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Música crítica

Aute con historia

No hay cantautor en español más íntimo y erótico que Aute (Mojándolo todo), cuyos prólogos a las canciones, en los que suena como si hablara al acompañante en el lecho, valen tanto como estas

Luis Edurado Aute

Espai Rambleta (valencia)

No son tiempos para el optimismo. Así lo ve al menos el Aute de siempre, que inició su último concierto de la gira por España de El niño que miraba el mar con un cortometraje de animación, pura artesanía salida de los lápices del propio artista que explica el título y la filosofía de su último trabajo, surgido de la confrontación autobiográfica del autor maduro con el Aute niño para concluir con una visión desencantada de la condición humana: tránsito de la inocencia al basilisco, monstruoso ser mitológico que mata con la mirada. En eso andamos, pronosticó el viejo cantautor (Manila, 1943): jugueteando con unos «tiempos límite en que el gran basilisco colectivo va a despertar de sus cenizas». En eso estamos, soportando un Feo Mundo Inmundo que lleva las siglas de los culpables. En eso vamos, viendo como «lo que iba ser una revolución va a ser una socialdemocracia», dijo el más escéptico Aute.

Ojalá profetizar no sea su vocación perdida. Pero si ha de ser, que el porvenir nos sorprenda cantando o con el sexo (o Dios) en la boca, si es que son distintos, porque según el Aute metafísico, el big bang es el gran orgasmo de Dios. No hay cantautor en español más íntimo y erótico que Aute (Mojándolo todo), cuyos prólogos a las canciones, en los que suena como si hablara al acompañante en el lecho, valen tanto como estas. Lo saben sus fieles (de un arco de edad cada vez más extenso conforme pasa el tiempo), que llenaron el auditorio de la Rambleta la noche del viernes para escuchar a un tipo «de provecta edad» que «canta canciones del siglo pasado» y no sale en radio ni televisión.

Canta también canciones del siglo XXI, sí (la que da nombre al último disco, de hace dos años y que hasta ahora no había presentado por estos pagos, es una de sus mejores creaciones maduras), aunque sabe que el público espera sus himnos. Para estos prefiere la soledad de su voz y su guitarra. Prefiero amar, Anda y No te desnudes todavía llegaron en la parte central de la larga noche (más de dos horas y media, corto incluido). Giraluna, Slowly, Las cuatro y diez, De alguna manera y Sin tu latido en los bises, cerrados con La belleza y una tan apoteósica como quizá demasiado obligatoria versión a capela de Al alba.

Si la vida es una farsa sin apuntador, bueno sería que Aute ocupara el puesto vacante.

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