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Entrevista

Fran Perea: "La fama de la tele me ha abierto puertas, y me ha cerrado otras"

«La obra reflexiona sobre la necesidad de saber decir no y acotar las parcelas de tu privacidad»

Tras la fama que le proporcionó la música y la televisión, Fran Perea (Málaga, 1978) ha encauzado su carrera hacia el teatro, donde ejerce de director, productor e intérprete. Estas dos últimas funciones las ejerce en «El ciclista utópico», una comedia negra de Alberto de Casso, ganadora del Premio de Literatura Dramática Fundación Teatro Calderón de Valladolid en 2014, que dirige Yayo Cáceres y que Perea protagoniza junto a Fernando Soto. La obra permanecerá en el Talia hasta el domingo.

P ¿Cómo llega a «El ciclista utópico»?

R El texto me llega de mano de Emilia Yagües. Emilia nos ofreció entrar en el proyecto, me gustó y vi que iba muy bien con la idea de teatro que en la compañía Feelgood nos gusta como espectadores: una comedia negra, bien escrita, con buenos mimbres y que genera una reflexión interesante.

P ¿Más comedia o «thriller»?

R Depende del día, de la función y del lugar. Hay días en el que el público está más en la risa y otros en la tensión de la evolución de las escenas.

P He leído algún comentario sobre la obra diciendo que intentan jugar con la moral del espectador, haciendo que se ría por cosas por las que no debería hacerlo.

R Por lo que nos dicen los espectadores, la función tiene por un lado el me río, pero de qué me río. Y por otro que la gente se identifica con los personajes. Eso demuestra que la gente está atenta y que la obra cumple con su objetivo de incomodar un poco.

P ¿Qué encontrará el espectador que vaya a veros al Talia?

R La obra trata de dos personajes que se encuentran fortuitamente tras un accidente, uno lleva un coche y otro una bicicleta, no pasa nada grave pero a partir de eso se desarrolla una historia interesante... Son dos personajes antagónicos, uno es un maestro urbanita asentado en el campo con los esquemas de su vida claros, y otro es lo contrario, está instaurado en el caos. Dos personajes que en ninguna circunstancia se hubieran hecho amigos, pero por el accidente lo hacen.

P Es decir, habla de los peligros de introducir a un desconocido en tu vida...

R Sí, ahora me viene a la cabeza películas como «Giro al infierno», o «El vecino de al lado»... A veces nos pasa que nos hacemos amigos de alguien con los que no tenemos nada en común y que de alguna manera después nos arrepentimos. La función reflexiona sobre eso, sobre que a veces hay que decir que no, poner límites, acotar tus parcelas privadas.

P ¿Echa de menos su etapa de estrella del pop y de la televisión, la de vender millones de discos y aparecer en prime time?

R No, creo que hay un tiempo para cada cosa. Me gusta trabajar en lo de ahora. Si el «prime time» es interesante, se hace, pero no me obsesiona. Me gusta compaginar trabajos. El «boom» a mí me llegó una vez y otros no lo consiguen en toda su vida, pero siguen trabajando. No hay que obsesionarse. El mensaje que hay que lanzar es que lo importante es trabajar y desarrollarte dentro de tu profesión.

P ¿Y ese «boom» que tuvo usted le beneficia o le perjudica en la actualidad?

R Hay una parte que viene muy bien porque abre muchas puertas, y otra que cierra puertas. Es como un medicamento que puede curar el dolor de cabeza pero al mismo tiempo joderte el hígado. Se trata de buscar el equilibrio y de tener las herramientas para poder seguir desarrollando tu trabajo de forma lo más independiente posible.

P ¿Y la música, la tiene ya abandonada o piensas volver?

R De hecho, la música de la función la he compuesto yo junto al director, y también la de la obra que dirijo en Madrid. La música me sigue acompañando, pero hace tiempo que no hago conciertos ni saco un disco. Ni puedo ni pretendo hacerlo todo. En 2012 hice la última gira, y desde entonces he dedicado casi todo mi tiempo a levantar la compañía de teatro. Pero tengo ganas de volver a tocar.

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