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Investigación histórica

El sombrerero setabense que conquistó Nueva York

El historiador y divulgador Carlos Arruñada rescata la historia de Juan Coll, un empresario nacido en Xàtiva que cumplió el sueño americano en el siglo pasado: fundó su propia empresa con sede en la Quinta Avenida y se convirtió en uno de los sombrereros más destacados de la Gran Manzana

La tienda de Mango en Nueva York, en el edificio en el que tenía su domicilio la empresa de Jean Coll en la Quinta Avenida.

La tienda de Mango en Nueva York, en el edificio en el que tenía su domicilio la empresa de Jean Coll en la Quinta Avenida. / Mark Lennihan/ AP

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Carlos Arruñada

Carlos Arruñada

Xàtiva

Son muchas las historias que a lo largo de los años hemos escuchado sobre el sueño americano. Historias de emigrantes que llegaron a los Estados Unidos y consiguieron trabajar y prosperar en el país hasta conseguir amasar suficiente dinero como para vivir holgadamente y sin preocupaciones. En la Comunitat Valenciana el caso más conocido es el del arquitecto Rafael Guastavino, el cual construyó tal cantidad de edificios en Nueva York que, tras su muerte, el The New York Times publicaba una necrológica donde se podía leer: “Rafael Guastavino, el arquitecto de Nueva York, murió anoche en su residencia de verano en Black Mountain”. Años más tarde, otra necrológica aparecería en un periodico estadounidense anunciando la muerte de otro emigrante valenciano que, pese a que su historia no es tan conocida, también consiguió crear una empresa exitosa.

El 23 de enero de 1997 en el The Reporter Dispatch se anunciaba la muerte de Jean Coll, el sombrerero setabense que cumplió el sueño americano. Jean, cuyo nombre en realidad era Juan, nació en Xàtiva el 8 de febrero de 1899, fruto del matrimonio entre Herminio Coll García y Trinidad Cerdà. Sin embargo, no vivió en Xàtiva, ya que siendo niño sus padres se trasladaron a vivir a Francia, donde creció y fue educado, de ahí que pasara a usar la traducción francesa de su nombre, Jean. La familia se estableció en París, localidad donde el futuro empresario comenzó a trabajar en el sector de su vida, el textil. En la ciudad de la moda trabajó como importador y exportador de telas hasta que el 9 de agosto de 1919 su profesión le llevó a embarcar en el transatlántico SS France en Le Havre. Un nuevo trabajo le esperaba en Nueva York, ciudad a la que llegó el 17 de agosto. Su llegada muy probablemente no tuvo nada que ver a la de otros emigrantes valencianos que tras desembarcar acudían al 27 de Cherry Street donde se encontraba el hostal La Valenciana, lugar donde pasaban sus primeros días en el país y donde muchos conseguían sus primeros trabajos.

La solicitud de nacionalización de Jean Coll.

La solicitud de nacionalización de Jean Coll. / Carlos Arruñada

En Nueva York comenzaría a cumplir el sueño americano. Por las mañanas trabajaba y por las noches acudía a clases de inglés, fue en una de estas clases donde conocería a Louise Beau. Nacida el 14 de mayo de 1905 en La Rochelle, Francia, había emigrado a los Estados Unidos en 1917 y trabajaba también en la industria de la moda como diseñadora de vestidos. Durante aquellas clases, la pareja se enamoró y el 18 de octubre de 1923 se casaron en Manhattan, según su hija él “era guapo, con un pequeño bigote, muy continental” y ella era “una figura impactante”. El 8 de diciembre de 1924 Jean y Louise tuvieron a su primera y única hija, Claudine, la cual por desgracia falleció sin descendencia por lo que no existen familiares actuales del setabense.

La vida de Jean seguía y el 22 de septiembre de 1925 obtuvo la nacionalidad estadounidense tras “renunciar absoluta y perpetuamente a toda lealtad y fidelidad a cualquier príncipe, potentado, estado o soberanía extranjera, y particularmente a Alfonso XIII, Rey de España, de quien en este momento soy súbdito”.

Tiendas exclusivas

En 1935 su vida daría un gran salto al fundar su propia empresa sombrerera, DeColl Inc. La trayectoría profesional del setabense fue realmente buena y se convirtió en uno de los sombrereros más destacados de la ciudad. Sus sombreros se vendían en las tiendas más exclusivas de Nueva York como los almacenes Bergdorf Goodman o las boutiques de los diseñadores John-Fredericks, Lilly Daché o Hattie Carnegie. Prueba del éxito que obtuvo es que en la década de los 40 la dirección de su empresa se encontraba en el 711 de la quinta avenida de Nueva York, un exclusivo edificio de 19 plantas construído en 1927 y que años más tarde sería adquirido por Coca-Cola, albergando en la actualidad una tienda de Mango y de los relojes Omega. Pero Jean no se quedó únicamente en el negocio sombrerero, invirtió su dinero también en el sector inmobiliario, donde tampoco le tuvo que ir mal ya que en 1962 vendió un edificio de cinco plantas ubicado en el 159 de West Seventy-fifth Street.

Tarjeta de registro de Jean Coll.

Tarjeta de registro de Jean Coll. / Carlos Arruñada

A lo largo de los años, Jean y su esposa Louise vivieron en Hawthorne, Scarsdale y Thornwood, localidades pertenecientes todas ellas al condado de Westchester y que se encuentran a unos pocos kilómetros de Nueva York e incluso llegaron a vivir en Hollywood en 1962, tras la disolución de su empresa. Sin embargo la pareja enfermó y regresaron al condado de Westchester. Louise falleció el 25 de mayo de 1994, mientras que Jean lo hizo el 22 de enero de 1997 en la residencia Waterview Hills en Purdys, siendo enterrado en el cementerio Gate of Heaven de Hawthorne, concretamente en la sepultura 3 del pasillo 136 de la sección 44, donde todavía descansa en la actualidad. Su hija Claudine se casó con George Ferris Waterbury y falleció el 23 de julio de 2015.

No deja de ser curioso pensar cuántas historias como las de Jean habrán pasado a lo largo del tiempo, sin que nos quede constancia alguna de ellas.

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