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Denuncia

El último refugio de la escena

Medio centenar de profesionales valencianos se agrupa en la nueva Academia de las Artes Escénicas de España, «un hilo de esperanza de que todo cambie», afirma la vicepresidenta, Rosángeles Valls

El último refugio de la escena

El último refugio de la escena

­Sindicato de actores, asociación de compañías, observatorio y ahora, una Academia de las Artes Escénicas, la última estructura en el mundo de la escena. Se asemeja en su funcionamiento a la Academia del Cine y es de carácter estatal, aunque el sector valenciano tiene un peso importante desde su constitución (Rodolf Sirera fue uno de sus promotores). Cuenta ya con unos 250 académicos „se ingresa con el aval de tres miembros„, de los que medio centenar son valencianos. Además de Sirera, que es vocal, la coreógrafa Rosángeles Valls (Ananda Dansa) ocupa la vicepresidencia. La creadora describe la situación actual como «muy crítica tras veinte años de aniquilación constante de la cultura en la C. Valenciana». La Academia representa «un hilo de esperanza de que todo puede cambiar».

La organización es un anhelo viejo, que nunca fructificaba. Hasta principios de este año. El primer presidente es el dramaturgo José Luis Alonso de Santos, que presentó ayer la entidad en Valencia al lado de Valls y Sirera. Lo mismo sucedía simultáneamente en Sevilla. Una forma de evitar que sea una academia de Madrid, aunque allí esté el grueso de la profesión, explicó el escritor a Levante-EMV.

Académicos e interesados en la nueva entidad respaldaron el acto en la sala Russafa. Rafael Pla, Álvaro Báguena, Ferran Gadea, Diego Braguinsky, Cristina García, Jaime Pujol, Juanjo Prats, Antoni Tordera o Juan Vicente Martínez Luciano fueron algunos de los que acudieron. La Academia cuenta en su nómina con otros clásicos del teatro, la danza y el circo en la C. Valenciana, como Santiago Sánchez, Manuel Molins, Asun Noales, Yoshua Cienfuegos, Carles Alberola, Juanjo Llorens, Manuel Zuriaga, José Luis Iborra, Leandre Escamilla, Antonio Valero, Carles Alfaro, Carme Portaceli, Jaume Policarpo, Rafa Calatayud o Juli Disla, entre otros.

Estudio, mejora, excelencia, reconocimiento social y hermandad. Son los pilares de la institución, que reclama para la escena «medios apropiados para nuestras tareas». Algo que no se da hoy.

Las autoridades lo imposibilitan, dice el presidente. Y no todo es el IVA cultural del 21 %, cuya incidencia describe con un simil: «Es como si te estás muriendo y te dan dos puñaladas». «Una locura», resume, porque «no lo tiene nadie en el mundo».

En estas condiciones, la pervivencia de producciones de nivel es «un milagro», si bien no extraño en el arte. De nuevo, una metáfora para ilustrar el fenómeno: «Hasta en los campos de concentración se tocaba bien el violín». Alonso de Santos sí pide apoyo a las instituciones públicas para promocionar y defender los espectáculos de calidad, producidos en ocasiones con estructuras pequeñas. «No se trata de dar a todo, sino para que lo bueno se pueda ver».

Mientras tanto, el repunte de la economía no ha alcanzado al teatro y la danza. «No es la cultura donde primero se nota, pero por ahora no se ha producido un aumento de las recaudaciones ni más giras», explica el dramaturgo.

En el pasado, explica, alrededor del 60 % de la economía del teatro procedía del caché en las giras y este ha sido eliminado por los ayuntamientos: «Hoy hay que ir a taquilla con un público con poco dinero y no acostumbrado a pagar».

La Academia ha tropezado en sus primero pasos con el problema catalán, donde algunos plantean una institución propia. Grandes nombres como Josep Maria Pou o Lluís Pasqual sí se han incorporado individualmente. Alonso de Santos enmarca la situación en el problema de encaje de Cataluña en la sociedad española.

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