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Despoblación

El pueblo-museo de 100 habitantes con lista de espera para una vivienda donde el 20% de las casas son municipales

El Ayuntamiento de Carrícola ultima la rehabilitación de un inmueble con cinco viviendas que se cederán en alquiler y que se sumarán a otras seis ya de propiedad municipal

Raquel Sarrió es una ontinyentina asentada en el municipio desde hace 15 años gracias a esta iniciativa de atraer visitantes, y Pau Barrull es un joven del pueblo que espera una de las casas que se rehabilitan

El alcalde, Pere Altabert, explica que tramitan otra compra para habilitar dos viviendas más y afirma que el objetivo es “que la gente joven no se vaya y que vengan familias que se establezcan aquí y el pueblo vaya adelante”

Lista de espera de vivienda de alquiler social en Carrícola

Agustí Perales Iborra

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Carrícola

El éxodo de vecinos de municipios pequeños a otros más grandes y con más oportunidades se sustenta, en muchas ocasiones, en la falta de vivienda. Carrícola, una pequeña localidad de apenas un centenar de habitantes, con un entorno rural especial que alberga un museo al aire libre, con el proyecto Biodivers -que enlaza arte y naturaleza a través de esculturas, obras de arte e instalaciones artísticas-, ha dado con una de las claves para evitar la marcha de los jóvenes y hacer frente a la despoblación con la llegada de pobladores venidos de otros lugares. El pueblo atrae nuevos residentes con el “anzuelo” de ofrecer viviendas a precio asequible. El ayuntamiento lleva a cabo desde hace años, una estrategia para adquirir casas del pueblo y rehabilitarlas, ofreciéndolas en régimen de alquiler y con precios muy modestos, entre 200 y 300 euros al mes. Un plan que ha permitido que la población crezca en más de 30 vecinos en las últimas décadas. Además, Carrícola seduce a emprendedores. Esta semana acaba de abrir un restaurante en la localidad, un establecimiento de cocina basado en productos de proximidad y vinos del territorio.

El alcalde de Carrícola, Pere Altabert, muestra el inmueble en el que se están habilitando cinco viviendas.

El alcalde de Carrícola, Pere Altabert, muestra el inmueble en el que se están habilitando cinco viviendas. / Perales Iborra

El plan de vivienda municipal, con el que ya se han establecido diversas familias en el pueblo y hay, incluso, lista de espera de interesados en afincarse en Carrícola, alcanza ahora un punto álgido con cinco viviendas que encaran la recta final de su rehabilitación y que acogerán en pocos meses a nuevas familias moradoras. El ayuntamiento compró la casa de tres alturas, situada en la plaza mayor, con una ayuda de la conselleria y la rehabilitación del inmueble permitirá crear cinco viviendas que, según la previsión municipal, podrán cederse en alquiler social a finales de este año, una vez concluyan las obras y se aprueben las bases para la asignación de los inmuebles, en las que se priorizará a los jóvenes de Carrícola.

Entre ellos se encuentra Pau Barrull, un joven de 29 años vecino del pueblo. “Mientras espero que se hagan estas viviendas estoy en una temporal”, explica Pau, quien expresa su deseo de seguir residiendo en el pueblo. “Me he criado aquí y, tras mis estudios, he podido conseguir un empleo que me permite teletrabajar. Mi hermana y yo, y otros jóvenes del pueblo, estamos contentos de vivir aquí y queremos seguir haciendo pueblo”. Sobre la iniciativa municipal de adquirir vivienda para ofrecerla a los jóvenes del pueblo y a gente interesada en trasladarse a la localidad, Pau manifestaba que “para nosotros es una iniciativa muy importante para quedarnos y seguir haciendo vida de pueblo”.

Raquel Sarrió reside en Carrícola desde hace 15 años atraída por la iniciativa municipal y la tranquilidad del pueblo.

