07 de diciembre de 2013
07.12.2013

Cincuenta años del Apolo de Pinedo

07.12.2013 | 05:30

Apolo de Pinedo es como se conoce a la estatua de bronce descubierta en la playa de Pinedo de Valencia en 1963 por un grupo de cuatro amigos aficionados a la pesca submarina, un hallazgo casual de sumo interés por su singularidad y por la larga historia de avatares que ha vivido en su singladura debida a su alumbramiento en el lecho marino en el que había permanecido desde el principio de nuestra era.
En el momento del descubrimiento, a tan solo trescientos metros de la orilla y unos diez metros de profundidad, unicamente otro objeto «pescado» cerca de Tarragona en un lejano 1946, el sarcófago de mármol con el mito de Hippólitos y Phaidra, podría compararsele en importancia, según A. Garcia y Bellido, y ninguno de bronce de su tamaño en el medio marino, en España.
Todo sucedió un domingo, ocho de diciembre del año mencionado, y la estatua de una altura próxima al metro y medio, apareció sin la pierna derecha y con las excrecencias provocadas por el medio en el que apareció y en el que permaneció, probablemente, desde la época imperial.
La pierna en realidad había sido localizada poco después del hallazgo de la figura pero fue retenida por la persona que la encontró, quién sólo años más tarde la ofreció en venta para posibilitar la reconstrucción, pero la adscripción del efebo resulta opinable porque ni los llevaba ni ha aparecido atributo alguno que pudiera identificarlo; no obstante, según José L. Jimenez Salvador se trataría «de una copia en época romana del original realizado por Demetrio de Mileto a finales del siglo II a. de C., representando a Apolo Delphinio». El mismo J. L. Jimenez mantenía, en mil 1994, que se trataba de una obra excepcional, sin parangón en cuanto a «su iconografía, tamaño y marterial utilizado».
Ya hemos mencionado que no se conoce qué atributos tendría la estatua, tampoco se sabe nada del soporte en que se encontraría, siendo una imagen sedente, ni el espacio al que estaría destinada, público o privado, igualmente se desconoce si se hundió en el mar a propósito o bien lo hizo accidentalmente a causa de un naufragio, porque no se sabe el estado de la costa de Pinedo en época romana.
El Apolo de Pinedo ha sufrido, desde su recuperación del lecho marino, dos restauraciones integrales; ambas fueron realizadas por el Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura, la primera tuvo lugar tras el hallazgo y todavía sin su pierna derecha; la segunda, poco después de la compra de dicha pierna, culminó en 1994 y conservó los ojos de pasta vitrea colocados en 1967.
Si bien es conocido el papel que el Servicio de Investigación Prehistórica y su museo de Prehistoria, actualmente en el Centro de la Beneficencia, en la conservación y puesta en valor del hallazgo, es menos conocido que debemos la posibilidad de contemplar la serena belleza del Apolo a Ignacio Cuartero, Joaquín Garcia, Ramón Chichell y Francisco García quienes depositaron la pieza en el Parque Móvil de Ministerios el mismo día en que la encontraron, al tiempo que se ponían en contacto con Domingo Fletcher, a la sazón director del SIP, ofreciendo su hallazgo casual a las futuras generaciones, prescindiendo del lucro personal y de los reconocimientos que, es de bien nacidos, podemos renovarles, 50 años después.

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