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Teorías conspirativas, ideología ultra y abusos: la caída del falso rescatador de niños en la Canal de Navarrés

El hallazgo de unos documentos conecta a un alemán que está en prisión por abuso de menores con un proyecto que recaudaba fondos desde Anna para ayudar a supuestas víctimas de explotación sexual infantil y violaciones rituales

Jessie Marsson-Frank B. fundó un microestado alternativo basado en el antiguo Reich y fue condenado en Alemania por usar identidades ficticias

Jessie Marsson en una entrevista y la casa de la Canal donde se hallaron escritos sobre el ahora preso.

Jessie Marsson en una entrevista y la casa de la Canal donde se hallaron escritos sobre el ahora preso. / S.G.

Sergio Gómez

Sergio Gómez

Xàtiva

El nombre de Jessie Marsson saltó a palestra de los medios de comunicación alemanes en 2009 cuando participó en la compra de un castillo ruinoso en el que, junto a otros autodenominados ciudadanos del antiguo Reich, proclamó la fundación de una especie de microestado ficticio, llamado Principado de Germania, que renegaba de la República Federal de Alemania. Sus promotores, vinculados a movimientos esotéricos abonados a las teorías de la conspiración con tintes antisemitas y de extrema derecha, asistieron pronto al naufragio del proyecto cuando la Policía desalojó la fortaleza.

Jessie Marsson es solo uno de los múltiples pseudónimos de un personaje poliédrico de 50 años de edad, 1,81 metros de altura, cabello rubio y ojos azules que en agosto de 2024 fue detenido por la Guardia Civil por presuntos abusos sexuales repetidos a menores de 16 años en la comarca de la Canal de Navarrés. Identificado como Frank H.M.B. y nacido en la región de Baviera, el juzgado de instrucción nº2 de Xàtiva ordenó su ingreso en prisión provisional y actualmente sigue preso en la cárcel de Picassent a la espera de juicio.

Nave en Anna donde Marsson anunció un proyecto de ayuda a jóvenes víctimas de abusos para el que pedía donaciones.

Nave a la entrada de Anna donde Marsson anunció un proyecto de ayuda a jóvenes víctimas de abusos para el que pedía donaciones. / S.G.

Hace unos meses, un vecino de Anna que se encontraba buscando localizaciones para rodar un cortometraje halló por casualidad unos papeles que le llamaron la atención en el exterior de una antigua fábrica de electricidad reconvertida hace décadas en vivienda. El inmueble se encontraba abandonado, con signos de haber sido saqueado y con parte de la estructura derruida. Estaba todo revuelto. En lo primero en lo que reparó Fernando Almenar fue en una fotografía de un rostro imponente. Se trataba de Bruno Gröning, un curandero fallecido en 1959, gurú de la sanación espiritual, con un grupo de fanáticos incluido por el gobierno alemán en el listado de sectas.

Entre los escritos también aparecía el nombre de Marsson. Movido por el gusanillo de su antigua profesión como fotoperiodista, Almenar lo buscó en Internet y descubrió una publicación de un medio alemán afincado en las Islas Baleares (Ibiza Kourier) que daba cuenta de su detención. Ante la posibilidad de que los documentos pudieran constituir algún tipo de prueba, los presentó a la Guardia Civil.

La casa pertenece a una mujer que en Múnich se dedicaba a la «curación energética de personas y animales» y que integró la directiva de una asociación vinculada a la «religión druida», también cultivada por Marsson.

Este último es muy conocido en los círculos negacionistas, conspiranoicos y esotéricos alemanes por haber protagonizado múltiples entrevistas en medios alternativos. Según su dudoso relato, en su infancia fue víctima de redes de pederastia y ritos oscuros ligadas a personas de las altas esferas y, con posterioridad, asegura que se dedicó a rescatar a niños que habían pasado por la misma experiencia. Pero reconstruir su biografía no es fácil, dadas sus numerosas contradicciones. En sus narraciones cuenta que sufrió las pruebas de control mental de la CIA y que fue un niño clon. También mantiene que los aviones rocían agentes químicos sobre la población y que las vacunas contra la covid son venenosas. En una entrevista de 2020 con un canal alemán con sede en Palma de Mallorca, se presentó como exanalista militar. El vídeo tiene 74.000 visualizaciones en Youtube.

