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Con cuerpo y ánima

Obras de Stravinsky, Beethoven y Prokofiev | P. Música

Con cuerpo y ánima

Con cuerpo y ánima

Sociedad Filarmónica de Valencia

Intérpretes: Leonard Elschenbroich, cello y Alexei Grynyuk, piano

Gran debut en España del joven chelista alemán Leonard Elschenbroich (Frankfurt, 1985), asistido, a piano abierto, por el pianista ucraniano Alexei Grynuk. Lo primero que atrapa al escuchar su cello, un Goffriller veneciano de 1693, es la amplitud del sonido y la calidez de su textura, lo cual prende ipso facto al oyente. Inició el concierto con la «Suite Italiana» de Stravinsky, escrita a partir del ballet Polichinella del mismo autor. El cellista alemán dejó patente, desde el inicio, calidad y cualidad de su técnica así como el concepto impuesto para este mosaico con el que Stravinsky desarrolla su estilo neoclásico con el que revuelve los diferentes ritmos originales. El endiablado Scherzino fue defendido con vigor mas sin rudeza y la Gavotta se convirtió en un inspirado baile cantado, siempre con el soporte de Alexei Grynuk, un pianista de fuste, atento y en complicidad con su compañero. El compositor ruso, quien mantuvo una predilección por los géneros de la época, incluyó una Tarantella en esta suite, de igual manera que en otros momentos de su vida compuso un pasodoble, un tango o un rag-time. Ambos artistas le dieron cuerpo y ánima. De las cinco sonatas originales para cello y piano escritas por Beethoven, Elschenbroich programó las nº 3 y 4. La primera es, quizás, la más hermosa de todas. La suya fue una versión respirada y declamada sin que faltara la energía sobrada en los Allegro vivace ni la delicadeza el Adagio cantabile. Solo un pianista de la capacidad de Grynuk es capaz de ofrecer una versión como la escuchada porque cuando desaparece su sonido, permanece la esencia.

En lugar de la programada sonata de Strauss, escuchamos la Op. 119, de Prokofiev, un músico poco habitual en nuestras salas y cuyo personalísimo lenguaje, entre ácido y geométrico se adivina nada más empezar la obra. El cellista de Frankfurt y el pianista de Ucrania se crecieron en su interpretación que ratificó, a pesar de la juventud, su enorme nivel de músicos y de artistas. El público de la SFV fue entrando, poco a poco, en la exquisitez del concierto y a sus aplausos, Elschenbroich y Grynuk ofrecieron el Tercer movimiento de la Sonata Op. 19, de Rachmaninoff, cuyo perfume armónico aún debe permanecer en la Sala Iturbi. Igual que las ovaciones y bravos.

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