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Entrevista | Isabel-Clara Simó

"No conozco ningún creador sin ternura"

La autora de Alcoi, que novela la vida del primer y olvidado amor de Picasso en «L'amant de Picasso» (Bromera), considera que ella fue «la única que entendió el nacimiento del cubismo»

"No conozco ningún creador sin ternura"

"No conozco ningún creador sin ternura"

¿Para conocer a Fernande Olivier, lo mejor es observar «Las señoritas de Aviñón»?

En absoluto? [ríe] Las señoritas de Aviñón es el punto de vista de Picasso, como todo lo suyo, y además Fernande no era una prostituta y las del cuadro, sí.

Pero la historia ha dejado a Fernande como promiscua y a Picasso como mujeriego simpático. ¿Injusto?

Ya se sabe que el trato no es igual. Son atavismos de la Edad de Piedra.

¿Fernande es una mujer maltratada?

Es maltratada cuando se casa a la fuerza con un individuo que la había golpeado y herido. Pero pudo escaparse y se cambió el nombre. Lo único que tenía para vivir era hacer de modelo y así conoció al grupo de Picasso.

¿El olvido y la pobreza de Fernande cuando Picasso alcanza el éxito demuestra la desconsideración del genio?

Evidentemente. Picasso era extremadamente genial, pero también ególatra, y creo que le tenía algo de miedo a Fernande. Mi tesis es que es la única persona que, como estaba tan atenta a él, vio el nacimiento del cubismo, la única que entendió lo que estaba haciendo, y eso le dio miedo.

Claro que ella también utilizó lo que sabía para sacar tajada con las memorias...

Sí, pero nunca se carga a Picasso. Hay quien dice que es porque cobró, que lo hizo, pero porque Picasso supo que estaba en la miseria y le envió un millón de francos. Dudo mucho que ella cambiara sus memorias por eso y que tuviera ganas de hundir a Picasso. Ella continuaba queriéndolo. Pero son presunciones mías.

¿Y por qué la tenaz oposición de Picasso a que ella desvelara algo de su vida en común?

Tenía un pasado oscuro, ¡eh! Había hecho pequeños robos en el Louvre, incluso había tenido alguna aventura homosexual, que en el París de la época no tenía ninguna importancia; había hecho trampas para no ser llamado a filas en España y sufrió cobardía por no incorporarse a la I Guerra Mundial como todos sus amigos. No le venía bien que un testigo de primera fila de todos esos hechos los contara. Y realmente, se han mantenido bastante en secreto.

El Picasso que vemos en la novela es orgulloso, vicioso, celoso, violento, maniático, simpático... ¡Vaya genio!

Claro, pero es tal genio que da la vuelta al punto de vista de la pintura, algo que pasa pocas veces. Como Newton en la física. En arte hay algunos buenos pintores, pero solo muy pocos han dado un giro total a la lectura de la pintura. Ahora se habla mucho de Warhol, simpático e ingenioso, pero no cambió la mirada de la pintura.

¿La delicadeza es enemiga del arte?

Picasso detestaba a los miaturistas y él era un hombre de pintura violenta, fuerte, agresiva, entre comillas masculina. Cada cuadro era un grito. Pero no olvidemos que también es el autor de la época azul y rosa, llenas de ternura. Creo que todo creador la tiene. No conozco ninguno sin ternura.

«Millor que llegir no hi ha res», le hace decir a Fernande. ¿Leer no es muy antiguo hoy? Mire las encuestas.

Bueno, narro otra época. Pero sobre todo, Fernande era muy buena alumna y asimila a través deel círculo de Picasso que el conocimiento es fundamental en la vida. No es una simple modelo. Y Gertrude Stein, la intelectual más importante y descubridora de Picasso, le cogió mucha manía. Su visión del pintor era la de los toros y lo español, mientras otros defendían que la pintura de verdad de Picasso nacía en Cataluña. Fernande le dice que él no tiene nada de español y ella se molesta.

¿Esa lectura no contiene un enfoque catalanista?

No, no. Procuro no mezclar la ideología con las novelas, porque eso es hacer trampa. Para ideología, un ensayo. Pero si rascas en las novelas, dentro siempre está el rastro del autor y de su pensamiento.

¿Entonces el ocaso del pujolismo no le da para una novela?

No me interesa en absoluto. Para mí, es un dejà vu. Siempre he pensado que era una familia bastante turbia y nunca me he fiado. Otra cosa es que ha hecho mal al independentismo, que eso es seguro. La pregunta que queda en el aire es el porqué de la confesión.

¿Alguna idea?

Creo que fue un arrebato místico, aunque me dicen todos que no. Es mayor y pensó que tenía que confesar y hacer penitencia.

¿Está más cerca de Artur Mas ahora que lidera un plan independentista?

Solo un poco. Creo que ha sido una actitud valiente, aunque es bastante sibilino lo que hace, porque nunca utiliza la palabra referéndum y está más atento a los resultados electorales que a otra cosa. Pero, con todo, ha llevado al partido más emblemático de Cataluña a rozarse con Esquerra Republicana y eso está bien. Han cambiado las cosas, pero la última palabra la tendrá el pueblo.

¿No es ahora menos independentista por llevar la contraria?

No. Lo soy mucho más, porque no estoy tan sola. Ahora tengo esperanza.

¿Y lideraría una lista, como va a hacer el poeta Luis García Montero en Madrid?

No. No tengo nada de vocación política. Aprecio mucho a Alfons López Tena y por eso acepté ir en la lista de Solidaritat, pero mi deseo era no ser elegida y no salí por los pelos. Me hubiera roto la vida, porque lo mío es escribir. La política no me interesa nada.

El uso del valenciano por la alcaldesa de Valencia ha saltado ahora a los medios estatales. ¿Qué ha sentido?

[Carcajadas] Me produce menosprecio y no solo por esta metedura de pata, sino por toda su actuación. No sé por qué es tan popular en Valencia. Todo en ella es turbio, desde el Cabanyal a las tumbas de los muertos de la Guerra Civil y los bolsos.

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