Que tiempos aquellos en los que Lola Johnson, de momento consellera del ramo, Concha Gómez, entonces subsecretaria de Cultura, e Inmaculada Gil Lázaro, directora general de Teatres de la Generalitat, compartían palco en el teatro Principal y coche oficial-por cierto, qué será del Mercedes que compró Gil Lázaro y dónde estará, porque igual ya no arranca- a la conclusión de la función. Significativamente, el tiempo ha vuelto ahora a unirlas aunque en cargos diferentes, pero como si el tiempo no hubiera pasado.

Cuentan y cuentan del entramado en el que andan merodeando a fin de conseguir poner la bandera en lo alto del Palau de les Arts. A un año, recuerdan otros, de que pueda finalizar una etapa en este coliseo valenciano donde desde hace unas semanas la improvisación y las sorpresas están a la orden del día y la espantá puede ser de vértigo. Un día contaremos lo de Mehta y Fabra.

Dentro de ese afán de dotar de contenidos el mausoleo de Calatrava, Cultura quiere llevárselo todo allí pero sin que exista plan conocido de actuación alguno ni haya existido un mínimo acuerdo interno para saber cómo nos vamos a organizar. Porque si los espectáculos del Talia han de terminar en la Martin i Soler ya debería existir un plan concreto, igual que saber cuál será el calendario del Ballet de Teatres, si va a bailar o sólo a continuar ensayando. Y sobre todo de qué forma se van a interconectar con los proyectos ideados desde Les Arts o quién pagará los múltiples gastos que genera abrir una sola puerta allí. Y si tanto prima el ahorro, ¿qué harán ahora con el Centro Coreográfico de Burjassot dotado de unas instalaciones específicas para la danza y propiedad de la Generalitat?