Raquel Sarrió reside en Carrícola desde hace 15 años atraída por la iniciativa municipal y la tranquilidad del pueblo. / Perales Iborra

El inmueble que se está rehabilitando para reconvertirlo en cinco viviendas fue antes la casa de Raquel Sarrió, una vecina de Ontinyent que hace 15 años decidió mudarse a Carrícola. Madre de tres hijas, al llegar el momento de la escolarización de la primera optó por dejar la ciudad y marcharse primero a Fontanars dels Alforins, donde estuvo tres años, y después a Carrícola, donde llegó embarazada de su tercera hija y donde ha acabado asentándose, atraída por la vida tranquila y más favorable para la crianza de las niñas. “El ayuntamiento me ayudó a venir. Había una casa en la plaza del pueblo, que el consistorio ayudó a rehabilitar para vivir nosotras y traer las niñas al pueblo, lo que permitió entonces sumar 8 niños y conseguir el autobús escolar”. Carrícola no cuenta con colegio y los menores de la localidad van a la escuela a Atzeneta d’Albaida o a Albaida. Ahora hay dos menores, de 4 años y 1 año, que acuden a una escuela de este último municipio.

Raquel residió en la casa de la plaza hasta el año pasado, cuando el ayuntamiento adquirió una vivienda de la calle De Dalt, con otra ayuda autonómica, una que no precisaba de restauración previa para residir y a la que se mudó con su familia. Esta vecina de Carrícola ensalza la iniciativa municipal de recuperar casas del pueblo, tras comprarlas, para ofrecerlas en alquiler. “Es importante que un ayuntamiento ayude a revitalizar el pueblo. Aquí las casas son contadas, si las adquiere un particular que reside en una ciudad, aquí solo viene en determinadas épocas, y en Carrícola hace falta gente que resida todos los días. La iniciativa del ayuntamiento de adquirirlas para cederlas a familias contribuye a que haya gente y el pueblo esté habitado”, exponía.

Once viviendas municipales y dos más en trámite

Con esta iniciativa, Carrícola ha conseguido seis viviendas, que ya son municipales, a las que se suman las cinco habilitadas en el inmueble que se está restaurando. Y en breve podrían incorporarse dos más. Trece viviendas municipales de 64 que hay en la población. El alcalde, Pere Altabert, afirma que estas acciones vienen desarrollándose desde hace años y explica que “nació ante la demanda de la gente joven del pueblo, que para buscar vivienda tenía que irse fuera. El ayuntamiento, aprovechando subvenciones para la compra de vivienda, ha comprado para reformarlas, como que no precisen rehabilitación, para ofrecerlas en alquiler. En estos momentos, estamos acabando una en la plaza del pueblo, que habilitará cinco viviendas”.

Unas vecinas en una calle de Carrícola.

Unas vecinas en una calle de Carrícola. / Perales Iborra

Las seis viviendas municipales ya son el hogar de otras tantas familias. Además de la de Raquel Sarrió, en Carrícola se han asentado una familia con dos hijas, que ocupan la antigua casa de la maestra del pueblo; un chico vive en otro inmueble municipal; y una pareja que en breve ampliará la familia con la llegada de una hija reside en otra casa.

Altabert pone de manifiesto que el objetivo de esta iniciativa municipal es “que la gente joven no se vaya y que vengan familias que se establezcan aquí y que tengan hijos para que el pueblo vaya adelante”. Un plan que encuentra repuesta, ya que el ayuntamiento cuenta con una lista de espera. El primer edil explica que “hemos hecho un cuestionario para los que solicitan venir a vivir aquí y seis o siete personas se han interesado. Cuando aprobemos las bases para asignar la cesión de la vivienda daremos respuesta a ellas. Trataremos de que los jóvenes del pueblo tengan alguna preferencia”. El alcalde evidencia el “éxito” de una iniciativa que en estos años ha atraído a más de una treintena de personas al pueblo. “En los años 90, en Carrícola había 67 habitantes y ahora tenemos un padrón de 102 personas. Queremos que la gente se establezca en Carrícola, que arraigue aquí, tenga familia y hacer que el pueblo prospere”.

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