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Entrevista

Ramón Tebar: "Las tradiciones tienen un motivo, pero no siempre obedecen a la intención del autor"

«Verdi y ´La Traviata´ no necesitan ninguna ayuda; por eso llevan casi un siglo y medio en el repertorio », explica el batuta valenciano

Ramón Tebar: "Las tradiciones tienen un motivo, pero no siempre obedecen a la intención del autor"

Ramón Tebar: "Las tradiciones tienen un motivo, pero no siempre obedecen a la intención del autor"

Hoy se pone al frente „musical„ de una de las citas culturales más esperadas del año.

La Traviata y Verdi no necesitan ninguna ayuda; ya es una obra maestra y por eso esta en el repertorio por casi siglo y medio. Aunque para el gran público es interesante tener otro maestro como Valentino, que ha puesto su sello; además, Plácido es un atractivo extra.

¿No hay presión?

Siempre la hay, sea en un teatro pequeño o grande. Lo que en realidad hay es responsablidad, sea en una sala de 300 o 3.000 personas. Como director y músico, uno quiere presentar siempre la máxima calidad. Me gusta acercarme al estilo de Verdi y a lo que pide en su partitura. Siendo La Traviata tan representada, entre las cinco más representadas al año en todo el mundo, la tradición ha dejado posos. Sin embargo, me gusta afrontar la partitura limpia, sin marcas, para intentar descubrir cosas nuevas, entender el significado detrás de la notas. Para ello, intento estudiar los manuscritos. Ahora estuve en Parma y una descendiente de Verdi me obsequió con los facsímiles de los bocetos de La Traviata. Ver como Verdi creó la obra ayuda a dirigir después.

En Les Arts le llega como herencia las batutas de Lorin Maazel y Zubin Mehta, que también se pusieron aquí al frente de «La Traviata».

En esas cosas intento pensar menos (risas) porque cualquier obra que uno hace ha sido tocada por grandes maestros. Cuando uno coge esa obras maestras hay un peso de la tradición; yo intento ir a los orígenes y tratar de entender en qué contexto la escribió Verdi. Me siento más cercano a la fuente. Incluso la tradición ha hecho que la gente espere ciertas cosas y cuando no lo escuchan se pueden extrañar, pero me gusta cuestionar esas tradiciones. Aunque es un honor hacerla después de estos grandes maestros.

Lo suyo con Verdi en Les Arts parece cosa de «la forza del del destino», si me permite el juego de palabras y títulos. Debutó con «Nabucco», siguió con «Aida» y ahora «La Traviata».

Llegué a Les Arts para sustituir a última hora en Nabucco y a Aida ya como invitado principal. Con Verdi y el repertorio italiano empecé muy joven. Compartir el Mediterráneo ayuda a sentirse más cercano a la ópera italiana.

Cada vez es más habitual ver puestas en escenas modernas de obras clásicas. En materia musical, esta «modernización» parece que no tiene lugar.

La música no se puede modernizar, pero hoy en día se sabe que algunos acordes que se han hecho toda la vida ha sido porque los han corregido copistas que pensaban, al ver el manuscrito, que el maestro se había equivocado o interpretaron otra nota. La entrada de Giorgio Germont se toca lento, serio, como anunciando a un padre diabólico, pero Verdi escribió allegro, alegre, son lecturas. ¿Por qué? Las tradiciones tienen un motivo y no siempre obedecen a la intención del compositor. Mi compromiso es intentar quitar polvo y descubrir el motivo.

Entonces, ¿habrá sorpresas?

He quitado algunas tradiciones, aunque muchas el público ni las va a notar. Intento respetar la partitura, pero sin ser tan estricto como uno quisiera. Además, la música es un arte vivo que se hace en el momento y también hay que tener en cuenta los instrumentos con lo que uno cuenta.

¿Cómo ha sido trabajar con Valentino?

Lo conocí en el ensayo general y es encantador, un hombre muy cercano. Esta Traviata va a tener mucho color, no solo de la escenografía, sino también por la música.

Lleva una década en Estados Unidos, pero la madre de la ópera es Europa.

