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Harina de otro costal

Ciclo Beethoven

palau de la música (valencia)

Programa: Sinfonía número 3, «Heroica». Concierto para piano y orquesta número 4. Orquesta de Valencia. Solis­ta: Alexéi Volodin (piano). Director: Yaron Traub. ­Entrada: Alrededor de 1750 personas (lleno). Fecha: Miércoles, 22 de febrero de 2017

Ya en la recta final del ciclo Beethoven promovido por la Orquesta de Valencia y Yaron Traub, le ha llegado el turno a dos obras cumbres del catálogo del compositor de Bonn: la Sinfonía Heroica y el Cuarto concierto para piano y orquesta, del que ha sido solista el petersburgués Alexéi Volodin (1977), alumno de la gran Eliso Virsaladse y reconocido entre los más relevantes nombres actuales de la escuela rusa de piano.

Volodin se adentró en el más dramático y expresivo concierto beethoveneniano desde un pianismo sin fisuras y armado en sus conocidos medios técnicos, ya aplaudidos en anteriores visitas al Palau de la Música, como las ofrecidas junto al Marinski y Guerguiev (Tercer concierto de Prokófiev; enero 2009) o el recital que protagonizó en marzo de 2012, del que aún se recuerda su espectacular lectura de Petrushka.

Pero Beethoven y su Cuarto concierto son harina de otro costal. Como escribe Joaquín Guzmán en las notas al programa de mano, «en este concierto la intención expresiva está muy por encima del planteamiento virtuosístico». Sus tres movimientos, requieren una inmersión más reflexiva y lírica; más inquietante y trágica. También más indagadora de registros, colores y gradaciones dinámicas. Especialmente en el conciso e insospechado Andante con moto central, donde se esencializan los inéditos hallazgos tímbricos y armónicos y el sentido romántico que convierten a esta obra singular en el primer concierto moderno de la historia.

Volodin ofreció una versión impecable, de tiempos animados y ajena al mundo de fractura, nuevo y romántico, que introduce Beethoven. Ya en los singulares compases iniciales, en los que el piano inaugura en solitario el concierto, se echó de menos un sonido más penetrante y sugestivo, y se olvidó del preciso moderato con el que Beethoven adjetiva el Allegro. Lo mejor de su interpretación llegó en el desenfadado y luminoso rondó final, dicho con ligereza, desparpajo y virtuosismo, bien acompañado por los profesores valencianos y Yaron Traub, cuyas raíces pianísticas asomaron cómplices. Al éxito grande respondió con dos propinas dichas con la premura que ha marcado esta nueva actuación en Valencia. Particularmente en el Impromptu en Sol bemol de Schubert, que ya había tocado en su visita de 2012 y en donde, paradójicamente, lució una seductora línea cantabile.

El notable nivel general que orquesta y director lucen en este ciclo Beethoven se elevó en una Heroica de fuertes contrastes. Traub, que está dirigiendo todas las sinfonías de memoria y prescindiendo del podio, planteó un visión convencional y bien interiorizada; briosa, temperamental y decididamente romántica, con recalada honda y ralentizada («Adagio assai» reclama Beethoven) en la emotiva Marche fúnebre. Deslices puntuales no lograron deslucir una interpretación plagada de destacadas intervenciones solistas y que ya marca uno de los puntos álgidos de este ambicioso integral.

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