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Música

Pilar Ferrero: "Dirigir 'Chimo' en el centenario de mi padre es muy emocionante"

La pianista y profesora, hija del maestro Ferrero, cogerá este jueves la batuta ante más de un millar de músicos en la interpretación colectiva del himno festero de los Moros i Cristians de Ontinyent

"Mi padre era músico y festero; esa unión explica que su música conecte tan bien con la gente y refleje el espíritu de la fiesta"

Pilar Ferrero, directora del conservatorio de Ontinyent e hija del maestro José María Ferrero, en un vídeo lanzado por la Societat de Festers para anunciar el acto.

Pilar Ferrero, directora del conservatorio de Ontinyent e hija del maestro José María Ferrero, en un vídeo lanzado por la Societat de Festers para anunciar el acto. / Societat de Festers

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Sergio Gómez

Sergio Gómez

Ontinyent

Pilar Ferrero Silvage ha recibido un encargo que nunca olvidará. Este jueves, la pianista, profesora de Música de Cámara y directora del Conservatorio Profesional Melcior Gomis de Ontinyent cogerá por primera vez la batuta ante más de mil músicos para dirigir ‘Chimo’, la archiconocida marcha mora que compuso su padre, José María Ferrero Pastor, y que con el paso de las décadas se ha convertido en el gran himno de las fiestas de Moros i Cristians de Ontinyent. El momento llega en pleno centenario del nacimiento del maestro Ferrero, que Ontinyent está conmemorando con conciertos, reconocimientos y diferentes iniciativas destinadas no solo a recordar su música, sino también a acercar su figura a generaciones que no llegaron a conocerle.

—¿Cómo afronta una cita tan especial?

—Con mucha ilusión. Dirigir 'Chimo' en el año del centenario del nacimiento de mi padre es algo muy emocionante. He tenido mucho tiempo para ir trabajando poco a poco y, además, está siendo muy bonito por cómo lo está viviendo la gente. Soy de Ontinyent y me paran por la calle, me preguntan y empatizan mucho conmigo. Te das cuenta de que no es solo algo familiar, sino colectivo, de todo el pueblo.

—¿Y cómo se prepara una directora para ponerse delante de más de mil músicos?

—Soy pianista y profesora de Música de Cámara en el Conservatorio de Ontinyent, pero no había dirigido nunca. Era un reto, aunque asumible. Chimo tiene un ritmo muy constante y no es una pieza especialmente complicada de dirigir. Pero tienes que hacer gestos muy claros que puedan entender todos los músicos. Yo he tenido la ventaja de que mi marido ha sido director de banda y me ha dado alguna noción. Si me hubieran pedido dirigir por primera vez La consagración de la primavera de Stravinski hubiera dicho que no (ríe). No estoy nerviosa. Tengo muchas ganas de que llegue el momento. Ahora solo falta que el tiempo acompañe, porque dan una posible tormenta para el jueves. Tocamos madera.

—¿Qué cree que diría su padre si pudiera comprobar la dimensión que ha alcanzado ‘Chimo’?

—Él ya era consciente de que Chimo había tenido éxito porque funcionó desde el primer momento. La compuso en 1964 y hasta que murió, en 1987, habían pasado más de veinte años. Lo que ocurre es que después su importancia todavía ha ido creciendo. El hecho de que Chimo cierre la Entrada de Bandas de Ontinyent ha ido haciendo que cada vez tenga más impacto. Hoy es uno de los actos más genuinos de nuestras fiestas. Como dice mi madre, "estaría bien orgulloso".

—¿Y cómo está viviendo la familia todos los homenajes del centenario?

—Estamos muy agradecidos. Se han adherido muchísimas asociaciones y colectivos de Ontinyent. Uno de los objetivos del centenario era precisamente refrescar su figura, ponerle cara al compositor para muchas generaciones jóvenes que conocen su música pero que no pudieron conocerle a él. Se han recuperado imágenes, recuerdos y muchos aspectos de su trayectoria. Está siendo muy bonito. El concierto del pasado 25 de julio, con las bandas del pueblo interpretando su música, fue precioso. Como dijo Alba del Moral (la periodista encargada de presentar el concierto) al final, la historia acaba decidiendo qué cosas permanecen, y en su caso estamos viendo que muchas siguen plenamente vivas.

—‘Chimo’ es su obra más conocida, pero ¿cuál es la huella que dejó su padre en la música?

