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La Guinda

Vámonos de boda

Mira que gusta una boda, un matrimonio, un jolgorio con su tarta y su todo. Que luego vengan los avemarías es otra cosa, pero emperifollarse como para un carnaval le gusta a mucha gente. A la tele también. Unas cadenas se lo toman con humor, otras también. No sé si recordarán una de las tontunas de Telecinco, que hizo de las bodas un atelier para ridiculizar los sentimientos, para banalizar estas cosas, para reírse de la gente, y de paso, como es normal en estas empresas, hacer caja —Mediaset cerró el pasado año con un beneficio de casi 60 millones de euros, y Atresmedia cerca de 50—. Si una boda está oficiada en el plató por Kiko Hernández, el programa se llama Las bodas de Sálvame, una de las casaderas es Chiqui, la mujer pequeña que concursó en Gran Marrano, y la madrina es Mercedes Milá, es fácil advertir la mamarrachada de boda. Que no, que no, que ni en nombre del espectáculo está justificada tanta payasada. Pero como diría la sabia Mafalda, bah, qué más da, en la televisión sólo hay televisión. Ahora, también con el matrimonio como excusa, Cuatro sigue con su éxito ¿Quién quiere casarse con mi hijo? y Antena 3 acaba de estrenar Casados a primera vista. Lo de Cuatro sabemos de qué va. La cadena busca por aire, cielo y tierra a cualquier mozo dispuesto a todo, sobre todo si tiene la lengua larga, la cabeza un poco hueca, y es capaz de decir frases que se puedan esculpir en cualquier Partenón erigido al dios de la fatuidad, la estulticia, la burricie y la falta de cochura ciudadana. Por ejemplo, si formas parte del cupo gay del programa es un punto a tu favor no sólo que seas guapo, estés dispuesto a jugar a ser fiel aunque tengas alma de puta salvaje, sino que seas capaz de decir frases como esta, «estamos en el norte, pero no sé si en Badajoz o dónde». Bingo. Este vale, además se llama Ra, y folla todos los días con Vicente, uno de los pretendientes de Sandro, el hijo de Rosa, que le oculta sus devaneos.

Romantiquismo papal. Si te llamas Noelia, tienes 30 años, pero tu mirada está como ida, hablas como flipada, te rodeas de budas y velitas, finges bien que el amor de tu vida puede ser David, el hijo de Rosa —hay dos Rosas, una con hijo homo, otra con hetero—, y dices que en cuanto te pones a pensar te duele la cabeza, y que no quieres encontrar tu yo porque ya tienes otro espíritu dentro, coño, genial, bingo, esta tía también vale. Mucho más si en una sesión de conocimiento interior —hay que decir que Rosa, la madre de David, es vidente—, y al momento de que un médium te toque el corazón tú, es decir, la sin par Noelia, fuera de sí, traspuesta, con los ojos turulatos, empiece a hablar cosas raras, meníala, meníala, meníala. De puta madre. Estás dentro, guapa. Hasta David, el hijo de la vidente, que al tener 30 años ya tiene callos en esto de las imposturas y las idas de olla, dijo haber perdido el hilo y que no entendía nada porque «Noelia ha empezado a decir cosas raras en hebreo, o en budista, o algo, y no había forma». También vale un tal Rafa, un tipo perfecto, es decir, cuerpo de dios y cabeza de mosquito. Dice que le encanta Aviñón porque «es la ciudad del amor y del romantiquismo». ¿Romantiquismo? Bah, pelillos al costal. Pero su amor por Aviñón tiene más explicaciones. «Me encanta porque se ven muchas monjas y muchos papas por las calles». ¿Papas por las calles? A ver guapo, qué un papa para ti. «Pues un papa es el jefe de los curas, el que cría a los curas y es de la religión de los dioses». Lector, lectora de esta columna, ¿a que también vale este zagal? Juan Ignacio Wert estará encantado con esta selección porque ni teniendo todo el oro del mundo mundial esta peña llegará a plantearse máster sí, máster no. Estos no salen a la calle a protestar por el destrozo que está haciendo el ministro en la educación. Otra cosa queda clara. Los concursantes de ¿Quién quiere casarse con mi hijo? van a lo de Luján Argüelles a cualquier cosa, pero no me digas que van buscando pareja.

Divorcios a la vista. Y en este panorama de bodorrios falsarios y sin cuento irrumpe la que menos esperaba uno, Antena 3, que se ha vuelto majara estrenando esta semana Casados a primera vista, un grano purulento en su impecable culito de señora fina que se distingue del puticlub ordinario de Telecinco. ¿Era necesario incrustar en una programación casi impecable algo tan estúpido y necio? Casados a primera vista va de casarte sin conocer, hasta el momento del sí, quiero, a tu pareja. Tres expertos, sexóloga, siquiatra, y sicóloga, hacen las labores de celestino, escudriñan dosieres, y después del test de compatibilidad te buscan tu media naranja. Vamos, que te pueden arruinar la vida si te lo tomas en serio. En la primera entrega casaron al belga Laurent Charles, murcianico de adopción, con Toñi Muñoz, gaditana ella, como su madre, una perla que soltó alguna de las mejores frases de la noche y que vestía como se viste una suegra cuando la llevan de boda a Cancún con la pulserita del todo incluido en la muñeca. De Andalucía no es, dijo la madre de la novia de su yerno, tiene acento de más lejos de Murcia. Hala, si es capaz de decir estas cosas serena, ¿qué no soltará por su boquita un poco piripi? Lo mejor del programa, en el lado de los colegas y familiares, es que te llevan a Cancún por la patilla. Gratis total. Así las cosas, yo, por mis colegas, me-ca-so. Lo bueno de las bodas es que al día siguiente te puedes divorciar. Es lo que ha hecho al cabo de unos años Risto Mejide con Cuatro. Se casó por amor con Viajando con Chester y se ha separado por dinero cuando todos, incluida Cuatro, la suegra, vivían en una balsa. Muerto el marido, repuesto el sitio. Se pensó en un primer momento en casar Viajando con Chester con Mercedes Milá, descartada enseguida por a) estar más quemada que el pito de un mono, y b) encontrar a alguien de verdad con prestigio periodístico, Pepa Bueno. Será un buen matrimonio. Y si no, como en las bodas de arriba, a divorciarse, que la ley aún lo permite. Pero todo se andará para que lo que ha unido la tele no lo separe un divorcio.

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