14 de junio de 2010
14.06.2010

El sacristán de Maugham, hoy

14.06.2010 | 02:00

Rafa Prats

L
o que a continuación se cuenta es la narración El sacristán, de William Somerset Maugham (1874-1965), actualizada, puesta al día, dadas las circunstancias colonizadoras que nos asedian.
"Tras la misa de seis, el nuevo párroco de San Pablo preguntó a Pedro Romero Pradas:
-¿Sabe usted inglés?
-No, señor -respondió el sacristán-, pero hablo valenciano y me defiendo en francés.
-Lo siento mucho -fue la respuesta del sacerdote-, pero esos idiomas no nos sirven. De un tiempo a esta parte, vienen a la ciudad numerosos turistas y para entenderse con ellos es necesario saber inglés. Deberá usted aprender esa lengua, si desea seguir en su puesto de trabajo.
Pedro salió apenado del templo. Le agobiaba la idea de ponerse a estudiar un nuevo idioma, a su edad, a punto de entrar en los cincuenta. Eran las siete de la tarde y el sol todavía iluminaba aquella jornada de julio. Decidió callejear y pensar. Pasó junto a un parque y decidió sentarse en un banco y leer.
Buscó en vano comprar un libro. No había librerías en la contornada y se le ocurrió la idea de abrir una tienda por allí. Porque -se dijo- "lo mismo que me sucede a mi le puede suceder a otras personas". Tenía unos ahorros y, sin dudarlo, buscó un bajo que se alquilara. Lo encontró. En su puerta, un letrero indicaba el número al que se debería telefonear para ponerse en contacto con el propietario.
Visitó el local a la mañana siguiente, y firmó el contrato. Tenía un buen escaparate y no tardó en vender los primeros libros. Se fue haciendo con una clientela. Siempre le gustó leer y había leído mucho, por lo que su conversación resultaba muy agradable a los clientes.
En vista de que el negocio estaba encauzado, decidió abrir otra librería en otro lugar distante de establecimientos similares. Cuando quiso darse cuenta contaba con una cadena de librerías. Un día, cuando hacía uno de los ingresos en su cuenta, el director del banco le propuso ampliar internacionalmente el negocio. "Tengo una oferta de una empresa australiana -le informó- para abrir aquí una red de establecimientos dedicados al ocio: libros, discos, películas. Se busca una persona emprendedora que conozca el negocio. Creo que no se encontrará otra como usted que, en unos meses, a levantado un imperio".
-¿Y qué es lo que debo hacer?
-Muy sencillo, léase esta carta, rellene este formulario, conozca las condiciones del contrato y a firmar.
-Pero todo esto está escrito en inglés y yo no sé inglés.
-Que no sabe ustedÉ ¿Pues adónde hubiese llegado si supiera inglés?
-A sacristán de la iglesia de San Pablo".

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