Al final, el legado de Vicente Blasco Ibáñez permanecerá unido en Valencia. Siempre que nada se tuerza. Tras acusaciones altisonantes y advertencias de traslado a Madrid durante los últimos meses, representantes de la fundación impulsada por la nieta del autor y técnicos del Ayuntamiento de Valencia alcanzaron ayer un principio de acuerdo para reconducir la situación.

Los herederos ceden a la hora de tratar de manera separada las dos partes del legado (una se conserva en la Casa-Museo Blasco Ibáñez desde 1997 y otra está en manos de la fundación tras ser retirada en junio del MuVIM), pero imponen que la cuestión de la propiedad sobre el material depositado en el chalé de la Malva-rosa no se aplace más.

Así, como las dos partes mantienen posiciones muy alejadas sobre ese conflicto -el ayuntamiento considera que esos fondos le pertenecen pues la nieta, Gloria Llorca Blasco-Ibáñez, los cedió antes de la creación de la fundación y esta defiende que sólo están en depósito y la propiedad es suya-, han acordado ahora aceptar lo que un juez o un tribunal de arbitraje resuelva sobre el asunto. Aunque fallara a favor de la familia, el secretario de la fundación, Ángel López, aseguró ayer que la intención es que el material permanezca allí.

Mientras tanto -el proceso puede durar varios años-, los fondos retirados del MuVIM (fotografías, cartas personales, contratos y libros) irán también a la Casa-Museo. No habrá inyección económica por ello, según López, y el presupuesto del chalé seguirá en torno a los 30.000 euros. Eso sí, la fundación tendrá más capacidad de decisión en su funcionamiento.