—Su legado va mucho más allá. Uno muy importante fue la creación del Conservatorio, que nació en 1975 como centro reconocido gracias también al trabajo que desarrolló junto a su maestro. Y después está toda su aportación a la evolución de la música festera. Trabajó mucho en la evolución compositiva de este género y dio un impulso importante en los inicios de las marchas cristianas. En 1972 compuso el primer poema sinfónico inspirado en las fiestas de Moros y Cristianos. Trabajó mucho por Ontinyent, por la enseñanza musical y por la evolución de la música festera. Era músico y era festero, y probablemente esa unión explica que conectara tan bien con la gente. Su música llega porque, dentro de su sencillez, transmite perfectamente el espíritu de la fiesta.

—Para alguien que nunca haya vivido una Entrada de Bandas de Ontinyent, ¿cómo explicarías la multitudinaria interpretación ‘Chimo’?

—Es difícil explicarlo porque a cada persona le provoca una emoción distinta. Las bandas van entrando y colocándose en la plaza, llega el momento de entregar los premios, se presenta al director... Todavía escuchas algo de murmullo. Pero cuando coges la batuta, das la vuelta y te dispones a empezar, se hace un silencio brutal. Y el inicio de Chimo es muy impactante, con esa entrada de los bajos. Ahí notas un subidón enorme y solo puedes dejarte llevar.

—También tiene un fuerte componente de comunidad, algo significativo en una época de polarización.

—La música tiene esa capacidad para provocar emociones que llegan a muchísima gente. En ese momento tienes en la plaza a los músicos y el público muy apretados, simplemente dispuestos a disfrutar de cinco minutos de música. Es como el pistoletazo de salida definitivo de las fiestas. Antes ya ha habido actos, pero la Entrada de Bandas y Chimo representan el estallido. A partir de ahí va todo a fuego seguido. Hay un momento en que la plaza se queda en silencio, empieza la marcha y todo el mundo entra en ella. Es una sensación muy especial.

—Como mujer y música, ¿consideras que la integración femenina en la fiesta es ya completa o todavía queda camino?

—Creo que la mujer está ya bastante integrada. Lo que hacen falta son referentes, y cada vez los hay más. Durante mucho tiempo existieron tópicos incluso sobre qué instrumentos eran de chicos o de chicas, pero eso se ha ido rompiendo. Lo ves también en las campañas de formación, entre el profesorado o en iniciativas como los concursos para mujeres compositoras. Cuando hay referentes, las niñas ven que ellas también pueden hacerlo. Ya ha habido varias mujeres que han dirigido «Chimo». Cada mujer que va rompiendo una barrera ayuda a normalizar la situación. Y en la fiesta también hace ya muchos años que las mujeres comenzaron a ocupar todo tipo de puestos y cargos principales. Lo deseable es precisamente que llegue un momento en que sea completamente normal. Sin tener que pensar en cuotas ni en excepciones. Que simplemente sea lo normal.

Un Conservatorio de Ontinyent con casi 400 alumnos

—También eres directora del Conservatorio. En el año de su 50 aniversario, ¿qué reivindicación harías para el centro?

—El Conservatorio nació en 1975 como centro reconocido y posteriormente fue evolucionando hasta convertirse en Conservatorio municipal. Durante el curso 2025-2026 hemos celebrado las bodas de oro con muchísima actividad y eso nos ha permitido reencontrarnos con nuestra propia historia y también, evidentemente, con la figura del maestro Ferrero y el trabajo que hizo por su creación. Ahora estamos esperando que avance la remodelación del edificio. El Conservatorio es un centro muy integrado no solo en Ontinyent sino en la vida cultural de toda la comarca y está realizando una labor muy importante por la música. Tenemos casi 400 alumnos y alrededor del 40% procede de fuera de Ontinyent.

—¿Cuál es el estado de salud de la música en la comarca?

En toda la comarca hay una oferta musical extraordinaria, con sociedades musicales y escuelas de música en muchas poblaciones. El problema son las comunicaciones. Para muchas familias venir hasta Ontinyent al conservatorio supone organizarse siempre en coche. Nosotros intentamos facilitar horarios para que quienes vienen de fuera tengan que desplazarse el menor número de días posible. Esperamos que el proyecto del edificio pueda avanzar. Sería fantástico que este año empezara ya a redactarse.

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