.La sentencia salió el 25 de agosto de 1942. Aragonés fue condenado a 15 años de reclusión menor, la cual se le quedaba reducida a 12, porque llevaba encarcelado a la espera de juicio, desde el 3 de junio de 1939

Cinco años después, a 1947, la Prisión celular de València emitió un certificado de “liberación condicional con destierro”, que permitió a Aragonés salir de la prisión por buen comportamiento, y acabar su pena bien lejos de Xàtiva, en Zaragoza. Un destierro que él aceptó y allí vivió hasta mediados de los años 50. El 30 de mayo de 1954, le llegó la liquidación del tiempo de condena con el “licenciamiento del penado”. En seguida volvió a Xàtiva, para recuperar su vida como escultor. Pero ya nada sería como antes.

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