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Necrológica

Ontinyent despide a Rosario Llin, la enfermera curtida en la guerra que salvó del olvido la memoria de las Mamás Belgas

Fallecida a los 104 años, comenzó a trabajar en el Hospital Militar Internacional siendo una adolescente y fue una testigo fundamental para reconstruir la historia de solidaridad internacional en el centro sanitario que atendió a miles de heridos durante la contienda

Rosario Llin.

Rosario Llin.

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Sergio Gómez

Sergio Gómez

Ontinyent

Hace más de una semana que Rosario Llin Belda murió a los 104 años en Ontinyent, pero su nombre ha regresado este martes al primer plano de la memoria de la ciudad. El Ayuntamiento ha dedicado un mensaje público de despedida a una de las últimas voces capaces de contar en primera persona cómo se vivió la Guerra Civil desde el interior del Hospital Militar Internacional de Ontinyent.

Con su muerte desaparece no solo una de las mujeres que trabajaron en el centro sanitario, sino también una de las personas que más contribuyeron, décadas después, a evitar que aquella historia quedara sepultada por el paso del tiempo.

Rosario tenía únicamente 15 años cuando comenzó a trabajar en el Hospital Militar Internacional. La guerra había alterado por completo la vida de la población y aquel centro llegó a disponer de alrededor de un millar de camas para atender a soldados enfermos y heridos. Rosario fue destinada al quirófano y allí compartió trabajo con personal sanitario llegado de distintos países y con las conocidas como Mamás Belgas.

Aquella adolescente no podía saber entonces que lo vivido entre aquellas paredes acabaría acompañándola durante casi nueve décadas.

Las Mamás Belgas eran un grupo de mujeres llegadas desde Bélgica para colaborar en la asistencia sanitaria durante la Guerra Civil. Su presencia convirtió el hospital de Ontinyent en una singular experiencia de solidaridad internacional en mitad de una guerra. Rosario las conoció directamente, trabajó junto a ellas y conservó durante el resto de su vida recuerdos que, muchos años después, resultarían esenciales para reconstruir aquella historia.

Su importancia, por tanto, fue doble: estuvo allí y después lo contó.

Ese segundo papel adquirió un valor creciente conforme fueron desapareciendo quienes habían conocido de primera mano el Hospital Militar Internacional. Rosario colaboró con investigadores y proyectos de recuperación de la memoria histórica y su testimonio permitió reconstruir aspectos de la vida cotidiana del centro, del trabajo de las sanitarias locales y de aquellas voluntarias extranjeras que llegaron hasta Ontinyent en plena Guerra Civil.

Su memoria se convirtió así en una suerte de archivo oral. De hecho, su testimonio ocupa un lugar central en la recuperación contemporánea de la historia de las Mamás Belgas, difundida posteriormente mediante investigaciones, publicaciones y el documental impulsado en 2016 con participación de la Diputación de Valencia y el Ayuntamiento de Ontinyent.

De cuidar heridos a conservar sus nombres

Terminada la guerra, Rosario continuó vinculada a la sanidad y desarrolló una larga trayectoria profesional como enfermera. Pero con el paso de las décadas fue adquiriendo otra responsabilidad que nunca figuró en una nómina: recordar.

Sus recuerdos ayudaron a poner nombres, rostros y experiencias personales detrás de un episodio que durante mucho tiempo permaneció prácticamente ausente del relato colectivo. La historia del Hospital Militar Internacional dejó así de ser únicamente la historia de un edificio o de una institución sanitaria para convertirse también en la de las personas que trabajaron allí.

Entre ellas estaban las enfermeras valencianas y aquellas mujeres extranjeras que cruzaron Europa para atender a los heridos. Rosario fue uno de los puentes entre ambos mundos.

La ciudad terminó reconociendo públicamente esa aportación. Su nombre fue elegido para una de las calles situadas en las proximidades del nuevo Hospital de Ontinyent, vinculando simbólicamente aquella joven sanitaria de la Guerra Civil con la sanidad de la ciudad del siglo XXI.

Su fallecimiento llega, además, en un momento especialmente significativo. Rosario había cumplido 104 años el pasado 17 de julio. Solo dos días después, coincidiendo con los 90 años del inicio de la Guerra Civil, un amplio reportaje de El Español recuperaba la historia de Rosario y de su hermana Carmen y el modo en que dos jóvenes acabaron trabajando en aquel enorme hospital de guerra.

Fue una de las últimas ocasiones en que su historia volvió a proyectarse fuera de Ontinyent.

El Ayuntamiento ha destacado este martes su dedicación a la sanidad y, especialmente, su contribución a preservar una parte fundamental de la historia local, al tiempo que ha trasladado sus condolencias a familiares y personas allegadas.

Más allá del homenaje institucional, la desaparición de Rosario Llin marca también uno de esos momentos en los que la Guerra Civil deja de pertenecer progresivamente a la memoria de quienes la vivieron para quedar definitivamente en manos de documentos, fotografías, grabaciones y testimonios recopilados durante las últimas décadas.

Rosario hizo posible que una parte de esa memoria quedara a salvo. A los 15 años ayudó a cuidar a los heridos de una guerra. Durante buena parte de los 104 que llegó a vivir contribuyó también a cuidar su recuerdo.

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