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Entrevista | David Barreiro

"El periodismo vive una crisis de fe"

"Es una profesión que quema. Los periodistas envejecen más que el resto"

"El periodismo vive una crisis de fe"

¿Quién es este periodista llamado Peláez?

Es un redactor de un periódico local, un periodista de la vieja escuela que cree en su oficio. Es un hombre honesto e íntegro, un periodista vocacional. Sólo tiene un problema: su jefe. A él sólo le interesa el dinero, llenarse la tripa y vivir bien. Le da igual eso del periodismo. A partir de estos dos personajes antagónicos nacen los diálogos del libro, basados en el humor, la ironía y la crítica social.

¿Queda gente como Peláez en los medios?

En la prensa local hay muchos periodistas sin la popularidad de los grandes comunicadores y se esfuerzan cada día para sacar noticias. Como dicen los americanos, «trabajan para la comunidad». Son periodistas que huyen de la política de los gabinetes de comunicación y las ruedas de prensa sin preguntas. Pero es algo vocacional, porque nadie se mete en periodismo por dinero o fama. Es una profesión complicada, que quema. Los periodistas envejecen más que el resto de las personas.

Dice que en su libro quiere hablar de la realidad de este país, ¿por qué ha utilizado la redacción de un periódico como escenario?

Se trata de un sitio cerrado que es un reflejo de lo que ocurre en la realidad y allí puedo tener «atrapados» a los personajes. Además existe esa mística con la redacción de los periódicos, aunque no suenan los teléfonos y los teletipos como antes, ahora es más aséptico.

En las conversaciones entre Peláez y su jefe reina el sarcasmo. ¿Echa de menos una dosis de humor en las noticias?

Alguien decía que el humor es algo muy serio. El humor es una vía para contar hasta las tragedias. Se puede trabajar una mirada más ácida en determinadas secciones.

¿Peláez tendrá que escribir pronto para tabletas digitales y dispositivos móviles?

Las nuevas tecnologías lo han modificado todo y los periódicos están en una situación difícil, pero el papel no deja de ser un medio. Si la gente valora el periódico da igual donde lo lea. El problema es que aquí se asocia internet con contenidos gratuitos.

Se respira una grave crisis de confianza en los políticos. ¿La hay en los periodistas?

El periodismo vive una crisis de fe. A veces está justificada y a veces no. En ocasiones los periodistas han sido portavoces de los políticos o, por ejemplo, han consentido que el presidente del Gobierno comparezca en una pantalla de plasma. Si hiciéramos como Larra y sacáramos un periódico en blanco igual las cosas cambiaban. Pero es una crisis que afecta al establishment, porque el reportero de calle sí que está valorado por la gente y por su ciudad.

¿Anima a los jóvenes a ser como Peláez?

La gente del oficio siempre dice: «¡No te dediques a esto!», pero ellos aman su profesión. Ser periodista es una responsabilidad social y creo que debe ser vocacional.

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