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Más de 20.000 personas, según el personal de seguridad, llenaron ayer el nuevo recinto de conciertos de la Marina Sur del puerto de Valencia para vibrar con el rock duro de Iron Maiden. La legendaria banda, que celebra 35 años de vida, cerraba gira anoche en Valencia con su único concierto en España y derrochó decibelios, sudor y profesionalidad. Bruce Dickinsonse acordó de Valencia en el inicio de una de las primeras canciones del espectáculo, que empezó a eso de las 21.15 horas, después de que los teloneros Edguy caldearan el ya tórrido ambiente de una calurosa tarde de agosto.

«Es el último concierto de la gira, pero no el último concierto de Iron Maiden en España», dijo Dickinson antes de la cuarta canción. El recinto se estremeció ante la buena nueva para los fanáticos de una banda histórica del heavy metal. «Es precioso estar en España. Es un placer estar esta noche en Valencia», gritó Bruce frente a un público enfervorecido antes de hacer atronar las guitarras.

El público, de muy diversa procedencia —incluso se vio alguna bandera de países extranjeros—fue unitario en la estética. El negro fue casi color único en las camisetas, algunas de las cuales reflejaban el paso del tiempo: son ya 35 años de historia y de fieles seguidores en todo el mundo. El rótulo con el nombre del mítico grupo británico destacaba en la mayoría de las prendas.

Un grupo de cuatro amigos de Palma de Mallorca presumía poco antes del inicio del concierto de seguir a Dickinson y los suyos allí donde van, porque »«nos encantan». «Ha sido un viaje relámpago. Hemos venido hoy y nos vamos mañana de vuelta», afirmaba uno de ellos a Levante-EMV.

Una pareja de Navarra había llegado ayer mismo en un viaje especial concertado en autobús desde Pamplona y se lamentaba de tener que regresar sólo una hora después del concierto.

Cuatro amigos de Albacete, Madrid, Monserrat y Moncada se conocieron entre sí en otro concierto de heavy. Desde entonces, «quedamos para ir a todos las actuaciones de Iron Maiden, porque llevamos el ?heavy metal? en la sangre», comentaba José.

Otro grupo de nueve valencianos, de distintos municipios, se jactaba de que tenían las entradas desde que salieron a la venta en junio pasado. «Algunos estamos en paro, pero hemos ahorrado todo el año para venir a verlos».

También se pudo oír alguna crítica, como la de Esther y Alejandra, dos amigas de Barcelona y Castelló, decepcionadas porque les habían dicho que no iban a cantar las canciones más antiguas.

La diversidad fue también de edades: desde veinteañeros hasta cuarentones y más. En las barras, numerosos carteles recordaban cada pocos metros la prohibición de vender alcohol a menores. A los que podían serlo se les pedía el DNI.

El escenario, de aires futuristas, demostró su espectaculares posibilidades, cuando se abrió, dejó mayor profundidad y allí apareció Dickinson.

El líder de los Iron había llegado al mediodía a Manises, pilotando —con uniforme— un avión lleno de seguidores de la banda, tal como avanzó Levante-EMV. Al cierre de esta edición, seguía dejándose la voz.