Biblioteca de familias
Hilario Botella y los inicios del capital financiero en Xàtiva
"Con la llegada de Cajamar, la Albereda de Xàtiva cuenta ya con varias entidades financieras, concentradas desde la plaça la Bassa hasta el Portal del Lleó"

Edificio de la Casa Botella en la Albereda de Xàtiva. / AGUSTI PERALES IBORRA

La reciente noticia publicada en este diario sobre que el primer grupo de banca cooperativa de España, Cajamar, iba a arrendar los bajos de la Casa Botella, nos llevan a afirmar que, si la historia no se repite, a veces se parece bastante. Xàtiva se retrotrae de nuevo a los años veinte, momento que el Banco Hispanoamericano de entonces, hizo lo mismo que hoy, dar el arranque para convertir la Albereda, en además de zona residencial, paseo y tapeo, en centro financiero de la capital de la Costera, hasta el día de hoy.
Con la llegada de Cajamar, la Albereda de Xàtiva cuenta ya con varias entidades financieras, concentradas desde la plaça la Bassa hasta el Portal del Lleó. En unos centenares de metros del ensanche urbano, que sirve de frontera entre el casco antiguo y la zona comercial, encontramos: Caixabank en la plaza la Bassa, la Eurocaja Rural, en el chaflán de la finca del desaparecido Cuartel, y a su vera el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), y a pocos metros, el Banco Santander, ya en plena Albereda, al que se sumará si nada lo impide, el Grupo Cajamar, en otro gran preciado chaflán, el de la finca Botella, esquina con la calle del Portal del Lleó, principal arteria que nos conduce a las entrañas de la Xàtiva antigua.

Distintivo de la empresa de licores de Hilario Botella, con la imagen de la Casa Botella. / Levante-EMV
Pero, ¿quién tuvo la culpa de convertir la Albereda en el eje financiero de Xàtiva? Un empresario llamado Hilario Botella Satorres, productor de licores, gestor de cines, prestamista, y arrendador de entidades bancarias, experto en convertir el dinero en capital. Veamos un poco de aquella hermosa historia que hoy se repite, con la llegada de Cajamar. No será este el primero, porque tuvo un gran precedente hace más de cien años, el Banco Hispano-Americano.
Alcanzó la prosperidad Hilario, como fabricante de aguardiente. Primero en la calle Argenteria y después en la Avenida del Carmen, fundando las Destilerías Botella. Pasó de artesano a burgués a principios del siglo XX, y como tal, decidió construirse una casa de nueva planta sobre las ruinas del antiguo Teatro Principal, por entonces clausurado y utilizado como almacén municipal. Las nuevas élites económicas crecían en base a la explotación de la riqueza del comercio y la industria, y no de la tierra. Los palacios señoriales dejaban paso a las casas burguesas. En 1906, inició los trámites para alzar una finca de aspecto modernista, en el chaflán de la entrada más bella de la ciudad, la del Portal del Lleó.
Dos años más tarde, en 1908, Juan Bautista Fuster alquilaría a Hilario Botella la planta baja del edificio, que había convertido en su residencia, para establecer un salón cinematográfico. Se lo alquiló a Juan Bautista Fuster Garí, setabense precursor de la distribución cinematográfica en España, al que pronto le dedicaremos un libro, quien se lo cedió a su hijo Juan Fuster Serrano, para que se encargase de la gestión directa del cine Fuster. Proyecto que duró unos tres años, momento en que Juan Fuster hijo cedió la gestión del cine a Hilario Botella, en septiembre de 1911, para acompañar a su padre en la ardua tarea de la distribución cinematográfica desde sus oficinas centrales en Madrid, Barcelona y València. Hilario se convirtió así en el primer y único empresario licorero cinéfilo de la historia de Xàtiva. Rebautizó el cine Fuster con el nombre de cine León. La prensa de entonces le dedicó “los mejores deseos para atraer a su salón esa cosa que llaman público, rompecabezas del empresario”. Ocho años duró su nueva aventura empresarial.
Hacia 1919 vio Hilario otra oportunidad de negocio ante la irrupción del capital financiero en Xàtiva. Se acababan los tiempos de prestamistas, cajas de ahorros y socorros mutuos. Suponemos que abandonar el cine y alquilar el local a una entidad financiera era una suculenta renta segura, y le daría muchísimos menos quebraderos de cabeza que la gestión directa de un cine. Jaime Simper, ejecutivo de la firma, no vio ningún problema en reconvertir el salón de cine en oficina bancaria. Xàtiva, sin ser capital de provincia, tuvo el honor de ser una de las 26 sucursales dependientes de la central ubicada en la Avenida Canalejas de Madrid. Mismo nombre que recibió por aquellos años la Alameda de Xàtiva, en eterno recuerdo del magnicidio del presidente de gobierno de España, en 1912.
Cinco meses duraron las obras de remodelación. A finales del verano de 1919 abrió sus puertas con una gran fiesta de inauguración, donde se repartieron helados, dulces, habanos y el champán corrió a raudales. Federico Matarrona ejercería como director; Potenciano Omacaña, como cajero apoderado: y José Escuder, como jefe de personal, encargado de la contratación del resto de empleados, suponemos de Xàtiva.
Entre los invitados, no podemos dejar de citar a empresarios y políticos, como el empresario de licores Ricardo Sanz, al senador Ramón de Castro, con vínculos con la familia Requena, socios de Hilario en la producción de licores, al empresario en colas y diputado Francisco Goula, o a los Selgas, millonarios afincados en Xàtiva, precursores de la automoción y también futuros culpables de la llegada a Xàtiva del Banco de España. Todo un lobbie de empresarios políticos, con poder para poder atraer a la capital de la Costera inversiones industriales y financieras. Cabe decir que no fue aquel banco creado por el indiano Antonio Basagoiti, la única incursión del capital financiero en la capital de la Costera, sino que hubo muchas más, que hoy no podemos abordar, pero que demuestran la necesidad de tener grandes contactos para prosperar en el mundo de los negocios.
Ahora, desde sus oficinas, los setabenses emprendedores podrían comprar y vender valores extranjeros, custodiar alhajas, cambiar moneda extranjera, gestionar créditos y pagos con todos los países y negociar préstamos. Curiosamente, hubo antaño más bancos y cines que hoy. Para completar la historia de uno de los bajos comerciales más emblemáticos de la ciudad sería interesante averiguar cuánto tiempo estuvo en activo aquella entidad financiera, y cómo se convirtió en referente de la hostelería hasta la llegada de Cajamar, para completar una nueva página en la historia de Xàtiva, de cómo la Alameda, además de bancos, se pobló también de bares y restaurantes.
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