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Sin complejos ni ñoñerías

Recital de Xavier Torres (piano).

Palau de la música. sala joaquín rodrigo (valència)

Programa. «Variaciones Goldberg, BWV 988», de Bach

Pocos, muy pocos, son los pianistas que se han adentrado en las Variaciones Goldberg, la monumental obra maestra en la que Bach anticipa el futuro y lleva a sus más avanzadas consecuencias la técnica del teclado y su particular mundo expresivo. Las complejas y variadas exigencias instrumentales, su inmenso caudal artístico y enorme duración convierten su interpretación en acontecimiento en la programación de cualquier auditorio. También en un reto sólo apto para concertistas dotados de una vasta cultura interpretativa y de la más avanzada técnica.

Entre este selecto grupo de solistas figura el valenciano Xavier Torres, nombre propio de la nutrida generación de virtuosos del teclado surgida en la Comunitat Valenciana en las dos últimas décadas. El jueves ofreció su largamente madurada versión de las Goldberg en el Palau de la Música, en la que se impusieron no únicamente «la cultura, técnica, gusto y sensibilidad» de las que acertadamente habla el programa de mano, y que son cualidades imprescindibles para salir airoso del enorme desafío, sino también el control vital, templanza y fortalezas física y anímica que requiere una obra tan eminentemente contrapuntística, que mantiene la máxima intensidad y concentración durante sus más de ochenta ininterrumpidos minutos.

Xavier Torres aunó todas estas cualidades para cuajar una lectura cargada de pulso, nitidez y sentido pianístico. Sin complejos ni ñoñerías, aborda desde el opulento piano moderno una obra concebida en un tiempo -1741- en el que nadie soñaba con él. No es difícil imaginar la fascinación del siempre avanzado Bach si escuchara sus obras maestras para clave en un instrumento tan facultado para desarrollar los colores, registros, dinámicas y transparencias que entraña su música y que de tan modo tan cabal y admirable materializó Torres, quien no duda en considerar las Goldberg «como una de las mayores obras artísticas jamás creadas por el hombre».

Desde la quietud contagiosa del Aria de apertura, que en su maravillosa sencillez nuclear sustenta la treintena de variaciones que completan la obra, hasta su reaparición final, aún más sencilla, aún más quieta y silenciosa, Torres recorrió y desgranó cargado de argumentos el complejo y rico entretejido sonoro bachiano, para dejar asomar sus innumerables detalles y secretos. Por momentos, pudo más el impulso sensible que el cuajado temple, con lo que los tempi se animaban para rozar el vértigo. Pero, con la complicidad del talento, del poderío técnico, de la lucidez y de su honesta condición de servidor de la obra amada, estos brotes de temperamento se tornaron más expresión singularizadora que camino a un caos que nunca llegó. Gran versión.

Después de las Variaciones Goldberg no cabe más que el silencio. Pero el virtuoso de Alberic, generoso ante los aplausos y bravos de un público caluroso y joven en el que abundaban los pianistas y aprendices de pianistas, aún tuvo energías y coraje para ofrecer fuera de programa el primer número de las Escenas de niños de Schumann y el popular Tercer momento musical de Schubert.

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