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Entrevista

Leticia Moreno: "La música rusa es mi lengua materna"

La madrileña afincada en València interpreta hoy el «Concierto para violín y orquesta nº 1» de Shostakóvich y la «Sinfonía nº 5» de Chaikovski en el Palau de la Música, junto a la Orquesta Filarmónica de San Petersburgo

Leticia Moreno: "La música rusa es mi lengua materna"

A los 6 años ya tenía claro que quería ser violinista, y cinco años después (a la edad de 11) cumplió su sueño al ser aceptada en la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid. Ese fue el primer epígrafe de un currículum que ha acabado siendo interminable, pues Leticia Moreno (Madrid, 1985) ya es considerada una de las violinistas españolas con más proyección fuera de nuestras fronteras. Ha sido galardonada con el Premio de la Fundación Princesa de Girona -la versión «joven» del Príncipe de Asturias de las Artes- y ha actuado con las principales orquestas de todo el mundo. Vive en València desde hace pocos meses, y hoy acudirá al Palau de la Música para encabezar un programa íntegramente ruso bajo la batuta de Yuri Temirkànov junto a la Orquesta Filarmónica de San Petersburgo.

P Dada su trayectoria y formación, debe sentirse como pez en el agua al interpretar un programa ruso...

R La verdad es que sí. El hecho de haber sido instruida por Mstislav Rostropóvich, y dirigida por maestros rusos me ha hecho sentir un vínculo bastante profundo con la música rusa. La considero mi lengua materna musical. La música eslava es romántica, idealista, expresiva... En ella los sentimientos se llevan al extremo. Además, está muy ligada a la literatura, la pintura o al folclore. Fue una suerte contar con las enseñanzas de Rostropóvich durante sus últimos años de vida. Él fue como un hermano para Shostakóvich.

P Cuyo Concierto para violín y orquesta nº 1 interpretará hoy.

R Sí. Lo he interpretado en diversas ocasiones junto a la Orquesta Filarmónica de San Petersburgo, a razón del disco dedicado a Shostakóvich que fue lanzado al mercado en 2014. A Rostropóvich le debo mi visión de este concierto, así como gran parte de lo que hoy soy como artista.

P Dicen de Shostakóvich que supo describir como nadie el sufrimiento del pueblo ruso en una época especialmente convulsa.

R Él utilizó el momento histórico en el que vivía para sus composiciones. Sus obras acabaron siendo como el diario de una nación entera. Condensó en páginas de música toda aquella angustia, la de no poder expresar su enfado con el sistema que estaba emergiendo. Piensa que Shostakóvich escribió el Concierto para violín y orquesta nº 1 entre 1947 y 1948, en pleno periodo de posguerra. Es como si la historia cobrara vida cada vez que lo interpreto.

P Algo arriesgado en esa época...

R Sí, pero Shostakóvich ya se encargó de dividir su producción musical en dos diferentes lenguajes: el que complacía al régimen, más accesible y en forma de suites de jazz o ballets; y uno más abstracto y complejo que complacía sus aspiraciones artísticas. En realidad, el Concierto para violín y orquesta nº 1 fue escrito en la clandestinidad.

P ¿Investiga la historia que hay detrás de cada composición antes de un concierto?

R Cuando era más joven no sentía esa necesidad. La música ya me lo decía todo. Pero desde hace algunos años procuro investigar sobre el momento histórico en el que se compuso la obra, así como la situación personal que vivía el compositor cuando la creó. Me ayuda a la hora de salir al escenario, ya que me da más puntos de apoyo para inspirarme. Muchas veces me he puesto a investigar y he confirmado lo que me contaba la obra. La música transmite mucha información al subconsciente humano.

P Su carrera comenzó a una edad muy temprana. ¿Cómo recuerda esos años?

R Fue una etapa muy bonita. Mis padres estaban interesados en que me instruyera en las artes, así que desde los 3 años iba a clases de ballet, manualidades o violín. El instrumento acabó convirtiéndose en el centro de mi vida a los 11 años, cuando mi carrera despegó al ingresar Escuela Superior de Música Reina Sofía. Mi padres no eran músicos, así que estábamos nadando en aguas que no conocíamos.

P Debió ser duro...

R El mundo de la música es muy absorbente. Pronto tuve la oportunidad de participar en conciertos internacionales, pero no por ello debía dejar de lado mis estudios. A los 22 años acabé mi titulación en la Guildhall School of Music and Drama de Londres, donde por cierto, coincidí con el actor Orlando Bloom.

P ¿Qué le queda por hacer a una violinista que ha los 31 años parece haber logrado ya casi todo?

R El violín es parte de mí, pero lo cierto es que no me da miedo tomar un camino diferente. Estoy bastante concentrada en la causa humanitaria, con el proyecto «Músicos por UNICEF», a través del cual varios intérpretes donamos nuestra música para destinarla a otros proyectos en materia de supervivencia infantil o educación.

P El año pasado decidió mudarse a València junto a su familia

R Siempre he estado muy vinculada a la Comunitat Valenciana, porque pasé muchos veranos aquí junto a mi familia. Nos mudamos el pasado mes de agosto. Es idílico. Vivo junto a un campo de naranjos (ríe). La cultura musical está muy ligada a la identidad valenciana, lo noto en la gente de la calle.

P De modo que el traslado ha sido un acierto.

R A València le debo mucho. De hecho, aquí fue donde conocí a Rostropóvich, el mentor que marcó mi carrera.

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