Sin duda. Nosotros llevamos la opera allí y los grandes intérpretes que han dejado huella allí son europeos. La ópera es un arte europeo, pero en EE UU la tienen en muy alta estima, incluso más que en Italia, cuna de la ópera.

El modelo de gestión de los teatros estadounidenses de los europeos también son muy diferentes.

Allí es todo privado y aquí, sobre todo, público. Algunas instituciones, como el Teatro Real, empiezan con estos modelos de financiación pública-privada: un 30 % es privado, otro 30 % público y el resto por taquilla. Una financiación mixta sería lo ideal, sobre todo después de la crisis y ver cómo la ha gestionado el Gobierno. En lo primero que se ha recortado ha sido en el arte porque no está considerado como básico, pero sí lo es proteger nuestra cultura e historia.

¿Qué titulo le gustaría dirigir en Les Arts?

Me gustan compositores como Puccini o Mozart, me gustaría hacer verismo, Otello, Falstaff,... Un artista completo debe abarcar un amplio repertorio. Davide Livermore y yo estamos en la misma línea.

En el plano artístico, ¿qué salto ha encontrado entre la etapa de Helga Schmidt y Livermore?

No sabría decirte porque la etapa de Schmidt no la conocí por dentro. Se me invitó a algún proyecto, pero no llegó a puerto. De Livermore, hay una variedad fantástica y destacan los títulos más desconocidos porque un teatro público tiene la responsabilidad de descubrir obras. Programar es como presentar un menú: cuanto más rico y variado, más nutritivo.

¿Cuál es el estado de salud de la Orquestra de la Comunitat Valenciana?

La orquesta es fantástica, como el Cor, que lo tengo cerca del corazón porque yo empecé en él. No dudaría en decir que son lo mejor de España. Es verdad que han pasado tiempos difíciles, pero Davide (Livermore) ha trabajado mucho para mantener la cohesión en la orquesta. Hace unos años, con las vacas gordas, había cosas más fáciles de hacer. Ahora uno de los méritos de Davide es hacer lo que está haciendo con un presupuesto que ni siquiera es un 20 % de lo que había antes. Un teatro se construye así.

Su nombre está en las quinielas para dirigir la Orquesta de Valencia, una vez abandone Yaron Traub la batuta titular del Palau de la Música...

Yo no juego a las quinielas porque nunca me toca (risas). Es halagador que mi nombre suene. La mejor quiniela es el trabajo y el estudio constante y el crecimiento como artista. Eso lo noto en cada concierto.

¿Qué le ha parecido la salida de Traub del Palau?

A Yaron Traub lo conocí el otro día cuando fuimos con la coproducción El holandés errante. Imagino que para todo hay un periodo. Hay etapas en las que uno siente que debe salir; a veces son los músicos o la Administración los que sienten que tiene que cambiar de rumbo. Las orquestas hablan y hay que escucharlas. Lo que todo director quiere es pasar un periodo suficientemente largo para dejar impronta. Deseo a la OV que tomen un rumbo que les haga crecer.

¿Se plantea ponerse al frente de ella?

Ni siquiera me lo planteo, como no me planteé estar en Les Arts y tampoco he tenido acercamiento oficial de nadie. Sí me han invitado a dirigir, pero no ha habido ninguna conversación al respecto. El Palau de la Música sabe que ahora mismo estoy en Les Arts y que esta es mi segunda temporada de un proyecto de cuatro años. Además, estoy en Miami, Naples y Palm Beach. Por eso no me lo planteo ahora mismo. Primero estoy en Les Arts y en esto me centro ahora; del futuro ya hablaremos. Mi prioridad ahora es Les Arts.

Les Arts, Miami, Naples, Palm Beach, ¿dónde está su casa?

Buena pregunta. Mi casa está donde esté mi batuta. No porque le dé prioridad a la música sobre mi vida personal, para nada. Intento hacer mi calendario para estar con mi familia lo máximo posible. Estar en Valencia es una suerte porque hace 10 años que no venía y es una excusa para estar cerca de mis padres y familia.

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