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Miguel Hernández, una vida marcada por el toro

Miguel Hernández nació el 30 de octubre de 1910 en Orihuela y perteneció al Generación del 27, un conjunto de autores que se agruparon a raíz de un acto cultural celebrado en el Ateneo de Sevilla para homenajear a Luis de Góngora, con la colaboración económica del torero Ignacio Sánchez Mejías que pagó el viaje a muchos de los poetas y los reunió en su Cortijo Pino Montano. El padre de Hernández concluyó la escolarización de su hijo prematuramente y su formación fue autodidacta. El gran poeta se gestó vigilando rebaños de cabras y su afición a los toros fue sentida con la máxima hondura y expresada con emoción transparente. Luis Francisco Esplá, matador de toros y pintor, afirma a Levante-EMV que «Miguel Hernández hubiese sido torista porque es el poeta que mejor define al toro, sobre todo, con ese sentido estético que busca las esencias». Uno de los intelectuales más sugerentes de la historia se inspiró en el toro para componer gran parte de su obra, tema que nunca abandonó como sí ocurrió con el catolicismo influenciado por Ramón Sijé al que dedicó Elegía, uno de los poemas más bellos de la literatura española. Para el diestro alicantino, las claves del dramaturgo «son la inocencia y la ingenuidad porque rompe con una corriente clásica de la poesía».

Tras un desafortunado primer viaje a Madrid, Hernández volvió a la capital con el auto sacramental Quien te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras y Bergamín, director de la revista Cruz y Raya, publicó la obra unos meses después. En una tertulia del mencionado semanario conoce a José María de Cossío y en 1935 empieza a trabajar en la elaboración de la monumental enciclopedia Los toros. El alicantino no acudía con frecuencia a los cosos taurinos porque, además de que no se daban muchos festejos en Orihuela, su economía tampoco se lo permitía pero sí tuvo más contacto con el toro bravo en su hábitat natural donde recopilaba datos para la publicación de Cossío, además de redactar biografías de importantes toreros. Esplá manifiesta que trabajar en la enciclopedia taurina «le dio un conocimiento de aficionado desde la élite ya que en sus obras deja de lado lo popular y lo folclórico de la fiesta taurina».

En su primer libro, Perito en lunas, encontramos dos octavas con temática íntegramente taurina: Toro y Torero. Por otro lado, también podemos ver que en Citación-fatal dedica una elegía a Sánchez Mejías unos días después de su muerte en la plaza de Manzanares. Solo cuando golpea la desgracia -murió su primer hijo a los diez meses de vida-, las personas pueden llegar a comprender cuán difícil es dominar los propios sentimientos y en Orihuela, el polivalente poeta, escribió El torero más valiente, una obra de teatro inspirada en el torero sevillano donde desarrolla la tesis del valor como superación de los miedos. Al escritor alicantino se le condenó a muerte pero Cossío, uno de sus más fieles amigos, junto a «ganaderos importantes como el Conde de la Corte» -según Esplá- conmutaron la pena por otra de treinta años de prisión. Hernández, que murió de tuberculosis en 1942, pudo ser liberado si se retractaba de sus teorías gracias a Cossío pero rechazó el indulto por su firmeza ideológica. La Guerra Civil rompió los lazos de una cultura forjada por un grupo irrepetible, del que uno de sus mayores exponentes es Miguel Hernández.

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