20 de octubre de 2010
20.10.2010
Premios Príncipe de Asturias

Manos Unidas, 50 años de lucha contra la pobreza

La ONG, que trabaja en 64 países, recibe el viernes el Príncipe de Asturias a la Concordia

19.10.2010 | 22:19
La presidenta de Manos Unidas, Myriam García Abisqueta.

Manos Unidas es la ganadora de la última edición del premio « Príncipe de Asturias» de la Concordia, un reconocimiento a cincuenta años de lucha contra la pobreza y el hambre en el mundo, en favor de la educación y de las mujeres. Fue precisamente un grupo de ellas el que constituyó esta organización en la década de los sesenta, un movimiento estrechamente vinculado a la Iglesia católica y pionero de la solidaridad internacional.

«Un honor, una responsabilidad y un estímulo». Así recibió la noticia de la concesión del premio la presidenta de la ONG (organización no gubernamental), Myriam García Abrisqueta. La responsable de Manos Unidas dedicó el galardón «de corazón» a todos los que colaboran y trabajan para mejorar la calidad de vida de «aquellos que viven en situaciones injustas». «Me siento una privilegiada por ser la presidenta de Manos Unidas y estar aquí y ahora, pero yo represento a todos los voluntarios, a todas las delegaciones, a los que están trabajando en el Sur y a todos aquellos que viven en situaciones indignas e injustas», declaró.

Por eso, añadió, «este premio está repartidísimo», como a veces ocurre con el gordo de la lotería de Navidad, bromeó, se reparte entre mucha gente y «es una gran alegría». «Aunque las cifras revelan que últimamente se ha reducido la pobreza, de 1.020 millones de personas a 935 millones, todos ellos son personas y nosotros luchamos por ellos», señaló, así que mientras haya «una persona que pase hambre» Manos Unidas seguirá adelante.

García Abrisqueta agradeció los más de 6.600 apoyos recibidos por la candidatura, presentada por la Conferencia Episcopal Española, y en los que han coincidido personalidades e instituciones «con ideologías diferentes». Además de misioneros, obispos y superiores de comunidades religiosas repartidas por todo el mundo, las muestras de apoyo llegaron de ámbitos tan diversos como la política, la cultura o el deporte.

El misionero asturiano Kike Figaredo, prefecto apostólico en Battambang (Camboya), donde lleva años colaborando con Manos Unidas, visitaba ayer la sede de la organización en Madrid cuando, al mediodía, Vicente Álvarez Areces leía por última vez, al haber decidido no presentarse a la reelección a la Presidencia del Principado, el fallo del jurado de la Concordia.

«Se vivió con mucha alegría y se brindó con sidra El Gaitero», cuenta el jesuita gijonés. Al llegar a las oficinas de la organización, hacia las diez de la mañana, para preparar la visita de varios de sus responsables a Camboya, entró diciendo: «Vengo con vosotros a celebrar el premio de la Concordia, yo lo doy por hecho», y dos horas después hubieron de concederle la razón. «Hubo alegrías, saltos, abrazos y alguna lagrimilla», confesó. «Es una alegría muy compartida, porque supone un reconocimiento a la causa, al trabajo y a todas las personas involucradas, a todos los que trabajan por la igualdad y la justicia». Manos Unidas, destacó Figaredo, ofrece a misioneros en más de sesenta países en vías de desarrollo el soporte financiero y organizativo y el respaldo moral que necesitan. «La historia de Manos Unidas es la de cincuenta años de fidelidad. Cuando ni las ONG ni la causa de la mujer estaban de moda, y allí estaban estas mujeres luchando», destacó, y ha sido pionera en muchos aspectos. «Fue de las primeras ONG, cuando nadie hablaba de ello, que se opuso a las minas antipersona», observa el jesuita.

Manos Unidas fue constituida en 1960 por un grupo de quince mujeres de Acción Católica Española, en respuesta a un llamamiento contra el hambre de la agencia de Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación, la FAO. Desde entonces, han financiado más de 25.000 proyectos en 64 países de Asia, África, América y Oceanía. El año pasado 4.500 voluntarios colaboraban con la organización, en su mayoría mujeres. Manos Unidas tiene 80.000 socios y el año pasado recaudó más de 54 millones de euros. Buena parte de ese dinero se recogió en la colecta de febrero, entre los fieles de todas las parroquias españolas.

El principal promotor de esta distinción, la Conferencia Episcopal Española, celebró especialmente la decisión del jurado e hizo hincapié en que esta organización contribuye de forma «ejemplar y relevante» al entendimiento y a la convivencia en paz entre los hombres. El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, acogió con «gozo y gratitud» el premio. «El compromiso de la Iglesia católica por los más desfavorecidos, en los cuales ve y abraza la imagen de Dios, tiene muchos cauces y son muchas sus iniciativas concretas», agregó. Manos Unidas, dijo, «no ha dejado de salir al encuentro de todos los hambrientos en todos sus rostros. El hambre de pan, de cultura, de fe, es el que sigue siendo objeto de compromiso cristiano y eclesial en esta organización».

Con el de la Concordia se cierra la lista de galardonados de esta edición de los « Príncipe de Asturias». En esta trigésima edición de los premios han sido distinguidos el escultor estadounidense Richard Serra, el equipo arqueológico de los Guerreros y Caballos de Terracota de Qin Shihuang, los sociólogos Alain Touraine y Zygmunt Bauman y los bioquímicos David Julius, Baruch Minke y Linda Watkins, el escritor libanés Amin Maalouf, The Transplantation Society y la Organización Nacional de Trasplantes española y la selección española de fútbol.

Los premios serán entregados el próximo día 22 de octubre, en una ceremonia presidida por don Felipe de Borbón y su esposa, doña Letizia, en el teatro Campoamor de Oviedo.

Manos Unidas destinará los 50.000 euros del premio « Príncipe de Asturias» de la Concordia a un nuevo proyecto para la reconstrucción de Haití, que se sumará a los once que ya financia en aquel país.

La atención de la comunidad internacional se volvió hacia aquel país el pasado mes de enero, cuando un terremoto asoló pueblos y ciudades. Sin embargo, Manos Unidas lleva treinta años trabajando en Haití. Su presidenta, Myriam García Abrisqueta, indicó que ese país constituye «un ejemplo» de su forma de trabajar, que resume de este modo: «Estamos acompañando, estamos cerca y queremos estar atentos a las necesidades» de cada comunidad.

Pepe Valero, delegado de Zaragoza y miembro de la Comisión Permanente de Manos Unidas, puso el acento en el hecho de que este galardón puede servir para «sensibilizar eficazmente a la población española de que ese ochenta por ciento de personas que viven en la pobreza» necesita ayuda.

Valero se refirió a la labor de «las quince mujeres que decidieron cambiar el mundo» en aquel año 1960 y ha comparado «las 15.000 pesetas» que recaudaron en la primera campaña contra el hambre y los 54 millones de euros obtenidos en el año 2009.

«A lo largo de su medio siglo de existencia (Manos Unidas), viene prestando su apoyo generoso y entregado a la lucha contra la pobreza y en favor de la educación para el desarrollo en más de sesenta países y, además, por su contribución, en los últimos años, en proyectos específicos cuya meta es combatir el hambre y reducir la mortalidad materna en el mundo».

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