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Una buena fotografía en color

La entrada a Xàtiva "tiene su punto fuerte en un artificial Portal del Lleó" y "una mole de pisos" que han "encerrado la vista panorámica del Castillo"

Entrada a Xàtiva, en una imagen de archivo.

Entrada a Xàtiva, en una imagen de archivo. / Perales Iborra

Vicent Soriano

Vicent Soriano

Xàtiva

He aquí a los amantes, fotografía en color y deberíamos ir juntando estrofas y versos hasta componer toda una canción de amor y rabia al mismo tiempo. Amor y desamor en una fotografía que nos traslada a la importancia de la imagen, a aquella que nos hace comprender y refleja exuberante una instantánea del ardor en el fulgor de aquel instante, que forma cuerpo y alma, sentimientos y silencios cuando se alcanza a comprender que aquello que era nuestro va formando un conjunto de cosas que no nos importan pero nos afectan, que no es lo mismo.

Te puede afectar unos días más y otros menos, pero lo que realmente importa es comprender como se ha llegado a esto. Como se puede uno cabrear hasta la saciedad cuando contempla una fotografía en color tomada desde el cementerio de Xàtiva enfocando la ciudad con el diafragma de la cámara abierto a tope. Es la primera imagen la que hace comprender que todo (perdón por la exageración) está por hacer. Aunque de momento se queda la tranquilidad en el cuerpo sabiendo que todo es posible también, aunque con serias dudas si se analiza bien. Saquemos cuentas entonces.

Desde el cementerio o desde la gasolinera de “low cost “ en conjunto inseparable de un gran hipermercado, sale el enfoque hacia el más allá. Ya se adivina el resultado: enormes anuncios de centenares de metros de altura nos invitan a la consumición de comida basura en algunos casos, hasta dominar el panorama. El resto, más anuncios de coches de segunda mano y una rotonda traicionera que te presenta el tanatorio, la salida hacía el hospital y más naves industriales, decenas de naves que rompen cualquier tipo de encanto. Si alguna se derriba por cierre, otras salen en su lugar. Esa es la imagen de una entrada a la ciudad que tiene su punto fuerte en un artificial Portal del Lleó que al menos sirve en ocasiones para rodajes de escenas porno o fotografías eróticas en pleno invierno. Y es que detrás, justamente detrás, se levanta una mole de pisos que anuncian desde la distancia que hemos tapado y encerrado la vista panorámica del Castillo. Esa es la tarjeta de presentación de una ciudad que en el fondo no es así, pero lo disimula muy bien. El bloque de edificios son recientes, son de finales de los años ochenta, cuando se consintió cubrir la imagen con el cemento, los ladrillos y las ventanas y detrás dejar el monumento más visitado de Xàtiva, y que forma parte del patrimonio histórico artístico.

Pero eso del Patrimonio es otra historia y otras circunstancias que cambian según la salida del sol o la posición de la luna. Igual nos entregamos en cuerpo y alma en promocionar las fuentes (¿cuántas de ellas no funcionan?) que hasta seremos capaces de inventar historias sobre ellas. Igual diremos que la de la Plaça de Sant Jaume está malita y le tuvimos que hacer la eutanasia, en vez de proceder a la restauración como Dios manda. ¿Y la de la calle Ciurana? ¿Y aquellas que siguen manando o manaron en su momento del interior de muchas viviendas? No me sea usted pesado, me dirán con razón, que ahora no toca lo de las fuentes, que ahora la prioridad es otra. Para vestir a un santo desnudamos a otro, posiblemente para exhibirlo en el Portal del Lleó en una escena subidita de tono. Así que enfoquemos bien el objetivo y disparemos hacia el infinito. Apunte como se apunte, nunca lograremos una buena fotografía en color.

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