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De negro riguroso

Obras de Schubert

palau de la música (valència)

Int. Orquesta de Valencia y el pianista Daniel Barenboim. Dirección: Yaron Traub.

Nueva visita valenciana del maestro Daniel Barenboim (Buenos Aires, 1942), ciudad donde se produjo su debut español en 1958. Aun hay aficionados que estuvieron presentes en el Teatro Principal aquella tarde. Casi 60 años después, el gran músico argentino se presentó con una Schubertiade con lleno total en el Palau de la Música.

Llegó con un gran cola Steinway „y su propio técnico„, especialmente construido a su imagen y semejanza, en el que la anchura de las teclas es menor que en los teclados standard, lo cual facilita a pianistas de octavas cortas o dedos gruesos, un mejor recorrido por el teclado. Dicho lo cual, Barenboim dio una nueva lección interpretando 3 de las grandes sonatas del vienés Franz Schubert. Parecería que el sonido obtenido fluyera transparente y prístino como procedente de un instrumento más humanizado y sin interferencias. Pero lo que más atrajo fue la placidez y el distanciamiento con que el pianista se acercó a estos pentagramas y recreándolos sin apenas perturbaciones, aportando un sonido sólido, fruto de una especial técnica de la escuela del gran Vicente Scaramuzza en Buenos Aires, en cuyos estudios se formaron sus colegas Martha Argerich, Bruno Leonardo Gelber, Silvia Kersenbaum, Carmen Piazzini o Enrique Barenboim, padre de Don Daniel.

Para su última presentación, se eliminaron del escenario (loable idea) las tarimas de la orquesta así como de los asientos del coro dejando un loft amplio y desnudo, perfectamente iluminado donde piano y pianista, ambos de negro riguroso, se presentían en igualdad de condiciones.

Baremboim se situó a solo un metro del borde del escenario y con total humildad ante el público que llenó las 1700 butacas de la sala.

A destacar el Tempo giusto del Scherzo de la Sonata D 960 y la holgura del Allegro final interpretada con una velocidad de crucero en la que todo y cada uno de los motivos pudieron escucharse sin interferencias. Hubo, igualmente, densidad sonora en las octavas de la mano izquierda en el primer tiempo de de la Sonata en la menor D. 784 así como en la leggerezza del Allegro Vivace. Todo, producto de haber sabido incorporar, desde joven, unas maneras de interpretar basadas en la adaptación de su propio físico, al instrumento y a la partitura.

Hace diez años, Baremboim llevó un monográfico Beethoven al Palau de les Arts y dio nada menos que 4 propinas. En esta ocasión, aunque el público aplaudió y ovacionó al artista hasta no poder más, nos quedamos con las ganas.

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