La ola migratoria en la Xàtiva del siglo XXI
El autor traza un repaso por los movimientos de población en la ciudad a lo largo de la historia, a raíz del reciente proceso de regularización masiva de migrantes

Aluvión de peticiones de regularización en Xàtiva: "Es el cumplimiento de un sueño" / PERALES IBORRA

La reciente habilitación de la antigua tienda de venta de telas conocida como la Mona, utilizada hoy con uso de ludoteca del carrer Botigues, y durante estos meses como oficina de atención a migrantes solicitantes del trámite de regularización administrativa para poder residir legalmente en España, nos llevan a rememorar la historia de los movimientos de población en Xàtiva, y a afirmar que la globalización iniciada en el presente siglo, ha llevado a revolucionar la demografía de la urbe. Nunca antes había habido tantos extranjeros en la capital de la Costera, ni tampoco con orígenes nacionales tan diversos.
Según el padrón municipal, el recuento de foráneos alcanza ya un 16% de la población total. Las cuatro minorías más numerosas serían los rumanos, colombianos, marroquís y búlgaros, todos ellos superarían el medio millar de individuos, seguidos de venezolanos y hondureños, con algo más de doscientos. Superando los cien encontraríamos italianos, ucranianos, cubanos, argelinos, británicos, chinos y peruanos. Con más de cincuenta, registramos senegaleses, neerlandeses, argentinos, pakistanís, estadounidenses, y franceses. Serían estas nacionalidades las más numerosas, aunque encontraríamos procedencias de otros muchos otros estados, hasta sumar una total de 91 países diferentes.
Hagamos un poco de historia para explicar cómo la capital de la Costera vive una revolución migratoria, que nos ha llevado a alcanzar la cifra de unos 31.720 habitantes, la más alta de su historia. Y si la comparamos con la del año 2000, donde la ciudad contaba con un padrón aproximado de 25.000 habitantes, podemos afirmar que la Xàtiva del siglo XXI, presenta el mayor crecimiento demográfico de su historia, no debido precisamente a un “baby-boom”de nacionales, sino a la irrupción de un saldo migratorio sumamente favorable, donde los autóctonos que salen, generalmente población joven con estudios superiores, son un número muy inferior a los extranjeros que nos llegan, procedentes de todos los rincones de un mundo convertido en aldea global.
Tal vez hoy tendríamos más población, si la ciudad no hubiese sufrido tantas emigraciones forzadas fruto de coyunturas políticas o sanitarias desfavorables. La expulsión de los moriscos en 1609, la crema de Xàtiva en 1707, las epidemias de cólera del siglo XIX, o la represión franquista desatada a partir de 1936, ralentizaron el crecimiento demográfico, que se compensó gracias a la atracción de nuevos inmigrantes, que venían del interior valenciano o de la vecina Castilla, para poner de nuevo en marcha la maltrecha economía rural y de servicios, procedentes de los diversos Reinos de España.
Más allá de castellanos y aragoneses, los primeros inmigrantes que se documentan en tierras setabenses allende los Pirineos, fueron franceses, italianos y malteses. Algunos llegaron como nuevos residentes para poblar cuarteles de inválidos, con soldados inhábiles para el combate. Recordemos que una de las condiciones para permitir convertir a Xàtiva en San Felipe, fue la instalación de espacios residenciales para atender a los soldados heridos o licenciados de los ejércitos borbónicos, que vivirían su “jubilación” en Xàtiva, que contrastaría con otra de comerciantes europeos, atraídos por las buenas perspectivas de negocio de la ciudad, haciendo sonar apellidos como Dufaur, Ridocci, entre otros muchos, que prosperaron y se integraron en la ciudad como distribuidores de todo tipo de productos.
Fue también a lo largo de los siglos XVIII y XIX, punto de atracción de inmigrantes de origen catalán como los Soldevila, Ordeig, o Casas, mayoritariamente asentados en la Plaça del Mercat, y el carrer Botigues, dedicánsose a despachar prendas de algodón importadas desde las fábricas catalanas. Grandes familias que emigraban de su tierra ya con un negocio debajo del brazo, lo que contrastaba con la inmigración joven que venía a buscarse la vida como jornaleros, dependientes de comercio, o empleadas del servicio doméstico, procedentes de los pueblos del interior valenciano o de tierras castellanas.
Tres grandes grupos de migrantes
Hoy, igual que antaño, Xàtiva atrae a mucha población, pero con motivaciones muy diversas. Si nos centramos en los inmigrantes extranjeros, los podemos clasificar en tres grandes grupos. Los que vienen a desarrollar actividades del sector banal, es decir los trabajos peor remunerados, de baja cualificación, centrados en el campo, la construcción, la hostelería, o la atención a mayores, principalmente realizados por las nacionalidades procedentes de Sudamérica o Europa de Este. Algunos de ellos, tras mucho esfuerzo, se están convirtiendo en emprendedores, abriendo su propio negocio, como ya es habitual, en otras nacionalidades como la china o la pakistaní, que han diversificado la oferta hostelera de la ciudad, y del negocio de las baratijas.
Los de alta cualificación, que desarrollan empleos del sector cuaternario, pero para sus países de origen. Trabajan on line, y han decidido fijar su residencia en la capital de la Costera, y que son definidos actualmente como nómadas digitales, una minoría en expectativa de crecimiento, y que en un futuro serán mucho más numerosos. Ellos pueden ser población flotante, o fijar su residencia definitiva, como los actuales auxiliares de conversación, que durante un curso académico, residen en nuestra ciudad procedentes de cualquier país de habla inglesa, para ayudar a los alumnos, maestros y profesores, a mejorar el speaking y que pronto nos abandonarán a causa de la negativa de las autoridades valencianas a continuar con el programa que subvencionaba su estancia, o los que abren academias para que los setabenses puedan aprender idiomas. Todos ellos mayoritariamente, de origen europeo o estadounidense, como los que ya sin obligaciones laborales, deciden convertir Xàtiva en su lugar de retiro, o de segunda residencia, cumpliendo su ilusión de tener una casa en España, lejos de la masificada costa mediterránea.
Y, ¿por qué Xàtiva se convierte en foco de atracción de inmigrantes tan dispares?. Las respuestas siempre las mismas. Oportunidades laborales que no tienen ninguna prioridad nacional, pisos baratos, facilidad de alquiler, si lo comparamos con la vecina Valencia, posibilidad de tener un palacio a restaurar para los más pudientes, carácter cosmopolita y afable de los setabenses, espíritu de comunidad, servicios variados y accesibles, cercanía de un hospital, buenas comunicaciones por ferrocarril y carretera, seguridad en las calles, accesibilidad a un rico entorno natural, y buen clima, con excepción del tórrido agosto, datos con en el que coinciden casi todos los entrevistados, y presencia de muchísima cultura, cuyo máximo exponente, es el castillo, cosa que no existe en toda América, como mucho, los de Walt Disney, al igual que vivir en casas con más de cien años de historia. Ahora se abre una oportunidad histórica para aquellos nuevos pobladores de Xàtiva que se encuentren en situación irregular, puedan convertirse en ciudadanos de esta aldea global setabense. Suerte a todos ellos.
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