Lo que sí está probado es que Frank H.M.B. arrastra diversos antecedentes penales a sus espaldas. En 2011 fue condenado por el Tribunal de Distrito de Augsburgo a un año y medio de cárcel por fraude, falsificación y obtención de documentos oficiales falsos. En el juicio reconoció haber abierto una cuenta bancaria usando una tarjeta de identificación ficticia. En su defensa, aseguró que pertenecía a una «red periodística libre» y que había ayudado a rescatar a víctimas de redes de abuso infantil. En su historial también constan otras detenciones.

Las primeras pistas sobre la presencia de Marsson en la Canal de Navarrés se remontan al año 2020, cuando se mudó junto a otras personas de su entorno vinculadas a la compra de diversas propiedades en Anna. Entre estos inmuebles figura una nave de grandes dimensiones ubicada en la travesía de entrada a esta localidad. En un vídeo publicado en 2021 en Facebook, Marsson aparece explicando a una supuesta periodista sus planes de convertir el edificio en un refugio orientado a la formación y la ayuda de jóvenes «rescatados de la explotación y el abuso sexual y ritual, a partir de los 17 años». La publicación pide donaciones para sufragar la iniciativa e incluye un número de cuenta de un banco de la localidad alemana de Northeim al que se invita a efectuar transferencias bajo el concepto «Proyecto Niños».

Una asociación beneficiaria

El destinatario de estos fondos era la Asociación para la Promoción de los Medios de comunicación libres de censura, una entidad registrada en Suiza en 2010 que estaba presidida por la madre de Frank H.M.B. y que tenía como secretario a un profesor de autoescuela que también se enfrentó a cargos en Alemania por obstrucción a la justicia y que figura como propietario desde 2022 de la vivienda de Sellent donde Frank-Jessie declaró residir cuando fue detenido. Con anterioridad, los tres tenían fijado su domicilio en un pueblo de la Alta Baviera con un bello lago, Schiliersse, en el mismo piso donde también figuraban residenciadas otras personas del mismo círculo y distintas empresas de apariencia fantasma vinculadas a la seguridad que operaron en Reino Unido.

Casa en Sellent que Büntert/Marsson declaró como lugar de residencia.

Casa en Sellent que Büntert/Marsson declaró como lugar de residencia. / G.M.

Hoy, la familia de Frank H.M.B. posee un chalé en un paraje de la Canal junto a una enorme cantidad de vehículos estacionados en la parcela colindante, entre coches, furgonetas, caravanas.

El acusado declaró a favor de otro alemán autodenominado ciudadano del Reich, Uwe Bradler, que en 2008 fue condenado por la Audiencia de Girona por posesión de pornografía infantil. En el juicio, Bradler dijo ser ministro en el exilio de un gobierno alemán en la sombra. Otros miembros de esta supuesta organización lo respaldaron en el proceso. Uno de ellos fue Marsson, que en su país de origen ya protagonizó diversos incidentes en los que intentó engañar y ridiculizar al sistema judicial siendo él el acusado.

En una ocasión, un conocido grabó en secreto al juez y le dedicó insultos en Internet. En otro juicio, un agente policial se percató de que otro hombre se estaba haciendo pasar por Marsson en el banquillo. Según las crónicas periodísticas locales, este fue localizado en una caravana en las inmediaciones del juzgado. Entre los documentos hallados en la casa de Anna figuran las fotocopias de un libro sobre cómo utilizar artimañas para boicotear procesos judiciales.

Gran cantidad de vehículos estacionados en una parcela.

Gran cantidad de vehículos estacionados en una parcela ligada a Frank H.M.B.. / F.A.

Fuentes del entorno de Frank H.M.B. consultadas por este diario defienden su incocencia y atribuyen su encarcelamiento a supuestos intentos de hacerle daño.

Algunos de los pseudónimos usados por Marsson aparecen vinculados en Internet a un periódico que difundió ideas antisemitas y a páginas con imágenes de menores en ropa interior.

El corto que está rodando Fernando Almenar en Anna se llama "Lobo negro".

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