19 de marzo de 2010
19.03.2010

Delibes y Camus, intelectuales unidos por el fútbol

Julián García Candau

19.03.2010 | 06:30

En el año en que se conmemora el cincuenta aniversario de la muerte de Albert Camus ha fallecido Miguel Delibes. Ambos escritores, de reconocido prestigio mundial, han sido dos de los destacados intelectuales que han tenido por el fútbol gran aprecio y visión pedagógica. Camus y Delibes, cada uno en su país, y por razones distintas, ayudaron a derribar la barrera que se pretendió establecer aduciendo que era el opio del pueblo.
Hubo muchos años en que el fútbol no gozó de buena prensa. Muchos escritores y artistas trataron de disimular su pasión futbolística porque ello no era bien visto en sus ámbitos. Camus no sólo defendió al fútbol diciendo que cuanto sabía de ética lo había aprendido en los campos de fútbol. Fue portero del R.U.A. equipo de la Universidad de Argel. Antes de ocupar la portería mostró buenas condiciones como jugador, pero su pobreza le impedía seguir rompiendo calzado. Era huérfano, su madre era pobre de solemnidad y su abuela, una balear con mal genio, le daba enormes tundas cada vez que destrozaba una alpargata.
Acabó siendo guardameta y con gran porvenir futbolístico aunque Argelia no era el mejor sitio para progresar en tal deporte. En su autobiografía El primer hombre recuerda sus peripecias deportivas con nostalgia. Ya en Paris, e incluso tras recibir el Premio Nobel, continuó manteniendo su pasión, que fue ejemplarizante para otros intelectuales franceses. Camus llegó a manifestar que toda la filosofía de la vida puede aprenderse en la zona en la que el gol es la culminación de un destino común.
Con anterioridad a Camus ya había dejado páginas dedicadas al fútbol Henry de Monterlant, Los once ante la puerta dorada, quien también fue guardameta. En Francia, Camus tuvo en André Maurois y Jean Girardoux dos compañeros de viaje en la querencia balompédica. Curiosamente, el puesto de cancerbero lo practicaron otras grandes figuras como Vladimir Nabokov, quien lo cuenta en Habla memoria.
En España jugó profesionalmente en la Real Sociedad, y hasta su lesión en una rodilla, el escultor Eduardo Chillida quien estuvo a punto de fichar por el Madrid.
También en España costó admitir que escritores y artistas tuvieran algún apego futbolístico. Rafael Alberti con su Oda a Platko y Miguel Hernández con la dedicada a Lolo Sanpedro portero del Orihuela ofrecieron dos muestras poéticas trascendentales. Otros poetas como Gerardo Diego también hicieron su aportación literaria al deporte mayoritario.
Miguel Delibes jugó en el Colegio de Lourdes de Valladolid y de practicante pasó a dedicarle interesantísimos artículos en los que mostró sus querencias y contrariedades. Delibes en El otro fútbol denostaba el cerrojo y afirmaba que con el tiempo las tácticas habían restado estética. En los años ochenta decía : «El fútbol español de hoy resulta pueril, enjuto e inoperante. La cabriola, el regate en corto, el pasecito horizontal, la triangulación del juego en el centro del terreno no conducen a nada práctico». No le gustaba que la agilidad fuera sustituida por la fuerza. Defendía el juego por las alas, con auténticos extremos a pesar de que a estos les salían escalonadamente los defensas y les resultaba muy difícil salir del segundo regate.
Delibes fue socio del Valladolid y asistió al viejo Zorrilla cada domingo. En los últimos años, por razones de salud, veía los partidos por televisión. Desde el punto de vista deportivo, además de ser gran cazador, fue defensor de los valores futbolísticos.
Roto el mito según el cual intelectual que se preciase no debía ser aficionado al fútbol, hemos visto en los diarios artículos de premios Nobel como García Márquez y Cela. Pero en la nómina de grandes escritores con literatura dedicada a esta disciplina deportiva hay gentes con pasiones distintas: Juan Benet, Juan García Hortelano, Jesús Fernández Santos, Mario Vargas Llosa, Javier Marías, Vázquez Montalbán, Lázaro Carreter, Dámaso Alonso («Cuando jugaba al fútbol ya zurdeaba»), José María de Cossio, quien compartió fútbol con toros, José María Guelbenzu, Mario Benedetti («Me ponían de portero porque era petiso»), Ernesto Sábato, quien como jugador era bronco, y se pegaba por el equipo Estudiantes de La Plata. Tal vez Camus y Delibes han sido dos de los intelectuales que más han hecho con su ejemplo por la difusión literaria del deporte rey.

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