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Crítica musical

'¡Sí senyor!' ¡No señor!

Obras de Verdi, Rimski-Kórsakov, Rossini, Saint-Saëns, Massenet, Puccini y Bizet

palau de la música (valència)

CONCIERTO LÍRICO. Solistas: Marianna Mappa (soprano), María Volgina (mezzosoprano), Matheus Pompeu (tenor). Orfeó Universitari de València. Orquesta de València. Director: Francisco Valero Terribas. Lugar: Palau de la Música. Entra­da: Alre­de­dor de 1.500 perso­nas. Fe­cha: Viernes, 29 septiembre 2017.

Sí senyor!». Con estas dos palabras rotundamente dichas para sí mismo, sintetizó y sentenció el señor entrado en años que tenía el crítico sentado a su derecha su aprobación a la sentida y bien cantada «Che gélida manina» de La Bohème de Puccini que acababa de interpretar el tenor brasileño Matheus Pompeu. Fue, efectivamente, uno de los mejores momentos de un concierto en el que casi todo salió redondo. Los tres cantantes solistas, miembros del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo, el Orfeó Universitari de València y la Orquesta de València cuajaron una amena velada lírica, bien gobernada desde el podio por el joven director valenciano Francisco Valero Terribas, un nombre a considerar que demostró talento, maneras y finas sensibilidades. También una memoria a lo Gómez Martínez, al dirigir casi todo el concierto sin partituras sobre el atril.

Ya en la nada fácil obertura de La forza del destino que abrió el programa se constató la valía de su batuta. Una versión con drama, claridad, aire, calidad y hábilmente articulada. Inmediatamente después llegó la grata sorpresa de la primera aparición de Matheus Pompeu, que derrochó su brillante, matizada, afinada y regulada voz de auténtico tenor lírico en el gran aria de Luisa Miller que entona el otro gran Rodolfo de la lírica en el segundo acto. Valiosa se mostró igualmente la voz de la mezzosoprano moscovita María Volgina, cuya actuación comenzó con una palpitante recreación del aria Net bit ne mojet de La novia del zar, de Rimski-Kórsakov, para culminarla convirtiéndose en una sensible y dolida Charlotte del Werther massenetiano dicha a lo grande y a la rusa, en plan Obraztsova, es decir, ¡maravillosa!

A otro nivel, aunque dentro de la notabilidad general de la tarde, se escuchó la voz de la soprano italiana Marianna Mappa, que se metió en los arriesgados entresijos de la temible aria belcantista Bel raggio lusinghier de Semiramide de Rossini. Logró salir airosa pese a evidentes tiranteces, un incipiente e incómodo vibrato y un canto que ganaría enteros si cuidara más y mejor dinámicas, mezza voce y legato. Luego, en su segunda intervención, cometió el error de abordar un aria tan inapropiada a su vocalidad como el dramático Vissi d´arte de Tosca. La Callas hizo las mismas cosas, pero era la Callas, y pese a ello, acabó como acabó: con la voz hecha unos zorros cuando apenas había cumplido los cuarenta.

También coprotagonista de esta mal y catetamente llamada «Gala lírica» -nada de gala y mucho de popular tenía- ha sido el joven y veterano Orfeó Universitari de València, que lució su entusiasmo y disciplina en coros de Verdi (Macbeth y Aida) y Bizet (Carmen). La Orquesta de València tuvo un día feliz que ni siquiera alguna trompeta (Aida) pudo desgraciar. Bien trabajada por Valero Terribas, lució un sonido abierto, calibrado y de calidad. Algunos solistas -como el oboe Roberto Turlo, cuyo canto perfecto casi casi hace aparecer una cobra bailonga en la exótica Bacanal de Samson y Dalila, o el viola Santiago Canto y el violonchelista Iván Balaguer -ambos en el célebre Intermezzo de Manon Lescaut-, personalizan tan notable actuación de la OV. El programa de mano no contenía comentarios ni tampoco los textos de las arias cantadas. Ni siquiera se ofrecieron sobretítulos. ¿Acaso los responsables de esta «gala» de entradas regaladas piensan que tan popular público no merece tales lujos? ¡No señor!

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