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OPINIÓ | Dimarts mercat

Estar en la calle donde existe la vida

"Los vecinos del centro histórico no son de segunda, sino que su interés es vivir en paz allí donde vive la historia"

Participantes del paseo-protesta que el pasado viernes reivindicó la pacificación del tráfico en el casco antiguo de Xàtiva.

Participantes del paseo-protesta que el pasado viernes reivindicó la pacificación del tráfico en el casco antiguo de Xàtiva. / Casc Antic Digne i Viu

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Vicent Soriano

Vicent Soriano

Xàtiva

No sé yo, no sé yo, pero huele que apesta cuando desde diferentes esquinas de pueblos y ciudades de nuestro país, se reparten simbólicamente hostias como panes contra docentes implicados en la huelga por una enseñanza mejor, necesariamente mejor, y eso significa meter en el saco a equipos directivos, profesores, alumnos y familias enteras. Pero la derecha no entiende de movilizaciones ni protestas en la calle. Ya lo dijo Fraga, que la calle era suya y así la dejó cuando cruzó el umbral de la vida y allá arriba le esperaban con las mismas armas que él utilizó contra los que pedían una calle mejor. El desenlace lo ignoramos pero lo intuimos.

Dejaremos el tema de momento y hasta que haga falta porque mucho se ha escrito ya del asunto y no hacemos sino reforzar la teoría de la barbaridad de quienes piensan que madres y padres no consienten la huelga más grande y potente que se ha visto en décadas. La consienten y la apoyan porque la lucha es constante en quienes saben que el futuro de las niñas/niños está en las manos de quienes salen a la calle cerrando los puños y abriendo las manos. La solidaridad es un vaso de agua a medio llenar pero todo se andará en positivo, y en estos días que las letras verán la luz sobre el blanco papel, desconocemos el desenlace de quienes tienen la barra de contratar a su mujer en la Diputación con plaza firmada a sus exigencias y aceptan de buen grado que el caradura de Mazón aproveche las mañanas para bañarse en las cristalinas aguas de la playa de Alicante y esperar tranquilamente la nómina mensual. Y recuperando viejas y podridas costumbres, se contrata a la fallera mayor de València ¿de asesora?. Zaplana, Zaplana que te comen el terreno.

Y les duele el cuerpo de reírse de los valencianos. Son así de chulos y macarras creyéndose por encima, muy por encima, con escalones de plata colocados a sus exigencias. ¿Esa es su democracia?¿Es ese el país que se quiere?.

Y volvemos a la calle donde existe la vida, y allí, entre calores prematuros, sillas de rueda, carros de compra y pacificando cada paso, el “Casc Antic Digne i Viu” exige ser escuchado en cada esquina, y presenta sus credenciales de vecinos hartos de que se le tome el pelo. No es nueva la situación pero ahora han marcado una línea para romperla cuando haga falta. Demasiados años de desprecio e ignorancia desde la primera a la última planta de la Casa de la Ciutat. Los vecinos del centro histórico no son de segunda, sino que su interés es vivir en paz allí donde vive la historia. No sirven las palabras bonitas sino los hechos patentes y latentes. “Digne i viu”. Esa es la necesidad y la lucha para decir que ya está bien. Que cada palabra que salga de los silencios respetuosos será una defensa de quienes habitan cada casa, cada forma de entender la vida. Y los responsables municipales no pueden hacer oídos sordos. No pueden cerrar los ojos a los impedimentos que existen. Es tiempo no de esquivarlos sino de eliminarlos uno por uno, para conseguir un espacio en común que nos haga más fuertes, solidarios (llenando el vaso del todo) y orgullosos del espacio que es nuestro y donde vivimos. Y hay que hacerlo con fuerza y tesón.

Soy un sentimental y recurro muchas veces al gran Miquel Martí i Pol: “Plors i laments de que serveixen’ Gent que lluite es el que cal”. Ese es el mensaje.

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