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Ayer fuimos nosotros, hoy son ellos

El Gobierno aprueba la regularización de migrantes que ya trabajan en sectores con miles de vacantes laborales sin cubrir

Aluvión de peticiones de regularización en Xàtiva: "Es el cumplimiento de un sueño"

Agustí Perales Iborra

Mar Vicent

Mar Vicent

Xàtiva

Manuel es electricista y hace chapuzas. Cuando trabaja habla solo, como dándose indicaciones. Cuando hace una faena tiene que ser perfecta. La comprueba una y mil veces. Cuando pasa la factura, mira para otro lado. La desglosa con detalle, pero siempre se pone tenso. No puede evitarlo.

Manuela es limpiadora. De las que afronta la limpieza de las casas en las que trabaja como si fuera una batalla contra el desorden y la suciedad que no piensa perder. Ha sufrido muchas derrotas en su vida, pero nunca se ha rendido ante el desafío de una casa descuidada. No da lecciones, pero tampoco quiere recibirlas. Se apuntó a la falla de su barrio casi desde que llegó

Malik trabaja en una verdulería. Es amable hasta con las naranjas a las que trata con amabilidad cuando las dispone en el expositor. Con las clientas tiene una paciencia infinita. Las ayuda a cargar la compra, espera sin resoplar a que guarden el cambio y las despide con cariño. Jamás cobrará de más, pero fiará a más de una porque le da la gana.

Verónica atiende a la abuela con toda profesionalidad. Era, y es, auxiliar de geriatría, aunque aquí su título sea papel mojado. No cree que la gente mayor tenga que ser tratada como menores de edad mental. Siempre la trata con respeto y consideración, aunque parezca que sea un empeño inútil. Su hija toca la flauta dulce en una banda.

Emmanuel vende ropa en el mercado. Pregona sin cansancio la calidad y variedad del producto que vende. Está orgulloso de su puesto y siempre sonríe. Hace recomendaciones sobre tallas y medidas y casi nunca se equivoca. No regatea, aunque hace descuentos si lo considera. Habla la lengua de la tierra con desparpajo y seguridad.

Todas estas personas quizás puedan obtener sus permisos de residencia y trabajo con la regularización aprobada por el Gobierno y ahora en período de ejecución. Mejor ejecutar procesos que ofrecen futuro a quien se lo quiere ganar a pulso, que ejecutar a personas solo porque no nacieron aquí, pero vinieron para construirse una vida.

El odio no solo se hace visible fusilando a gente en las tapias de los cementerios o bombardeando una estación llena de gente inocente. El odio se inocula, gota a gota, con mentiras y bulos que buscan sacar lo peor de las personas.

Las personas migrantes, cuando se regularicen no tendrán derecho a voto en las elecciones generales, así que tratarlos con justicia no garantiza la compra de sus votos.

Las personas migrantes, cuando se regularicen, tendrán que acreditar ser buena gente estando libres de antecedentes penales, aquí y en su país de origen. También deberán haber vivido aquí desde hace más de cinco meses así que mienten como bellacos los que asustan con una imposible avalancha de peticiones improvisadas.

Esta gente, que ya está trabajando cómo y dónde puede, no le quita el trabajo a nadie. En España, hay más de 156.000 vacantes laborales sin cubrir en sectores como los servicios o la construcción, precisamente donde se concentra la mayoría del empleo de las personas susceptibles de ser regularizadas. Reconocer su existencia y autorizar su derecho a residir y a trabajar solo puede molestar a quienes les resulta más cómodo y provechoso que no haya garantías legales que les protejan de los abusos laborales. No son una carga para el sistema al que aportarán tras la regularización, sus cotizaciones y sus impuestos.

Nos cruzamos con ellos todos los días. En el ascensor, en la faena, en el supermercado. Hacemos amistad. Nos ayudan y les ayudamos. Aprenden de nosotros y nosotros de ellos. Algunos nos caen mejor que otros, como nos pasa con los que han nacido aquí.

Si cumplen requisitos, podrán presentar su nómina como aval o abrir una cuenta bancaria o firmar un contrato o hacer un bizum. ¿Dónde está el problema?

Solo en las mentiras que difunden el miedo y fomentan la ruindad. Solo en la ignorancia que hay que combatir con datos e información.

Ayer fuimos nosotros, hoy son ellos.

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