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OPINIÓN | Dimars Mercat

Cuba es también un poco nuestra

"En la Habana todavía se recuerda a Manuel Revert Nadal, empresario de Ontinyent que, durante el más estricto bloqueo estadounidense, mandó un cargamento de mantas para los hospitales y el pueblo cubano"

El busto de Manuel Revert en la Habana, flanqueado por Ximo Puig y José Ramón Revert.

El busto de Manuel Revert en la Habana, flanqueado por Ximo Puig y José Ramón Revert.

Vicent Soriano

Vicent Soriano

Xàtiva

El tarado de presidente americano, criminal sin escrúpulos, miserable con las vidas humanas y macarra de ancho pantalón, juega a la guerra en un tablero de playmobil con una ridícula gorra donde va apuntando los muertos que hay a sus espaldas para demostrar un poder que no tiene y que saldrá muy caro a su país. Nunca tiene bastante, nada sacia su locura ni sus pretensiones y no contento con ordenar las muertes y provocar una nueva guerra que nadie quiere excepto él y sus locos amigos, ahora amenaza y provoca con acabar con Cuba en pocos días. Lo que sus predecesores en el poder no consiguieron en más de medio siglo, lo anuncia el macarra a bombo y platillo como suelen hacer los cobardes. Pero con Cuba ha dado en piedra dura por la sencilla razón de que el pueblo cubano no se rinde nunca, y si hay un ataque contra ellos, responderán con la razón. Y es necesario volver a recordar que el pueblo cubano es un pueblo generoso y acogedor que tiene aspectos que nos unen a la gente de aquí.

En la calle Comercio número 53, justo en pleno corazón de la Habana, junto a la calle Obispos, donde se ubica La Floridita, uno de los lugares más visitados de la capital cubana, donde Ernest Hemingway hizo famosa la frase “Mi daikiri en la Floridita y mi mojito en la Bodeguita”, a pocos metros de la Plaza de Armas, donde se vende la ideología de José Martí -padre de la patria-, libros de El Principito y relojes de la prestigiosa marca Cuervo y Sobrinos, entre otros objetos de culto y devoción, se encuentra el Hostal Valencia, uno de los lugares más emblemáticos para el visitante y muy concretamente para los valencianos. Allí todo huele a Valencia: la cerámica, el patio verde de plantas, una imagen de la Virgen de los Desamparados, junto a una foto de Fidel Castro y a sus 14 habitaciones bautizadas con nombres de ciudades valencianas. En el primer piso se encuentra la de Xàtiva junto a ella las de Cullera, Gandia, Sueca, Xixona…

Una primera placa de cerámica saluda al visitante: “Benvingut siga a qui sa casa ve”, dicho valenciano que continúa con el texto “Bienvenidas sean las familias del mundo al hogar valenciano”. Otra recuerda a Manuel Revert Nadal, un empresario de Ontinyent, quien durante el más estricto bloqueo estadounidense mandó un cargamento de mantas a la Habana para los hospitales y el pueblo en general. Aunque el envío no contaba con ninguna garantía de pago por parte del gobierno de Fidel Castro, el empresario ontinyentí decidió llevar adelante la misión comercial. Entonces el líder comunista quiso conocer a este empresario, comenzando una relación que iría más allá de lo profesional. En el año 2000, diez años después de la muerte del fundador de la empresa Revert, el gobierno cubano homenajeó su memoria instalando su busto en la avenida del Puerto de la Habana, un lugar de excepción.

He viajado cuatro veces a Cuba y cada vez me sorprende más la dignidad de sus gentes y como luchan en silencio por sentirse pueblo en ese clima cálido y único. Y también empobrecido. Cada día se levantan para decir basta al bloqueo americano, injusto e innecesario. Es matar con rabia lo que hacen los seguidores del tío Sam. Si atacan Cuba (cuando escribo estas líneas no hay novedad) van a pagar muy caro el atrevimiento de enterrar todavía más a sus gentes. Desde aquí seguiremos pensando que Cuba es un poco nuestra también. Que se lo pregunten al hostal Valencia o a la memoria de Manuel Revert.

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