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Moros y Cristianos

Ontinyent cierra sus días grandes con la reconquista cristiana

Los versos de Cervino, las Embajadas y los disparos de arcabucería marcan la jornada

Las tropas moras y cristianas libran su batalla en la Plaça Major de Ontinyent

Agustí Perales Iborra

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Sergio Gómez

Sergio Gómez

Xàtiva

Ontinyent puso ayer guinda a los días grandes de sus Moros y Cristianos con la Embajada Cristiana y el posterior Desfile Final, después de una jornada marcada por la pólvora, los históricos versos de Joaquín José Cervino y el simbólico cambio de dominio del castillo instalado en la Plaça Major. El lunes comenzó con la conquista mora de la villa, por la mañana.

Tras la misa celebrada en la parroquia de Sant Carles, las doce comparsas del bando de la Media Luna partieron desde la Cantereria encabezadas por sus cargos, mientras las tropas cristianas avanzaron desde el entorno del puente de Santa María hasta encontrarse a los pies de la fortaleza. La batalla de arcabucería dio paso a uno de los momentos más singulares de la ceremonia. El toque de silencio de una trompeta hizo callar los disparos y un jinete moro atravesó la plaza para entregar al centinela cristiano un pergamino en el que reclamaba la rendición de Ontinyent. El capitán cristiano, Ricardo Enguix, de los Estudiants, lo leyó y lo rompió públicamente.

A partir de ahí comenzaron los parlamentos escritos expresamente para Ontinyent por Joaquín José Cervino en 1860, que continúan interpretándose más de siglo y medio después. El embajador moro de este año, Sergi García, de los Moros Espanyols, acompañado por el capitán Juan Luis Galiana, de los Moros Marinos, y el abanderado David Mateu, trató de lograr la entrega del castillo frente al embajador cristiano José Luis Gandia y el abanderado Gonzalo Martí, de los Almogàvers.Primero llegaron los argumentos, después los ofrecimientos y finalmente las amenazas. La negativa cristiana desembocó de nuevo en los disparos y en el combate de arma blanca entre los representantes de ambos bandos. La victoria cayó del lado moro y la Media Luna pasó a ondear sobre el castillo.

El dominio musulmán, sin embargo, apenas duró unas horas. Ya por la tarde, la Embajada Cristiana repitió el ceremonial a la inversa y devolvió la fortaleza al bando de la Cruz, culminando así la representación que cada agosto recrea la conquista y reconquista de la ciudad.

Desfile final

Tras la recuperación del castillo llegó el Desfile Final, último gran acto festero y cierre de una «Setmana Gran» que ha vuelto a llenar las calles de música, pólvora y comparsas. Las Embajadas están reconocidas desde 2019 como Bien de Interés Cultural Inmaterial, mientras que los Moros y Cristianos de Ontinyent ostentan desde 2024 la declaración de Fiesta de Interés Turístico Internacional.

La programación todavía tuvo anoche un epílogo en el Museu del Tèxtil con la actuación de la charanga El Dólar dentro de «La Gran». Sin embargo, las fiestas no quedarán oficialmente clausuradas hasta el próximo 6 de septiembre, cuando la imagen del Santíssim Crist de l’Agonia sea subida de nuevo hasta la ermita de Santa Anna. n

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