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¿Se puede pedir más?

Obras de Mendelssohn, Davidowsky y Beethoven

Sala Iturbi. Palau de la Música de Valencia

CUARTETO DE CUERDAS JUILLIARD (Joseph Lin y Ronald Copes, violines, Roger Tapping, viola y Astrid Schween ).

Después del receso de Navidad y Reyes, volvió la actividad a la SFV, con el único concierto en España del veterano Juilliard String Quartet, que esta temporada celebra los 70 años de su fundación. Durante estos siete decenios, sus componentes han ido rotando en los diferentes protagonismos pero siempre manteniendo un excelso rigor en sus conciertos pero también en la selección de obras clásicas, románticas o contemporáneas.

Iniciaron la noche con el Cuarteto nº 2, en la menor, Op.13 de Mendelssohn. Obra de juventud, escrita a los 18 años, pero asombrosamente estructurada y con más de un guiño a Beethoven. Con sólo el arranque de la obra, los JSQ ya dejaron claro que lo suyo iba a ser oro de 18 quilates y no un mero chapado, en el que al menor rasguño, se le descubre el cobre. La ampulosidad de su sonido, el control de las dinámicas y el equilibrio entre las voces fueron el común denominador. Emotivo el Adagio non lento cuya melodía pareció permanecer, ingrávida, en toda la Sala Iturbi.

El compositor norteamericano Mario Davidowsky (Buenos Aires 1934) estudio en su país y con Aaron Copland en EUA. El JSQ estrenó en la SFV su Cuarteto nº 6, Fragments (2016), obra que Davidowsky ha trabajado en la música electroacústica utilizando la electrónica para enriquecer la tradición de la cual procede pero jamás para remplazarla. Fragments es una pieza trabajada en modo mosaico en el que las diferentes partes forman un «todo» donde el gesto, la articulación, e incluso la polifonía, se amalgaman en un reto constante para defender una obra escrita desde el convencimiento y la seriedad.

Finalizaron con el Cuarteto nº 7 en fa mayor, de Beethoven„dedicado al Conde Razumovsky„ y por si había duda en la sala acerca de la maestría para desplegar el texto musical y transformarlo en arte, su aproximación al estilo del maestro de Bonn hizo subir la temperatura de la sala (falta hacía€). Agradecieron las ovaciones y bravos interpretando la Cavatina, del Cuarteto op. 130 de Beethoven, de un modo en el que no se le podía „ni debía„ pedir más.

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