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¡No se la pierdan!

'Werther' | Palau de les Arts

¡No se la pierdan!

Ópera en cuatro actos de Jules Massenet, basada en la novela 'Los sufrimientos del joven Werther', de Goethe. Int. Jean-François Borras (Werther), Anna-Caterina Antonacci (Charlotte), Michael Borth (Albert), Helena Orcoyen (Sophie), Alejandro López (Magistrado), etcétera.

Producción: Coproducción Palau de les Arts y Opéra de Monte-Carlo. Dirección de escena: Jean-Louis Grinda. Escenografía y vestuario: Rudy Sabounghi. Orquesta de la Comunitat Valenciana.

Dirección musical: Henrik Nánási. Entrada: Alrededor de 1100 personas. Fecha: Sábado, 20 de mayo de 2017 (se repite los días 23, 26, 28 y 31 de mayo).

El estreno de la ópera Werther, el sábado, en el Palau de les Arts, ha supuesto una de las veladas de mayor calado musical y emocional de la época Livermore. Determinadas lagunas del reparto vocal y cuestionables detalles escénicos no lograron enturbiar el elevado nivel de la función. La presencia en el foso del director húngaro Henrik Nánási (1975), y de un tenor tan idóneo como el francés Jean-François Borras en el papel titular fueron los pilares de tan estupenda noche de ópera, a cuyo éxito también contribuyó la entregada prestación de la crecida Orquesta de la Comunitat Valenciana, que volvió a mostrar lo estupendamente que puede sonar cuando es regida por una batuta de fuste.

Desde los primeros compases del breve preludio se percibió la entidad orquestal de la función. Nánási, director musical de la Komische Oper de Berlín desde 2012 y una de las más codiciadas batutas actuales, ya convenció a todos en sus anteriores visitas a València con Macbeth y El castillo del duque Barbazul. Ahora, en esta nueva producción de Werther, ha revalidado su solvencia y versatilidad y ha vuelto a convertir a la OCV en lo que fue, recuperando su sonido rico, empastado, dúctil, flexible, y de controladas dinámicas, salvo en momentos concretos en los que los excesivos decibelios parecían olvidar que sobre el escenario había voces que para llegar al público tenían que traspasar el acústicamente brillante foso del Palau de les Arts.

Fue éste quizá el único pero a una prestación orquestal de primer orden. Nánási, sin duda el mejor director que ha pisado el Palau de les Arts en bastante tiempo, envolvió de sensualidad y suntuosidad sinfónica la gran ópera de Massenet y cuidó su intenso y apasionado melodismo. Mimó las voces con complicidad -salvo en los momentos ya apuntados- y se mostró decididamente implicado con la escena. En sus manos, drama y música -Goethe y Massenet- discurrieron intensa y unívocamente fusionados.

Tampoco debutaba en la escena valenciana el monegasco Jean-Louis Grinda, que ha concebido Werther como un sueño del protagonista, hábilmente reflejado y proyectado en espejos. Todo funciona sin alardes pero con eficacia, estratificando bien el curso dramático hacía su terrible desenlace. Detalles tan kitsch como las ridículas alas con las que aparecen vulgarizados los niños-angelitos son perfectamente prescindibles. Tampoco es de nota el movimiento escénico, obvio, rutinario y exento de destellos. Ni aspectos tan poco logrados como la irrupción de paseantes o la colocación sin ton ni son de mobiliario -sillas y sillones- en la escena. La insistencia en nevadas y los consecuentes paisajes nevados se antoja recurso fácil, que parece empeñado en establecer un innecesario paralelismo con Yevgueni Oneguin. Estupendas la realización y concepción de proyecciones, particularmente la desesperada carrera de Charlotte para evitar el suicidio de Werther. Con sus pros y contras, el trabajo escénico narra la acción con claridad y sin sobresaltos.

Vocalmente, únicamente cabe destacar la estupenda creación wertheriana del tenor francés Jean-François Borras, una voz en la línea de los tenores lírico-ligeros, que enfatiza el aspecto más enfermizo y mórbido del personaje. Borras se inscribe en la línea de wertheres tan referenciales como Thill, Schipa o Kraus. En la expresión, el fraseo, el uso bien calibrado y en su justa medida de algo tan esencial en el universo vocal massenetiano como la mezza voce, los reguladores dinámicos, el muy bien controlado fiato, la belleza vocal en sí misma? Todo afloró con singular fuerza en sus grandes momentos, especialmente en el aria Porquoi me réveiller. En ocasiones, y como siempre pasaba con Kraus, parecía que cantaba el propio Werther.

La admirada y veterana Anna-Caterina Antonacci (Ferrara, 1961) no atraviesa su mejor momento. Dista de ser la Charlotte ideal. Su madera de artista, tablas y sabiduría vocal no lograron solventar las exigencias de un rol inadecuado para su tipología vocal y momento de su carrera. Se esforzó y volcó en el personaje, al que, como gran profesional, trató de sacarle máximo partido. Pasó apuros en su gran aria de las lágrimas y en los cuatro dúos -uno por acto- con Werther. Alcanzó a salvar su papel con discreción gracias al oficio y al temple de la gran artista que ha sido y siempre será. Correctos y bien cantados el Albert de Michael Borth y la Sophie de Helena Orcoyen, así como el resto de papeles y papelitos que completan reparto, casi todos ellos desempeñados por miembros del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo. Particular aplauso para los niños-cantantes que completaron la escena y los del coro interno. Como casi siempre que se programa un título que no es sota, caballo y rey (Traviata, Bohème, Carmen y no muchas más), el Palau de les Arts distó bastante de completar su aforo. Una lástima, porque este Werther es de los que crean adicción a la ópera. ¡No se la pierdan!

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